jueves, 28 de mayo de 2015

Ha fallecido cristianamente…




Con su negativa de apoyo al llamado a marchar de Leopoldo López y Daniel Ceballos, la MUD firmó su certificado de defunción. Fue incapaz de atender –que sí entender- el clamor popular de tomar acciones más allá del pasivo circo electoral conveniente a los fines del régimen. Se dio el lujo, quizás aún en la embriaguez postgolpe de diciembre en el que su colaboración con el régimen le permitió la ilusión de que es parte del poder con funcionarios en los poderes públicos nombrados por el dedo de Diosdado Cabello, de desconocer la voluntad de un pueblo que exige protestar contra las penurias a las que lo someten los magnates de Andorra –sus patronos-, como consecuencia del saqueo exhaustivo y criminal de las Arcas del Estado.



Sin mayor precisión, declaró que no apoyaba la marcha del sábado 30 de mayo, convocada por los líderes de Voluntad Popular, presos políticos a quienes se les han violado hasta Derechos Humanos, “por razones de fondo y de forma”. Entiéndase: la cogollocracia que infecta la MUD considera inconveniente a su status de “oposición seria” –como la califica el chavismo- el apoyo y la solidaridad, no solamente con nuestros presos políticos, sino con ese pueblo que muere de enfermedades para las que no se encuentran medicinas o padece vejámenes en colas para comprar comida racionada en el país más rico del mundo; con ese pueblo sumido en la miseria para que boligarcas, boliburgueses y bolichicos de Derwick puedan mantener saldos multibillonarios en los paraísos fiscales del mundo.


La MUD se escuda en el argumento de que la vía electoral es la única para sacar del poder a la banda de hampones que nos tiene secuestrados mientras expolian las riquezas que nos pertenecen. No negamos el valor del camino electoral, pero está demostrado, luego de 17 procesos fraudulentos y, en especial, de los dos últimos presidenciales en los que solamente faltó el aviso de neón en el edificio del CNE “Se hacen fraudes, preguntar por el gerente”, que con elecciones únicamente sólo se ha logrado atornillar a esa delincuencia no tan organizada en el poder.



La MUD –y en general, la “oposición seria” de turno- ha sido vital en el proceso de consolidación de la dictadura. Los arquitectos del proyecto de dominación chavista, Luis Miquilena y José Vicente Rangel, tuvieron muy claro que era indispensable una “oposición seria” creada y subvencionada por el mismo régimen para darle credibilidad a la ficción de democracia necesaria para que tal proyecto se enraizara. Sin elecciones es imposible crear la ilusión de democracia. Así, que se requerían “adversarios” ciegos, sordos y mudos ante el fraude electoral.



Efectivamente, sin una MUD que prometiera para jamás cumplir “¡voten, defenderemos el voto en las mesas y en la calle, les mostraremos el 100% de las Constancias de Verificación Ciudadana para demostrarles la transparencia del proceso!”, para luego dejar esperando hasta el presente por las fulanas constancias y mandar a bailar salsa, a la dictadura le sería imposible hablar de una “democracia bonita multicolor” en la que lamentablemente para la disidencia el chavismo “es la mitad mayoritaria”. Sin “oposición seria” la robolución era inviable y habría fracasado en sus primeros años. Jamás hubiera sobrevivido al fraude del Referéndum Revocatorio de 2004. En otras palabras, sin alguien que llevara pendejos a las mesas a votar para luego reconocer “ellos ganaron”, la dictadura era imposible sin balas.



No es admisible ni válido el argumento de que había que aceptar los repetidos fraudes bajo la extorsión de que habría muerte y destrucción de no hacerlo. Nada justifica el miedo a las tanquetas que salían mientras capitulaban con la tiranía cuando el CNE fingía que contaba votos. Sencillamente porque no se evitaron muertes. Un año después, 43 jóvenes fueron asesinados en protestas, muchos murieron después y seguirán muriendo, y muchos están presos y siendo torturados. Y más grave aún, permitir la entronización del comunismo aceptando sus fraudes a cambio de contratos para amigos y para la familia, de unas alcaldías y gobernaciones y de las curules que el régimen decidiera conceder en la AN, inevitablemente conduciría a muerte y destrucción en escalas inimaginables como en efecto fueron vividas en los anteriores ensayos marxistas de la historia.



La MUD erró totalmente su función que debía ser la de conductora del proceso de restauración de la democracia y de salvamento del país, para asumir el rol de agencia de empleos para políticos buscando trabajo. Perdió la visión de estado para abocarse a confeccionar listas para puestos salidores. Y de esta manera, satisfizo a la perfección los requerimientos del régimen, adaptándose a ellos como traje a la medida.



En realidad la MUD no muere por su falta de sintonía con el pueblo que hoy quiere protestar y está harto de engaño. Muere porque ya no cumple su función principal: fingir democracia colaborando con su patrono. Ya toda la humanidad sabe que en Venezuela hay dictadura, así que perdió su razón de ser.



No es la función del líder obligar al pueblo a seguir un camino determinado. Es interpretar el sentir, el padecer, el deseo, la necesidad de ese pueblo para conducirlo por el camino por el que ese pueblo quiere transitar. Leopoldo y Ceballos interpretaron correctamente las inquietudes del venezolano, desde atrás de las rejas, y propusieron la marcha en consecuencia. La MUD no le dio la espalda a los presos políticos nada más. Le dio la espalda a una Venezuela que le dice “queremos marchar”.




Como ente político y siendo el político más un medio, un mandatario (apoderado) que un mandante (poderdante), la MUD desconoció la voluntad de quien debería ser su patrono, el pueblo; y se plegó a la de su verdadero patrono, el tirano que nunca debe ser ofendido.



Paz a sus restos.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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