lunes, 27 de abril de 2015

Pecado humanista




Hay palabras que el chavista repite en una suerte de mantra que quizás tiene por objeto convencer a otros de lo que no son, o de convencerse a sí mismos de lo que menos son; o ambas cosas. A veces me convenzo de que realmente creen el embuste de sus discursos y anacrónicas y estereotipadas consignas. A veces pienso que no son más que una pose –muy pueril por cierto- para tratar de engañar a terceros. Patria, pueblo, humanista, revolución, socialismo, libertad, patriota…

Por momentos pareciera que realmente creen que siguiendo los consejos de Joseph Goebbels, repitiendo millones de veces una sarta de mentiras, tienen convencido al resto del mundo de que son patriotas, socialistas, humanistas, revolucionarios que luchan por la libertad del pueblo que tanto aman y por la patria. Nos dieron patria, dicen, lo que sea que esto signifique. Las palabras “pueblo, humanista, patria” se aparecen por lo menos una vez en cada frase de todo revolucionario humanista socialista. Pero en ocasiones creo que los convencidos con la reiteración goebbelsiana son ellos mismos. Se sugestionaron al punto de jurar que realmente son lo que dicen ser y ya ni el bloqueo de sus cuentas repletas con los dólares del pueblo y la patria en los paraísos fiscales logra sacarlos del trance autohipnótico.

Con toda seguridad, el primo-testaferro de Rafael Ramírez, el patriota socialista Diego Salazar, pensaba en la patria y el pueblo cuando abría su primera cuenta bancaria humanista en Andorra, en la que las autoridades andorranas le bloquearon solamente $ 200 millones de los miles de millones de dólares que por ella habían pasado, provenientes del mayor desfalco en la historia: el de PDVSA por parte de la famiglia Ramírez Carreño, según citan distintos medios. O cuando le pagaba la propina de 100.000 euros al trabajador del Hotel Crillón de París, hecho que inició la investigación policial que condujo a sus cuentas secretas, en primer lugar, cuando ese trabajador declaró el ingreso al Fisco.

Con toda seguridad también, en el bienestar de la patria y el pueblo pensaba Rafael Lacava, alcalde de Puerto Cabello, cuando estableció a toda su familia en una mansión dell más costoso barrio de Barcelona, España, para que su hijo de 10 años pudiera entrenar fútbol en las escuelas del Barca, y cada vez que paga 45 mil euros anuales al mejor colegio de Cataluña para que sus hijos estudien allí. Luchador social humanista en Puerto Cabello, burgués capitalista salvaje en España. Los revolucionarios hacen  milagros con sus humildes sueldos de servidores públicos. ¡Esto es socialismoooo!

Y sin duda en el bienestar del pueblo y de la patria pensaban los seis ex altos funcionarios chavistas que escondieron sus botines en el Banco de Madrid, subsidiario de la Banca Privada Andorrana; como lo hicieron Marco Torres y Alejandro Andrade cuando desviaron $14.000 millones al HSBC de Suiza.

En la patria y el pueblo pensaba Jaquelín Faría cuando “recuperó” el Guaire y lo hizo potable y navegable, con los $ 6.000 millones que recibió y desaparecieron.

En la patria y el pueblo pensaban los 40 ladrones de Bolipuertos, cuando Alí Babá García Plaza compró la chatarra española a quién sabe cuántas veces su precio de mercado; dónde por cierto, debe haber habido riña por la repartición del botín, pues García Plaza tuvo que huir apresuradamente a cantarle el Alma Llanera en Inglés a los gringos.

En el bienestar de la patria y del pueblo pensaban los 7 sancionados por Obama, junto a los 56 anteriores, cuando abrían las cuentas que luego les congelaron con los reales que con mucho amor humanista y socialista le robaron al mismo pueblo y a la misma patria.

En la patria y el pueblo pensaban los bolichicos de Derwick cuando le tumbaron $ 2.000 millones a la Corpoelec de la famiglia Chávez, a cambio de chatarra vendida como plantas eléctricas que nadie vio.

En la patria y el pueblo, sin lugar a dudas, pensaron los dueños de las empresas de maletín que se robaron $ 25.000 millones en CADIVI, según denunció Jorge Giordani (quien también lo hizo por amor al pueblo y la patria que hay que mantener pobres), de quienes todavía se desconoce hasta la identidad.

Y mejor paremos de contar, pues no es necesario un recuento exhaustivo de las felonías humanistas de los chavistas para demostrar lo que ya está demostrado y todo el orbe conoce.

Las noticias de los últimos meses han puesto en evidencia la verdadera naturaleza del revolucionario, en especial, del chavista. El saqueo del país ya es notitia criminis, y está contabilizado por los servicios de inteligencia de otros países, incluyendo EEUU, España, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Israel y Japón, entre otros, y por firmas internacionales de investigación financiera; para no mencionar a los profesionales venezolanos que arduamente han investigado el expolio.

Mientras los venezolanos hacemos colas para comprar comida, jabón, champú y papel tualé (si los conseguimos), y nuestros hermanos mueren de cáncer y otras enfermedades porque no hay dólares para importar medicamentos, la banca mundial está de bote en bote con $ 400 mil millones depositados por la boliburguesía que los recibió como justa compensación por sus sacrificios por el pueblo y la patria.

Pero la culpa, dicen los humanistas del régimen, son los raspacupos que cambiaron sus míseros cupos en dólares preferenciales para comer, y no los raspapaís que -al igual que cuando recibían el apartamento en un bloque de viviendas del INAVI- se robaron hasta las pocetas y lavamanos para luego esconderlos en Andorra y el Imperio.

Hay que ser servidores de Satanás para cometer lo que trasciende la categoría de delito y se sitúa como pecado mortal ante Dios y los hombres. Para poder dormir en posesión del dinero robado a ese pueblo que hoy muere como consecuencia de ese robo; pueblo al que hoy obligan a humillaciones de marcaje, colas, huellas dactilares, presentación de identificación para poder comprar la escasa comida y medicinas.

Henry Ventura, Ministrillo de Salud, en un ejercicio de cinismo criminal y déficit neuronal, declaró: “con este nuevo sistema vamos a demostrar si es que es verdad que la gente se enferma”, cuando anunció el racionamiento de medicinas. Corroborando así que pueden dormir mientras otros mueren como consecuencia de la ambición insaciable de riquezas de sus hermanos. Quizás los venezolanos nos enfermamos por afición y entretenimiento, pero la enfermedad del socialista humanista es mucho peor e incurable: es gangrena del alma putrefacta, necrosamiento de la sensibilidad humana, maldad ilimitada, en pocas palabras. Que sólo los conduce a la justicia del hombre y a la de Dios. Ambas les llegarán. Con absoluta seguridad.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


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