martes, 30 de junio de 2015

Ánimas en el plano astral





3.162.400 militantes del PSUV votaron en las primarias de ese partido. Por lo menos eso es lo que dicen la oficina de asuntos electorales de esa agrupación que detenta el poder en Venezuela, conocida como CNE, y Diosdado Cabello, “el más buscado”, según la revista Newsweek. Y es posible que sea cierto, si es que los centros de votación están en Mercal, PDVAL, Abastos Bicentenario, Farmatodo, Excelsior Gama, Central Madeirense y demás mercados, supermercados, farmacias, abastos y bodegas del país; únicos sitios en los que se veía gente haciendo interminables colas el día de las elecciones internas.

Pero si los centros de votación estaban en otros lugares, entonces debemos concluir que los electores, que según afirma VTV (apoyada en imágenes de otros años) acudieron masivamente, lo hicieron en el plano astral pues, después de la colas para comprar comida y medicinas en todo el país, lo más conspicuo fue el vacío de los centros electorales: solamente ánimas –seguramente en pena- fueron a votar por sus candidatos a la AN. Ánimas que nadie vio; sólo los médiums del régimen.

Aunque me inclino a pensar que ni las ánimas votaron. No sé si es el escepticismo crónico que me impide creer en lo sobrenatural -ya que prefiero las explicaciones simples que provee la ciencia o los misterios sin respuesta como la “Sincronicidad” de Jung- lo que me hace pensar que ni los chavistas más fanáticos votaron motu proprio, y que si algunos pelagatos y huelefritos estaban sufragando, lo hacían a punta del fusil demócrata socialista humanista revolucionario que los amenazaba con quitarles la chamba, la misión o la pensión si no lo hacían. Caso de los empleados públicos, que denunciaron amenazas de perder sus empleos si no iban a votar, pisados por la bota milica.

La teoría de la falta de participación en estas primarias se presenta aún más plausible a la luz de las declaraciones del “genio” Nicolás Maduro. Sin pudor –o sin consciencia, que es más probable- confesó que controla el CNE y tiene acceso privilegiado a su base de datos. Y más grave todavía, confesó que la militancia se resistía a votar: “yo sé quiénes no votan”, dijo en pleno proceso, sin duda, en un esfuerzo desesperado para que la gente se movilizara. Él sabrá quiénes no votan, pero el pueblo ya sabe con quién se limpia a falta de papel tualé. Y nadie fue.

Anormal hubiera sido que alguien fuera a votar en esta tragedia que vive el país provocada por esa mentira criminal llamada “chavismo”. Por fin, luego de 16 años, el pueblo se percató de que no solamente había sido vilmente engañado por el choro eterno y su legado –hablemos claro, Nicolás y la banda de hampones que lo acompaña, el mismo equipo que gobernó con el sociópata de Sabaneta, son “el legado de Chávez”-, sino que le habían saqueado hasta el último céntimo, lo habían dejado sin comida ni medicinas, habían escondido el botín en Andorra, Suiza y Panamá, y le habían montado una deuda externa que esclavizará a su descendencia por muchas generaciones.

Fueron necesarios planazos, humillaciones, marcaje con tinta cual cerdos en mataderos, racionamiento, hambre, inflación asfixiante y muertes por falta de medicinas para darse cuenta del fraude que es el socialismo del siglo XXI. El pueblo aprendió con el estómago, el orgullo y el lomo que simplemente fue usado para atornillar una dictadura narcochora humanista y ser dominado.

De nada sirvieron otras amenazas de un destemplado Nicolás: “si fracasara la revolución y el imperialismo ganara la AN vendrán tiempos de masacre y muerte […] si la derecha gana la AN habrá un estallido social, el pueblo no se dejará robar su revolución y yo seré el primero en lanzarme a la calle con el pueblo”. Poco le importó –si es que lo pensó, cosa que dudo- que tales amenazas, además de violatorias de la Constitución y las leyes, eran derrotistas y la admisión de que 16 años de dictadura condujeron al más rotundo fracaso, y de que se sentía perdido. Y por cierto, llama la atención que pensara que el pueblo no se dejaría “robar su revolución” pero sí los bolsillos por parte de los malandros revolucionarios humanistas en el poder.

