viernes, 1 de mayo de 2015

Mango





Cuenta Marleni que cuando veía pasar a Nicolás Maduro conduciendo un autobús en un acto proselitista propagandístico del régimen, decidió enviarle una nota para pedirle vivienda. Como no tenía un papel –medio que, según Nicolás, 4.000 personas utilizaron ese día para sus peticiones- no dudó en usar el mango que había pedido regalado para mitigar el hambre. Escribió una nota en él: “si puede llámeme”, con su número telefónico y vigorosamente se lo lanzó al populista usurpador.


Contrariamente a lo que le sucedió al ingenuo y quizás desequilibrado joven Yendricks aquel día en la AN, cuando su intento de abrazar cariñosamente al ilegítimo cucuteño -quién sufrió un ataque de pavor en el momento- lo condujo a la cárcel en la que todavía, dos años después, se encuentra; el mangazo de Marleni la hizo acreedora al premio gordo de Lotto Popule: Nicolás, en nombre pero sin permiso de todos los venezolanos que somos los verdaderos propietarios, le “regaló” una casa equipada. ¿Será un montaje? Noo, imposible.


No estoy en contra de que Marleni tenga su casa. Muy al contrario. Todos los venezolanos deberían ganar el mismo premio. Y aunque no estoy de acuerdo con el método, si un mangazo es lo que toca para sacarle algo a estos hambreadores que patrocinan el desarrollo de Andorra con preferencia sobre el de Venezuela, mangazo será. De hecho, pienso que un país con mayores riquezas que Dubai debería garantizarle a todos sus ciudadanos los recursos suficientes para satisfacer sus necesidades básicas: nacer con $ 50.000 en el banco, cual dubaití. Lastimosamente esto no es posible porque los revolucionarios socialistas, siempre preocupados por el bienestar del pueblo, decidieron guardarle sus reales en Andorra y otros paraísos fiscales, obviando un pequeño detalle: no dejar las cuentas a título personal sino a nombre de la República “Bolivariana” de Venezuela, o de todos los venezolanos. Quizás fue con la buena intención de no causar excesivos gastos administrativos con los que el banco castigaría a los cuentahabientes.


Ya Nicolás había regalado una lujosa camioneta (que no le pertenecía, era patrimonio público y por tanto delito regalarla) a unos ciudadanos que se cruzaron con su destartalado vehículo a la ostentosa caravana oficial. Conducta clásica de populistas bananeros latinoamericanos, ya probada por Juan Domingo Perón y su virtuosa Evita en Argentina, entre otros.


El mensaje que envió el agente castrista que ocupa Miraflores con su respuesta al supuesto mangazo, fue claro y degradante para el venezolano, pero muy conveniente a los intereses del chavismo, del socialismo del siglo XXI, que es una farsa pseudomarxista. Marx definió el socialismo como la dictadura del proletariado, la clase obrera, como la europea de su época, calificada y pensante. También definió, no sin cierto desprecio, lo que llamó lumpenproletariado; el lumpen, gente marginada por la sociedad capitalista y víctima de ella, sin habilidades, sin formación de ningún tipo, sin capacidad de trabajo calificado; nula como capital humano de una economía desarrollada. En Venezuela, por razones distintas a las de la Europa de principios del siglo XIX de Marx, existe un lumpen, y a ese lumpenproletariado se dirigió el mensaje del mangazo.


“Con el chavismo no hace falta trabajar. Es más, no hay que saber trabajar (si no lo saben Nicolás, los críos del Galáctico y en general, la jerarquía de saqueadores chavista). Basta saber lanzar un mango. Ni siquiera es necesaria la maestría de un Urbano Lugo, sólo lanzar un objeto con aproximada precisión. Venezolano, si te pones una franela roja, votas por mí, gritas consignas pendejas y anacrónicas que  te enseñaré al caletre pues no las comprendes, y sabes tirar cosas, puedes tener vivienda, carro y bienestar. Tú tienes tus corotos, yo mis reales (que te robé, que son tuyos, pero de los que apenas de doy mendrugos) en Andorra; y todos vivimos felices. Y por favor, no estudies ni te superes, acude a una Universidad Bolivariana. Porque si llegas a estudiar y aprender de verdad, me retirarás tu apoyo, pues ya no necesitarás mis limosnas”.


No fue aleatorio que el paisano de Andrés Pastrana seleccionara el mango por encima de 4.000 esquelas en papel. Y es que el papel no duele, físicamente no duele. El papel no es violencia. El mangazo sí. La habilidad para propinar un mangazo es la misma que para lanzar una molotov, o una bomba lacrimógena, si el terrorista es uniformado, o una granada, si se autoriza con una 8610-1. Nicolás prefirió la violencia del mangazo a la razón del papel.


Sinceramente me contenta que Marleni consiguiera su casa. De hecho creo que todos los venezolanos debemos caerles a mangazos a estos revolucionarios humanistas que tan consideradamente nos guardan nuestros reales en Andorra. Si todos los mangazos fueran respondidos, es muy posible que en Venezuela no hubiera problemas sociales. De vivienda no, por lo menos.


Lo que quedó demostrado es que Arturo Uslar Pietri se equivocó: en Venezuela no hay que sembrar el petróleo. Hay que sembrar mangos. Muchos mangos. Sembrar el petróleo significa que eventualmente podríamos vivir del talento aplicado a la producción. De la creatividad humana. De la tecnología nacida de la educación. Pero esto sería la negación del socialismo chavista, y ciertamente, su muerte.


Aun así, me atrevo a imaginar, soñar despierto. Si todos agarramos nuestros mangos y se los lanzamos a Nicolás con las palabras “Paisa, renuncia ya”, quizás el virrey cubiche renunciaría. ¿No creen?


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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