martes, 5 de mayo de 2015

Cultura Arrasada




Ya no cabe duda acerca de la dimensión del crimen que Hugo Chávez y su “chavismo” cometieron contra Venezuela. Haciendo honor al adagio “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, hoy sabemos que perdimos lo que una vez fue un país pujante y democrático. Un país, punto.

Con todos sus defectos y lacras, la democracia concebida, gestada y nacida entre 1928 y 1958, a lo largo de 41 años encaminó al país en una ruta de progreso económico, social y cultural de signo positivo, en el cual los índices de todo lo mensurable, como educación, vivienda, empleo, ingreso, salud, mortalidad, morbilidad, servicios, infraestructura, mantuvieron un mejoramiento constante.

Y es que los líderes del siglo XX venezolano que comenzó en 1935 con la muerte de Juan Vicente Gómez, con sus fallas, vicios, carencias y aun, delitos, fueron constructores. Tenían visión de Estado, de futuro y conciencia nacional sin patrioterismos hipócritas ridículos propios de acto de fin de curso de escuela primaria.

Pocas veces usaban la palabra “patria”, pero la construían. Pocas veces la palabra “pueblo” pero construyeron los bloques del 23 de Enero, de Maiquetía, de Caricuao -cuyos apartamentos no eran “regalados” (prestados)- sino vendidos en propiedad bajo condiciones dignas; la represa de El Guri y el sistema eléctrico y de carreteras que ha soportado los embates del chavismo; el sistema de escuelas, liceos y universidades, incluyendo las academias militares, en el que, por cierto, se educaron los revolucionarios que, paradójicamente, hoy denigran de él: si era tan perverso y putrefacto, ¿cómo pudo proveerles el conocimiento para poder calificarlo de perverso y putrefacto? Aunque quizás tuvieran razón, a juzgar por el desempeño de sus graduados al frente de la revolución “bolivariana” y el saldo de sus cuentas en Andorra. Y también construyeron el sistema de asistencia médica y social, al cual la dictadura chavista no ha agregado ni un hospital de envergadura.


Pocas veces usaban la palabra “patriota”, aunque se “embraguetaron” en la defensa del Esequibo, en contra de ingleses agavillados con gringos y –créanlo o no- cubanos. Y menos un “(yo soy) patriota” en el letrero ostentosamente llevado en el uniforme oliva, aunque arriesgaron la vida por nuestro Esequibo y en efecto, la dieron en Machurucuto y en la lucha contra cubanos imperialistas y nacionales traidores de esa guerrilla que hoy gobierna. Y nadie los recuerda defecando en ese uniforme que se atreven a llamar “bolivariano” vendiendo verduras y, ahora, apaleando al pueblo que clama por un pollo en las colas.


Ciertamente, el chavismo tuvo éxito en su plan Tierra Arrasada. Arrasó con todo. Ni PDVSA, la fuente primordial de su botín hoy en Andorra, se salvó. Mataron la gallina de los huevos de oro (perdonen el lugar común). Su felonía sin parangón es ya tan patente para toda la civilización, que hasta conoce el destino del producto del expolio con pelos y señales (en la Era de Internet y la Globalización es imposible esconder un solo dólar). La humanidad ya está tan afectada y preocupada, que 45 ex presidentes, además de cientos de pensadores y estadistas de todas las nacionalidades, han manifestado su preocupación. Porque la raza humana no se puede permitir que una plaga como la que infectó a Venezuela continúe en el poder exportando drogas y terrorismo, y contaminando el sistema financiero internacional. La violación de Derechos Humanos tampoco la desea, pero solamente es usada como excusa y seguramente pasaría inadvertida si no existieran las otras transgresiones.


El Plan Tierra Arrasada perseguía destruir a la clase pensante –media y obrera calificada, que es la verdadera clase obrera-, destruir la fibra social, por medio de la ruina económica y de infraestructura, la inflación, la escasez y la inseguridad (con un hampa patrocinada por el régimen) que son todas política de Estado. Pobreza y muerte sutilmente administradas, a falta de los inconvenientes fusilamientos en el Universitario -que los pensaron-.


Pero el chavismo no sólo arrasó con la tierra. Sin perder de vista el psicológico expresado en la escisión de la sociedad, el daño más grave, infinitamente más grave lo causó en la cultura. La sociedad se modela como espejo de su cabeza, el Estado. Un Estado en manos de atracadores con cuentas secretas en Andorra, es pobrísimo ejemplo para una sociedad. El semianalfabeta que ve con naturalidad el que un general que gana $500 dólares mensuales pueda tener, además de su mansión de $2 millones en La Lagunita, un Porshe de $500.000 más millones en Andorra y todavía andar libre, tiene que sentirse con derecho a saquear el humilde camión de comida con el piloto moribundo desasistido en el asiento de conductor.


El chavismo no solamente nos necesitaba pobres como afirma Jorge Giordani, artífice de la ruina, sino iletrados, embrutecidos e inmorales, para no preguntarnos de dónde salían los reales de la boliburguesía que nos pedía que votáramos por ella para robarnos los bolsillos.


De manera que el daño más grave causado por la banda de Hugo Chávez y sus herederos, o mejor, secuaces, conocida, cual banda de ladrones de carros, como “Los Bolivarianos”, fue a la fibra moral, a los valores éticos de la nación. Una sociedad gobernada por saqueadores inmorales es, necesariamente, una sociedad de saqueadores inmorales, cómplices que permiten el saqueo a cambio de mendrugos, un pollo, un paquete de harina, una chamba en un ministerio o un contrato con el Estado; obtenidos con un mangazo.


La economía y la infraestructura, con un plan integral concertado nacional e internacionalmente, son recuperables en mediano plazo y eventualmente el país boyará. Pero la cultura -como la salud psicológica de la sociedad- es mucho más difícil de recuperar. Será un trabajo de generaciones en el que se requerirá toda la reserva moral e intelectual que todavía resta.


Un pueblo que fue capaz de transitar descalzo medio continente para libertarlo, que le regaló libertad a pueblos lejanos que ni conocía, tiene la nobleza y la fuerza espiritual, el guáramo para curarse.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. Perfectamente descrito...la terrible , desoladora y lastimosa verdad.La imagen de esta Venezuela los que no lo ven es porque ".no hay peor ciego que el que no quiere ver" ni sentir.

    ResponderEliminar