Sinceramente, opino que Nicolás no debe esperar y perder un tiempo precioso. No es necesario que llegue al 6 de diciembre para lanzarse a la calle con ese pueblo que seguramente tendrá que traerse de Cuba y Nicaragua, porque aquí “¡no hay!”, no lo tiene. La debacle del chavismo hecha patente ayer con los 3.162.400 votos, que seguramente vienen del mismo sitio que las 10 “millonas” de firmas que le presentaron a Obama y los 7.500.000 de votos con que ganó las presidenciales de 2013, en palabras de Diosdado Cabello, “presagia lo que sucederá el 6D”: la muerte anunciada del chavismo.

¿Saldrá del poder el chavismo el 6D? Seguramente no. Es probable que se aferre aún más al poder ilegítimamente a cualquier precio, por algún tiempo más bien breve. Será capaz de lo peor, sencillamente, porque es lo peor que la especie humana tiene que ofrecer. No arriesgaran libertad, enormes riquezas y quién sabe si la vida entregando el poder por la vía electoral. Continuarán con sus planes de fraude como lo han hecho desde 2004, por lo menos. Seguirán por ese camino suicida que siempre les señaló su líder autodestructivo desde que se agruparon como secta. E intentarán llevarse con ellos el país junto con el que caen por el despeñadero de la historia y el abismo económico hacia la total destrucción. En un rito de suicidio colectivo que ya se inició, intentarán la muerte de todos. Pero aunque los hombres y los movimientos políticos mueren, los países no. Y Venezuela quedará para recordarle al mundo con sus cicatrices, después de la recuperación –que no quepa duda, ocurrirá- que los pueblos siempre se equivocan, en especial, cuando sucumben a las tentaciones del populismo analfabeta y delictual.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


sábado, 27 de junio de 2015

La Catira (Artículo de Paulette Cécile Silva Beauregard)

Esta es la primera vez que introduzco en este blog un escrito de otro autor como entrada. Se trata de un artículo de mi querida hermana, profesora Paulette Cécile Silva Beauregard, que considero de gran pertinencia en la actualidad:

