miércoles, 17 de junio de 2015

Buenos amigos



Geeorge Bush con "su amigo" Cara'e Piña Noriega



La noticia causó alarma y confusión. Pocos entendían qué estaba sucediendo. Diosdado Cabello se reunió con Thomas Shannon, el hombre que según diversas fuentes noticiosas, vino a pedirles a Nicolás Maduro y a Delcy Rodríguez su entrega por cargos de narcotráfico. Las mismas fuentes periodísticas revelaban que el Emir de Qatar también había venido en representación de los socios árabes de la OPEP y el mismo Barack Obama a pedir la cabeza del Presidente de la AN, sus presuntos cómplices del supuesto cartel de los Soles y de Tarek el Aissami. El mundo quedó perplejo por unos pocos días.




Primero, el teniente que “Dios nos dio” apareció en Brasil sonriente en unas fotos con Lula da Silva (no una gran sorpresa tomando en cuenta la multiplicidad de acusaciones de corrupción en contra del ex presidente brasileño y sus allegados). Luego, abrazado con Dilma Rousseff (lo que tampoco sorprende pues son conocidos los señalamientos también por corrupción a su gobierno). La historia oficial fue que dizque se trataba de un viaje para la contratación en materia de medicamentos y alimentos.



Sí causaron  extrañeza dos hechos: el capitán, teniente y general Cabello salió de Venezuela sin que le pusieran los ganchos, como tantos habían predicho; y lo más insólito, según la versión oficial, su viaje era en funciones propias del Ejecutivo y no del Legislativo. Es absolutamente anormal que el presidente de un parlamento vaya a discutir contrataciones, dentro o fuera del país, como si fuera el Presidente de la República (¿será que lo es?) o uno de sus ministros. ¿Quién dijo que en Venezuela no hay separación de poderes?



A los dos días reapareció el hombre en Haití, al lado del Presidente de ese país, Delcy Rodríguez y Thomas Shannon. El misterio comenzaba a dilucidarse. El régimen informaba que el Presidente de la AN iba acompañado de la Cancillera para tratar el tema de las maltrechas relaciones entre Venezuela y EEUU. Aparentemente, el señor Martelly, presidente haitiano, había intercedido ante Washington para que se diera el encuentro. Pero nuevamente nos encontrábamos ante la usurpación de atribuciones propias del Poder Ejecutivo y ajenas al Poder Legislativo (que en justicia hay que decir, el de Venezuela hace de todo -desde ordenar y propinar golpizas a opositores hasta opinar sobre riñas entre actores de televisión, cacerolazos a esposas de locutores y críticas de fútbol- menos legislar), puesto que las relaciones internacionales son atribución del Presidente de la República y de la Cancillería.



Para algunos se hizo claro que lo de Brasil había sido un “toque técnico” para solicitarle a Rousseff que interpusiera sus buenos oficios ante el gobierno norteamericano para concertar la entrevista con Shannon. Un movimiento sensato, ya que el gobierno de Obama tiene gran interés en remendar sus relaciones con el gigante del Sur desde que fue cogido en flagrancia haciendo espionaje cibernético al gobierno de Brasilia.



Lo cierto es el encuentro entre el jefe chavista supuestamente investigado por el gobierno y fiscalías federales estadounidenses, y el representante del Departamento de Estado, provocó reacciones vigorosas de líderes del partido Republicano norteamericano, y de la oposición y la disidencia venezolanas. El senador y precandidato presidencial Marco Rubio solicitó de inmediato una interpelación del Senado de EEUU al señor Shannon y exigió explicaciones de la Casa Blanca, a la que acusó de enviar señales confusas con respecto a las relaciones con el régimen “narcotraficante” venezolano, al tener reuniones con un funcionario “investigado por narcoterrorismo”.



Al día siguiente salieron a relucir informaciones que aclararon -aunque también complicaron- más el panorama. Según algunos portales web, el “señor” Cabello no fue invitado y le cayó de sorpresa al gringo. Dicen las mismas fuentes que Diosdado fue a hacerle saber a los yankees que nada, ninguna negociación se hará con Venezuela sin el visto bueno y aprobación del Presidente de la AN, es decir, a aclararles quién es “el toro que más mea” en Venezuela: Diosdado Cabello.



Nadie duda que Cabello le haya mencionado a míster Shannon algo que el mismo funcionario del State Department (del cual también depende la CIA) seguramente sabe mejor que el mismo teniente bananero: que tiene bajo su control el sector militar del país. Y digo “seguramente sabe” porque –apartando a sus agentes de campo- el flujo de inteligencia e información proveniente de desertores y potenciales desertores del chavismo le debe haber dado a los gringos una visión más fría y fiel que la del propio Diosdado acerca de su verdadero poder –que lo tiene, no se cuestiona, pero posiblemente en magnitud distinta a la que él imagina-.



Si la información de que Cabello se coleó de arrocero en la fiesta es cierta, entonces, una vez más, puso de manifiesto su infinita brutalidad. Los gringos no toman bien esas violaciones arrogantes de protocolo –son de la escuela inglesa de diplomacia- y menos toleran la extorsión (lo que sería en definitiva el planteamiento de –según afirma ahora el senador Rubio- un “investigado por narcotráfico” por los servicios de seguridad y las fiscalías de EEUU).



