lunes, 11 de mayo de 2015

Mi decisión




Votaré. Por lo menos una última vez. Es mi derecho. Contra toda racionalidad acudiré a la mesa de votación para ser atracado por el régimen con la colaboración de los patriotas cooperantes de la Mesa de la Unidad Democrática. Pero quizás el argumento que funda mi decisión no sea racional sino visceral. Aunque no lo creo porque pienso en Tomás Moro al tomarla. No solamente votaré, sino que estaré presto a defender mi voto y el de mis compatriotas. No obedeceré órdenes de callar mi cacerola, de abandonar la calle, de no marchar, y muchísimo menos de bailar salsa. It’s show down time. Llegó la hora de la verdad.



El cúmulo de evidencias en favor de la tesis del colaboracionismo de la MUD es devastadora y tristementemente inmenso. La evidencia más objetiva, quizás, es el incumplimiento de la promesa hecha al pueblo reticente a votar, previamente a las elecciones presidenciales de octubre de 2012 que supuestamente ganó el Eterno, de presentar el 100% de las Actas de Verificación Ciudadana que probarían más allá de toda duda la transparencia del proceso y la defensa del voto opositor. Todavía las estamos esperando. No presentó ni una.



Las evidencias en el mismo sentido relacionadas con el proceso que fraudulentamente llevó a Nicolás al poder, son, posiblemente, menos tangibles pero mucho más vehementes: El discurso claramente victorioso de los representantes de la MUD al final de la tarde; el silencio de dos horas; la reaparición de voceros distintos a los que cantaron victoria, ahora con las caras largas; las tanquetas en las calles; el desmontaje de la tarima de la victoria en Miraflores; los rostros fúnebres de los chavistas al final de la jornada; su reaparición sonrientes dos horas más tarde; la negativa de Nicolás y el régimen a abrir las cajas 12 horas después de que el usurpador prometiera “que abran las cajas, que hablen las cajas”, cuando segundos luego de su apretado “triunfo” ya había sospechas de fraude en todo el país; y ni hablar de la negativa del CNE a la ejecución de una auditoría independiente. En esta ocasión la MUD y Capriles roncaron duro, por tres días, esto es. Al cuarto día abortaron las marchas y protestas, callaron las cacerolas y mandaron a bailar salsa. Es decir, se comportaron como esa “oposición seria” que tanto le gusta al régimen. Como premio a su buena conducta, no sólo están todos libres, sino en cargos públicos preservando esos “espacios” opositores, como se conocen sus parcelitas de poder en las que defienden desde intereses propios hasta de familiares y bolichicos, viviendo de los mendrugos que caen de la mesa de los revolucionarios.



En diciembre culminó el pacto de coalición PSUV-MUD con la ejecución del último en la cadena de golpes de estado perpetrados por el régimen. El nombramiento de autoridades adscritas a partidos de oposición para el CNE, Poder Ciudadano y Poder Judicial violando flagrantemente la Constitución y las leyes, lo puso de manifiesto sin equívocos. Tuvieron el honor de ser designadas por el dedo de Diosdado Cabello, hoy señalado por narcoterrorismo (si es que las informaciones de diversos medios internacionales son ciertas), en ejercicio de su poder dictatorial al frente de la AN.



Mi responsabilidad histórica es defender mis derechos ya que la suma de todos los derechos de los ciudadanos es el derecho del pueblo, de la sociedad, y en consecuencia, ese conjunto de derechos constituyen la patria; mi país. Mi responsabilidad histórica es votar y defender mi voto. La responsabilidad histórica de la MUD –ya que está llamando a votar por ella con la promesa de libertad y defensa del voto- es velar porque mis derechos no sean violados en el proceso electoral. A esto se ha comprometido y ha incumplido reiteradas veces. Con sus incumplimientos, colaboracionismo y entreguismo ha logrado disuadir a una gran mayoría disidente (probablemente como parte de su misión colaboracionista). La MUD es el primer abstencionista del país. Si el nuevo incumplimiento de sus promesas de protección al voto conduce a una tragedia, a masacre de venezolanos que protestan contra un nuevo fraude, será un crimen de los patriotas cooperantes de la MUD.


La legitimación de la dictadura por medio del voto ya no es un argumento de peso. La esgrimí desde antes del Referéndum Revocatorio 2004 cuando la automatización del voto me hizo comprender la dimensión del inminente fraude electrónico. Diversos estudios estadísticos, amplia literatura y la exposición del régimen como integrado por forajidos señalados internacionalmente, hacen imposible la verosimilitud de un nuevo fraude que necesariamente tendrá que ser masivo. El chavismo está confeso ante el mundo por su fracaso y sus delitos que trascienden fronteras.
 



La MUD está a tiempo de evitar ser cómplice de otra felonía ignominiosa. Puede liderar una movilización nacional e internacional conducente a la conquista de condiciones mínimas electorales, comenzando por la reinstauración del voto manual. Puede conducirnos a eliminar a Smartmatic, los mafiosos electorales, de territorio venezolano.



¿Acaso es mi decisión unirme a la comparsa de la “oposición seria”, como la llaman sus amos, y convalidar con mi voto el colaboracionismo a la vez de otorgarle legitimidad al saqueo orgíaco y violación de DDHH? Rotundamente, ¡no! Mi decisión es no renunciar a mis derechos. Mi derecho al voto, mi derecho a la vida, mi derecho a existir. Existiré aunque sea en la oscuridad de una urna electoral que jamás será abierta para escrutarla manualmente ni auditarla, acompañado de una inmensa mayoría de hermanos que valientemente les dijeron “¡no!” a la dictadura y a la MUD. Que les dijeron “ningún pacto colaboracionista con ladrones y asesinos  podrá conculcarme mis derechos” (dime con quién andas y te diré quién eres). Jamás les daré ese gusto.



En el momento que vive Venezuela el derecho al voto se equipara al derecho a la vida. No votar sería la muerte moral y eventualmente la muerte física a manos de las plagas del comunismo: hambre y paredón; genocidio.



Quizás sea un monje budista inmolándome por un principio. Pero la supervivencia de mis genes, de mis hijos, es principal. Quizás sea un radical como llaman los cómplices conscientes o inconscientes de la MUD a quienes osamos cuestionar sus designios y señalar sus vicios. Pero la palabra “radical” significa relativo o proveniente de la raíz; y tengo profundas raíces democráticas y morales.



En 1535 Santo Tomás Moro (Thomas More), mientras subía al cadalso para ser decapitado le pidió al verdugo con sarcasmo: “le ruego, le ruego que me ayude a subir, porque para bajar me las arreglaré por mí mismo”. Uno de los hombres más importantes, brillantes y valientes que ha dado la humanidad, murió por un principio jurídico, por el Derecho, y una creencia religiosa, cuando se opuso solitario al divorcio del déspota Enrique VIII de Inglaterra de su esposa Ana Bolena.




Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe



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