viernes, 3 de abril de 2015

Dos pollos por la patria




Yo no incurriría en la indignidad de firmar por mi patria por dos pollos flacos brasileños. ¡No señor! Por supuesto que firmaré defendiendo las cuentas bancarias, visas de turista y residencia, apartamentos, yates, fincas y mansiones del pueblo venezolano, pero no estamparé mi rúbrica a cambio de dos miserables pollos. No aceptaré nada menos que un pernil de cochino bien comido y criado en patio trasero vernáculo y de 12 kilos, mínimo. Y agradecería a los soldados y soldadas de la patria que me lo entregaran junto con cuatro paquetes de harina PAN para comerlo con arepas y picante.
Además, eso de estar ofreciendo dos pollos a cambio de una firma por la soberanía del pueblo, o mejor dicho, por la soberanía de los bolsillos de la patria, es cuando menos pavoso y llama a la ruina. ¡¿Qué clase de gobierno -en un país que el socialismo ha conducido a tal bonanza que sus militares y funcionarios públicos pueden ahorrar los excedentes de sus suelditos en cuentas multimillonarias en Andorra y el Imperio- se atreve a trocar pollos por una firma patriota?! ¡Qué va! Si yo fuera Nicolás y Diosdado, le doy a cada venezolano patrioto y a cada venezolana patriota un Rolex Day Date de oro amarillo, con opción a Cartier.
Y es que vamos a estar claros. No es poco lo que está en juego. No son solamente los ahorritos del pueblo en unos cuantos cientos de cuentas bancarias secretas en el Imperio y los paraísos fiscales del mundo, los bienes muebles e inmuebles del pueblo, las visas del pueblo, las vacaciones del pueblo en Orlando, los que están amenazados. No. También está en riesgo la libertad del pueblo y la integridad territorial del país.
Cierto, cuando los gringos invadan para llevarse esposado a todo el pueblo -supuestamente- por venderles droga a sus muchachos y por lavar sus dólares populares y socialistas sobranceros en el Imperio -cosa que es inminente según los valientes revolucionarios-, necesariamente la soberanía será violada. Eso no lo podemos permitir. ¿Se imaginan a esos catires llevándonos a 30 millones de venezolanos con nuestra soberanía violada por dizque meternos a narcos y terroristas y lavar plata en Andorra y Miami? ¡No mi amor!
Nicolás, Diosdado, el general Padrino y otros revolucionarios socialistas humanistas antiimperialistas dicen estar muy molestos porque los gringos nos calificaron de enemigos y amenaza para su país. Y se ven asustados. La verdad es que eso no es ninguna sorpresa. Sorpresa es que ellos se arrechen y se enculillen por ese decreto de Obama. Digo yo. Según recuerdo, tenían 16 años llamándolos “gringos de mierda” y mandándolos pa’l carajo; amenazándolos con destruir el Imperio; celebrando con bailes y cohetes cuando los terroristas atacaban su territorio; quemando su bandera; gritando “yankee go home!”; ayudando a Irán con Uranio junto con Argentina para desarrollar la bomba nuclear que borrará del mapa a Israel, país con el que EEUU tiene un tratado de ayuda militar que lo obligaría a entrar en guerra; entrenando terroristas para que ataquen el territorio e intereses norteamericanos; en fin, haciendo todo lo posible para acabar con ellos (salvo dejar de venderles petróleo). ¡Y ahora, cuando los toman en serio y les reconocen por fin su status de enemigos del imperialismo gringo capitalista, se chorrean y se arrechan! ¿Será por miedo a que les quiten los reales escondidos al pueblo y les pongan los ganchos a todos los venezolanos? Porque Venezuela y el pueblo somos todos, ¿no?, no solamente los 7 patriotas sancionados que perdieron sus ahorritos en dólares, sus casas, yates y apartamentos en el Imperio, y que no pueden ir más a visitar a Mickey Mouse. Es sabido que todos los venezolanos tenemos reales y mansiones en el Imperio. Yo no sé dónde están los míos pero estoy seguro de que los revolucionarios me los tienen por allá bien guardados para dármelos de sorpresa algún día, porque el socialista es así: primero el pueblo, desprendido.
Hay que respaldar a Nicolás. Firmar por la patria. Ya lo dijo, ¡y en Inglés!: “Guí ar not a trét, guí ar a jóup” (We are not a threat, we are a hope o no somos una amenaza, somos una esperanza). Seguro que Obama y los parientes de 5.000 muertos en el WTC, de los fallecidos en los barcos gringos bombardeados en puertos árabes y en sus embajadas bombardeadas alrededor del mundo por terroristas islamistas fanáticos de Al Caeda y Hezbolá con pasaportes venezolanos, lo entendieron y le creyeron.
Además, si algo nos consta a todos los venezolanos es que el chavismo es una esperanza. Ya nos tienen esperando 16 años que cumplan con la promesa de hacernos una potencia mundial, de darnos independencia económica, alimentaria y energética, de darnos bienestar, de darnos el apartamento y todavía no solamente nos tienen esperando, sino que nos acaban de hacer por enésima vez la misma promesa. Y continuamos esperando. Si eso no es ser una| esperanza, entonces que alguien me diga qué lo es.
Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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