Si la información es falsa, tampoco se le puede augurar buen futuro a la audaz maniobra de Diosdado. En cualquiera de los dos supuestos –con o sin repondez s'il vous plait- es claro que el hombre que se disfrazó de enfermera en una ambulancia el 11-A-02 fue a advertirles a los gringos que no iba a rendirse tan fácilmente, si los cubanos le ordenaban a su Virrey cucuteño su entrega, como es casi seguro que harán atendiendo a los deseos de Obama en la luna de miel. Y como se ha dicho, a los catires del Norte no les gustan mucho esas presiones (recuerden las amenazas de Noriega, Saddam, Osama y Khadafi, por ejemplo).



Además, los gringos no son gente que juega limpio. Ellos por ejemplo, no son muy honorables en peleas callejeras, me consta, viví allá. No tienen empacho en caerle en cayapa y con armas a un solo hombre desarmado en una riña de bar. Jamás tendrán la caballerosidad de un malandro venezolano que pelea frente a frente en igualdad de condiciones, sin ayuda de sus amigotes.

El Enviado Especial y luego Consejero Nacional de Seguridad Donald Rumsfeld con Saddam Hussein



Incluso, no respetan mucho a “sus amigos”, ni siquiera en honor a los buenos tiempos. Saddam Hussein fue “su amigo” circunstancial luego de que la revolución iraní depusiera al pitiyanqui Shá Rheza Palevi, de que los islamistas shiítas se montaran en el poder y tomaran la Embajada de EEUU, secuestrando durante meses a toda la delegación. En la sangrienta guerra Irak-Irán, los estadounidenses y la CIA jugaron un importante papel de apoyo militar y de inteligencia para “su amigo” Saddam, con quién compartían enemigo común: Irán. “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”, principio de diplomacia estadounidense patente en su respaldo a dictaduras latinoamericanas asesinas de derecha en tiempos no muy remotos. “Su amigo”, el muyajedín Osama Bin Laden, antes de que le cambiaran el turbante de héroe por el de terrorista, fue agente de la CIA en la guerra de Afganistán, contra los soviéticos. Y Manuel Antonio Noriega fue también “amigo consentido” de la CIA cuando le pasaba la droga requerida para levantar los reales para financiar a los Contras entrenados en El Salvador que atacarían al gobierno sandinista de Nicaragua, en el famoso caso Irán-Contras, por medio de la venta de armas a través de la CIA a Irán, durante la presidencia de Ronald Reagan. Noriega fue “su amigo” hasta que se asoció con Fidel Castro para enviar droga a EEUU. Como verán, a juzgar por la suerte final de esos tres "amigos", no se puede decir que los gringos respetan mucho “la amistad”.

El Enviado Especial y luego Consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Bzrezinski con Osama Bin Laden en Afganistán



¿Entonces qué queda para los enemigos de los implacables e inescrupulosos gringos?






Bueno, primero consideremos que sí, Diosdado tuvo el encuentro con Shannon para “tender puentes” (en realidad para pedir cacao e intentar detener los procesos en su contra, si son ciertas las informaciones sobre los mismos), pero es interesante y notorio que las fotos con el gringo no son como las que se tomó con Dilma y Lula: trabados en apasionados abrazos. Lejos de eso, en ellas siempre estaba atravesado de por medio el Presidente de Haití con los dientes pelados y los brazos extendidos sobre los hombros de los protagonistas, no sabemos si riendo o haciendo un esfuerzo para que el  musiú no saliera corriendo. Ni en una sola oportunidad vimos la infaltable foto del reglamentario apretón de manos tradicional entre negociadores. No es descartable que el joven de anteojos también presente en las imágenes fuera el referee del encuentro. (Créame amigo lector, estos detalles son de mucha importancia en diplomacia, como lo saben muy bien los semiólogos).



Lo anterior hace presumir que no son tan amigos, por los momentos. Y si es cierto que Diosdado agarró fuera de base a Shannon creándole un problema a la administración de Obama que ahora debe dar explicaciones a los republicanos del Senado, podemos pensar que está más cercano a la categoría de enemigo. La cual se vería formidablemente agravada si son ciertas las noticias de que los órganos de seguridad y fiscalías estadounidenses lo están investigando por narcoterrorismo, como sostiene Marco Rubio “que sí sabe de cabello porque es su especialidad” . Digamos que a los gringos no les gustan mucho los tipos que les venden drogas a sus muchachos, lavan dólares en sus bancos y colaboran con los que les tumban rascacielos con aviones repletos de pasajeros secuestrados. Y ni hablar de los franceses y otros de sus aliados que están hartos de que les metan toneladas de drogas en sus territorios en maletas traídas en vuelos provenientes de Maiquetía, y de que los islamistas les maten hasta niños en las escuelas y caricaturistas en sus escritorios.



Pero si no son ciertas esas informaciones, entonces somos testigos del nacimiento de una “bella amistad”. En ese caso, las noticias serían peores para el teniente Cabello, pues ya hemos visto lo que los gringos malucos hacen con “sus amigos” cuando dejan de serles útiles.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe


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