La Catira

Tengo muchos meses molesta con la imagen de Venezuela promovida por políticos y tertulianos irresponsables en los medios de comunicación españoles, como parte de las campañas electorales para las diversas elecciones de este año. Hace unos meses escuché a Monedero decir, cuando se le preguntó si quería traer el modelo bolivariano a España, una obviedad: España no es Venezuela, pero para rematar diciendo que en Venezuela, por ejemplo, no existía una tradición sindical.Se ve que el asesor de Chávez (no olvidemos que cobró muy buen dinero al Estado venezolano por un “encargo”) no hizo su tarea: leer sobre la historia de Venezuela para poder asesorar y opinar.
El caso Monedero me hizo recordar una excelente investigación realizada por Gustavo Guerrero hace pocos años. Se trata de Historia de un encargo: “La catira” de Camilo José Cela. En este libro Guerrero hace una revisión meticulosa de las relaciones entre España y Venezuela en una época clave: la dictadura de Franco y la de Pérez Jiménez. Las relaciones entre ambos dictadores permitió a Camilo José Cela dedicarse a un encargo que le hizo el dictador venezolano: escribir una novela de tema venezolano (el título mismo de la obra, La catira, no deja dudas al respecto). Copio un fragmento de la nota sobre el libro de Guerrero que hace la editorial Anagrama porque es muy clara: “Como en un vivo fresco histórico, se anuda así, alrededor del affaire de La catira, una intrincada trama de intereses en la que se confunden la ambición personal de un joven y destacado escritor, los sueños de los inmigrantes económicos españoles que se instalan por miles en Venezuela, la propaganda de una dictadura, los objetivos internacionales de otra, la resistencia de los intelectuales venezolanos y el exilio republicano contra el autoritarismo” (http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379).
Más allá de las ambiciones personales de intelectuales como Cela (o Monedero), creo que el caso permite pensar cómo las élites se aprovechan de las circunstancias políticas en su propio beneficio. Pero también deja ver que esa actitud arrogante y ambiciosa no es la opinión supuestamente unánime de todo un país. Recordemos que la osadía de Cela fue combatida por venezolanos y españoles.
Hace poco la ministra de agricultura española, Isabel García Tejerina, en un programa de TVE, intentaba cambiar de un solo golpe una imagen hoy muy extendida en los medios de comunicación: las políticas económicas del actual gobierno del PP han provocado un desplome del “estado de bienestar”. En un acto de prestidigitación, quiso convertir las políticas del PP en medidas que buscaban proteger a los más débiles (son sus palabras). Y para conseguirlo, usó una carta que tenía escondida en la manga: los españoles no ven esa realidad porque tienen una mala imagen de sí mismos. El argumento fue el siguiente (transcribo): “En el mundo, la peor opinión de España la tienen los argentinos, venezolanos y los españoles”.
La explicación de la ministra se cae por su propio peso: se trata de una burda especulación, no comprobable, basada en generalizaciones y clichés. Lo interesante del asunto es que meta a españoles, argentinos y venezolanos en un mismo paquete, seguro con el objetivo de dar verosimilitud a su acto de prestidigitación. También agregaba odio, sentimiento que buscaba cegar a los espectadores para que no reflexionaran sobre la tontería que estaba diciendo.
Esta misma semana, Pablo Iglesias comentaba en la televisión que ha sido agredido por venezolanos. No apruebo por ninguna razón ese comportamiento. Sí me pregunto si les pidió el pasaporte a sus agresores porque si lo hubiera hecho habría comprobado que muchos de los venezolanos que viven hoy en España lograron venirse -en ese enorme, excepcional y lamentable éxodo de venezolanos profesionales- gracias a la ley de Memoria histórica. Quiero decir con esto que la mayoría son hijos o nietos de españoles. Españoles que tuvieron que emigrar a buscar una mejor vida a Venezuela, por motivos políticos o económicos. Cuando esos “venezolanos” reclaman a los políticos españoles políticas más claras, debe pensarse que representan una de las formas que ha adoptado la indignación contra los políticos en España. En este caso, la indignación de los emigrados y retornados, parte también de la historia de España.
La opinión de algunos políticos españoles sobre Venezuela no puede ser confundida con la de todos los políticos españoles y menos con la de todos los españoles. Y desde la otra orilla, hay que decir exactamente lo mismo: la opinión de algunos políticos venezolanos sobre España no debe confundirse con la de todos los políticos venezolanos y menos con la de todos los venezolanos. La muy lamentable imagen de Chávez interrumpiendo de un modo grosero a Zapatero y luego la del Rey gritándole a Chávez que se callara, no fue más que una muestra de la incapacidad de los políticos a ambos lados del Atlántico. Bromas y canciones aparte, la escena dejó ver que la patanería y la arrogancia florecen en todas partes. Concluir que todos los venezolanos actúan como Chávez o que todos los españoles son como el Rey, sería una conclusión errónea, una mera generalización.
No es raro que las relaciones entre Venezuela y España, después de la independencia, hayan sido difíciles y que lo sigan siendo en algunos momentos tanto tiempo después. Peor aún si políticos e intelectuales aprovechan las circunstancias para abrir las heridas históricas en su propio beneficio, sea por un encargo o no. Los clichés, generalizaciones y odios que promueven de un modo arrogante algunas personas a ambos lados del Atlántico deben ser combatidos, como hicieron en su momento españoles y venezolanos con La catira de Cela.
Aprendí desde muy pequeña que los españoles formaban parte de mi vida, que pasaban por un mal momento debido a la dictadura y que era mi deber tenderles la mano Esa fue la Venezuela en la que crecí, bromas y chistes aparte. Aprendí también a querer la lengua castellana y más aún la literatura escrita en castellano. El siglo de oro español fue para mí una revelación y lo que marcó mi vida: dedicarme a la literatura. No hay familia venezolana que no sienta cariño por los españoles, como sé también que lo mismo ocurre al otro lado del Atlántico. No dejemos que políticos e intelectuales oportunistas quieran escribir otra historia lamentable de La catira.

Si perdemos los matamos



El chavista es un demócrata de extrañas convicciones. Sólidas, pero extrañas. Se proclama demócrata a carta cabal. El más demócrata de los demócratas. Reclama el mérito de ser autor desde el poder, de la más perfecta de las democracias. Una democracia “bonita, multicolor, incluyente, tolerante, pluralista” en la que si alguien protesta, va preso. Una democracia en la que hay libertad de expresión mientras esa expresión coincida con su pensamiento único y no atente contra sus intereses, so pena de que una bala le atraviese el cráneo “haciendo un sonido hueco”. Una democracia en la que abundan los procesos electorales que siempre gana su partido, aun bajo las peores condiciones de malestar social, haciendo fraude electoral, incluso, impúdicamente abierto.

Le gustan las elecciones siempre que sepa que, bien por legítimo apoyo popular, como sucedía hasta 2002, o recurriendo a las trampas de su ministerio de elecciones, conocido como CNE, tiene garantizado el triunfo. Pero aun así, por las dudas, y para asegurarse de que el miedo le traerá los votos que le facilitarán el fraude, tiene la precaución de amenazar “proselitistamente” con muerte: “soy yo o la guerra”, acostumbraba a vociferar el psicópata eterno, o sea, “o votas por mí o te mato”.

Y sus herederos practicaron el mismo lenguaje desde el día en que metieron su cadáver en un frigorífico de La Habana, para presentarles a los fanáticos seguidores de la secta el muñeco de cera que enterraron tres meses después en Caracas. Si la “derecha gana las elecciones, tomaremos los fusiles rodilla en tierra”, decía algún general ejerciendo su política cuartelaria. Diosdado Cabello hablaba de irse a la montaña si Nicolás perdía las presidenciales. Pero, aunque el chavismo era minoría desde –por lo menos- 2004, incluso, hasta las últimas elecciones presidenciales, la oficina electoral del régimen, su CNE, contaba con votos oficialistas suficientes para montar un fraude que –desde la perspectiva chavista únicamente, puesto que nadie con más de cuatro neuronas creyó en la victoria de última hora y 1% de ventaja de Nicolás- tenía visos de verosimilitud.

Pero hoy, cuando absolutamente todos los venezolanos vivimos el diario terror de ir a comprar la escasa e inasequible comida, de trasponer la puerta de la casa sin saber si una bala nos espera, de ver a nuestros parientes, amigos y conocidos muriendo de cáncer sin medicinas mientras los revolucionarios inundan de euros y dólares robados al pueblo los bancos de Andorra, Suiza, Miami y Panamá; lograr el mínimo  de votos necesarios para el fraude electoral indispensable para no perder la AN luce una empresa imposible.

Y es que las encuestas que se publican arrojan 80% de rechazo al régimen chavista. Además de reportar datos levantados hace dos meses, son encuestas sesgadas, como toda encuesta en dictadura, máxime en una tan primitiva y sangrienta como la chavista. ¿En verdad alguien cree que la señora con 6 hijos arriesgará perder los beneficios y bonificaciones de una pensión o misión respondiendo en contra de los que tienen del poder de matar a su familia de hambre? ¿O que lo hará en contra del que le advierte que la sacará del apartamento que le prestó el Estado para vivir? Claro que no. Es obvio que las cifras verdaderas que manejan los servicios de inteligencia gubernamentales han de ser peores para el chavismo.

Así que repitiendo el trillado guion escrito por el choro galáctico, el 24 de junio Nicolás reiteró su amenaza: “en el supuesto negado de que la derecha gane la AN, habrá un estallido social. El pueblo no se dejará quitar su revolución. Y yo seré el primero en lanzarme a la calle”. Es decir, olímpicamente declaró que el chavismo, ¡el propio gobierno!, desconocerá el resultado electoral adverso; la voluntad del pueblo.

Cabe preguntarse, “¿entonces para qué estos gorilas se molestan en ir a elecciones?, ¿de qué pueblo habla si justamente el pueblo será el que lo derrotará electoralmente?, ¿se referirá al pueblo cubano, al chino, al nicaragüense, porque el venezolano le estaría diciendo claramente con su voto “¡fuera, váyanse, no los queremos!”?, ¿será que estamos frente a unos Luis XIV turbocargados que no solamente son el Estado sino también el pueblo?”

Imposible interpretar las palabras de amenaza de Nicolás –otra variación sobre el tema “soy yo o la guerra” y “si gana el imperialismo (la AN) vendrán tiempos de masacre y muerte”- de otra manera que no sea que el chavismo desconocerá la voluntad popular. Nicolás ha dicho claramente que usarán al pueblo como sustituto del escaso papel tualé.

La desvergonzada amenaza sugiere que el chavismo está decidido a hacer la madre de todos los fraudes y que tomará las armas para hacer valer la grotesca trampa. Lo que no entienden Nicolás, Diosdado y los pseudogenerales –que sólo pueden ser generales en este país- que juran que Venezuela es un gran cuartel con 30 millones de soldados rasos con el cerebro reblandecido por la disciplina militar, es que al chavismo le llegó su hora final. Que es un dinosaurio que agoniza en medio de sus últimos y ensordecedores estertores. Que ni el indetenible pueblo venezolano cuya arrechera ya alcanzó límites que lo hacen muy nocivo para tiranos corruptos que persisten en humillarlo dominándolo con escasez, inflación, colas, inseguridad, racionamiento, captahuellas y planazos, ni el resto de la civilización aceptan ya más la existencia de una peste putrefacta como esa dizque ideología que ha profanado el nombre de Bolívar llamándose “bolivarianismo”, y que no es más que un furúnculo en la historia de la humanidad.

Es seguro que lo intentarán. Es posible que la MUD evada por enésima vez su deber histórico y de nuevo acepte el fraude, traicione a los electores en la defensa del voto declarando a los pocos minutos que el chavismo ganó limpiamente (“aunque con cierto ventajismo”) y mande a bailar salsa. Pero es bueno que sepan chavistas y opositores colaboracionistas que ya el pueblo no resiste más. Que ya es imposible represar su voluntad. Que es mucho más peligroso y costoso, en todo sentido, pretender aplastar la opinión popular que obedecer su mandato y cumplir con las generaciones futuras. Es momento de vida o muerte.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe





domingo, 21 de junio de 2015

¿Salvando el pellejo? No vale, no creo…




Primero apareció con Lula y Dilma. ¿Para pedirles que intercedieran por él ante los gringos que buscan mejorar sus relaciones con el gobierno brasileño después de que los descubrieron espiándolo? No vale, no creo… Fue a comprar medicinas y comida, como dice el régimen. Luego reapareció en Haití sonriendo con el musiú que le pidió su cabeza a Nicolás, advirtiéndole que “la guerra antidrogas no tiene fronteras”. ¿Para pedirle que cesen las investigaciones en su contra o se arma el alboroto y aclararle quién manda aquí? No vale, no creo. Fue a tender puentes. Ahora, se presenta en Cuba –país al que solamente había ido una vez en su vida por la muerte del choro eterno- para hablar con Raúl Castro de lo bien que están las relaciones entre ese país y Venezuela, según la versión oficial. ¿Fue a presionar a Raúl para que no lo entregue a sus nuevos maridos gringos en la luna de miel bajo la amenaza de empezar a raspar cubanos y sacarlos a patadas de aquí? No vale, no creo…

Para ser un hombre a quien no le gustaba viajar, Diosdado Cabello sorprende pues súbitamente se ha hecho viajero frecuente. Es natural, los gringos lo tenían montado en la olla desde hace más de 10 años, con la colaboración de todos sus aliados lo estaban cocinando a fuego muy lento y es ahora que se viene a enterar por medios internacionales (a los que dice que va a demandar pero no demanda) de que está a punto de caramelo.

Así, cuando se ve con el agua al cuello, solicitado por la justicia gringa -si son ciertas las informaciones acerca de las investigaciones en su contra y las exigencias de Shannon al gobierno- decide montarse en un avión e ir a comprar medicinas, a tender puentes y a hablar de lo bien que nos llevamos con Cuba, como si fuera el asistente de un ministro del gabinete. ¿Ruega que no lo encanen, que lo dejen encabezar una transición y que no le quiten su fortuna bien habida a cambio de no desatar una guerra civil? No vale, no creo…

El poder de negociación del teniente Cabello dependerá de su poder de movilización de la Fuerza Armada. Sabemos que controla buena parte de la cúpula reputadamente corrupta, pero no está clara su influencia en los cuadros medios, tradicional fuente de movimientos militares. Y con toda seguridad, los refinados servicios de inteligencia de EEUU y sus aliados, tanto con lo detectado por sus agentes de campo como por testimonios de los abundantes desertores del chavismo que están cantando como Lady Gaga, conocen mucho mejor la verdadera ascendencia sobre los militares y su poder de fuego. Así como también deben conocer que ese poder de fuego de Cabello también tendrá que enfrentar el de los colectivos que se la tienen jurada.

La situación del teniente es pelúa, para decirlo suavemente. Más pelúa que la del resto de los venezolanos que vivimos toda clase de miserias, desde colas para comprar harina como la muerte a cambio de un celular; y que sin duda, la tenemos ligada a la suya. Es difícil determinar el incentivo que puedan tener los gringos (no solamente los demócratas, sino también los republicanos que le quieren ver el hueso), los españoles, los franceses, los israelíes, y otros, aun los árabes –para no hablar de los cubanos que lo quieren sacar del juego-, para echar por la borda una década de investigaciones y todas las violaciones a su seguridad nacional por narcolavado y terrorismo, de ser ciertas las noticias publicadas internacionalmente.

Lo que sí es cierto, es que se ve a leguas que el señor Cabello está haciendo un inmenso y último esfuerzo para salvar el pellejo. Principalmente el suyo. Pero se debe tomar en cuenta que se siente el sustituto natural de Nicolás Maduro –a quién no se le puede augurar mucho tiempo más en el poder- del que es sucesor constitucionalmente. Y seguramente aspira a ser el conductor de una segura transición (no se sabe a qué). Su salvación y permanencia en la dirigencia del país necesariamente implica la salvación de lo que queda de chavismo. Son inseparables desde su perspectiva, aunque este último tiene más posibilidades de sobrevivir como movimiento político sin el lastre de “Ojitos Bellos”.

Es una empresa muy cuesta arriba la que se ha propuesto a última hora Diosdado. Y es ya es muy claro que su método de lograr objetivos es dando con un mazo, como el cavernícola que es. La decepción nacional e internacional que ha cosechado el chavismo con sus crímenes y engaños, es una pendiente casi imposible de remontar. Lamentablemente, incluso para muchos chavistas (basta leer Aporrea), míster Cabello representa lo peor del chavismo. Y esta no es sólo la percepción nacional, sino la que manejan los gobiernos extranjeros y la opinión pública internacional.

Será interesante ver si es verdad que las potencias capitalistas, sus enemigos cubanos, los israelitas, los árabes, la Santa Sede –así como el pueblo venezolano cuya capacidad de reacción puede estar subestimada- van a patrocinar una transición dirigida por un individuo señalado por delitos tan atroces como los que supuestamente se le imputan.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe