lunes, 27 de abril de 2015

Pecado humanista




Hay palabras que el chavista repite en una suerte de mantra que quizás tiene por objeto convencer a otros de lo que no son, o de convencerse a sí mismos de lo que menos son; o ambas cosas. A veces me convenzo de que realmente creen el embuste de sus discursos y anacrónicas y estereotipadas consignas. A veces pienso que no son más que una pose –muy pueril por cierto- para tratar de engañar a terceros. Patria, pueblo, humanista, revolución, socialismo, libertad, patriota…

Por momentos pareciera que realmente creen que siguiendo los consejos de Joseph Goebbels, repitiendo millones de veces una sarta de mentiras, tienen convencido al resto del mundo de que son patriotas, socialistas, humanistas, revolucionarios que luchan por la libertad del pueblo que tanto aman y por la patria. Nos dieron patria, dicen, lo que sea que esto signifique. Las palabras “pueblo, humanista, patria” se aparecen por lo menos una vez en cada frase de todo revolucionario humanista socialista. Pero en ocasiones creo que los convencidos con la reiteración goebbelsiana son ellos mismos. Se sugestionaron al punto de jurar que realmente son lo que dicen ser y ya ni el bloqueo de sus cuentas repletas con los dólares del pueblo y la patria en los paraísos fiscales logra sacarlos del trance autohipnótico.

Con toda seguridad, el primo-testaferro de Rafael Ramírez, el patriota socialista Diego Salazar, pensaba en la patria y el pueblo cuando abría su primera cuenta bancaria humanista en Andorra, en la que las autoridades andorranas le bloquearon solamente $ 200 millones de los miles de millones de dólares que por ella habían pasado, provenientes del mayor desfalco en la historia: el de PDVSA por parte de la famiglia Ramírez Carreño, según citan distintos medios. O cuando le pagaba la propina de 100.000 euros al trabajador del Hotel Crillón de París, hecho que inició la investigación policial que condujo a sus cuentas secretas, en primer lugar, cuando ese trabajador declaró el ingreso al Fisco.

Con toda seguridad también, en el bienestar de la patria y el pueblo pensaba Rafael Lacava, alcalde de Puerto Cabello, cuando estableció a toda su familia en una mansión dell más costoso barrio de Barcelona, España, para que su hijo de 10 años pudiera entrenar fútbol en las escuelas del Barca, y cada vez que paga 45 mil euros anuales al mejor colegio de Cataluña para que sus hijos estudien allí. Luchador social humanista en Puerto Cabello, burgués capitalista salvaje en España. Los revolucionarios hacen  milagros con sus humildes sueldos de servidores públicos. ¡Esto es socialismoooo!

Y sin duda en el bienestar del pueblo y de la patria pensaban los seis ex altos funcionarios chavistas que escondieron sus botines en el Banco de Madrid, subsidiario de la Banca Privada Andorrana; como lo hicieron Marco Torres y Alejandro Andrade cuando desviaron $14.000 millones al HSBC de Suiza.

En la patria y el pueblo pensaba Jaquelín Faría cuando “recuperó” el Guaire y lo hizo potable y navegable, con los $ 6.000 millones que recibió y desaparecieron.

En la patria y el pueblo pensaban los 40 ladrones de Bolipuertos, cuando Alí Babá García Plaza compró la chatarra española a quién sabe cuántas veces su precio de mercado; dónde por cierto, debe haber habido riña por la repartición del botín, pues García Plaza tuvo que huir apresuradamente a cantarle el Alma Llanera en Inglés a los gringos.

En el bienestar de la patria y del pueblo pensaban los 7 sancionados por Obama, junto a los 56 anteriores, cuando abrían las cuentas que luego les congelaron con los reales que con mucho amor humanista y socialista le robaron al mismo pueblo y a la misma patria.

En la patria y el pueblo pensaban los bolichicos de Derwick cuando le tumbaron $ 2.000 millones a la Corpoelec de la famiglia Chávez, a cambio de chatarra vendida como plantas eléctricas que nadie vio.

En la patria y el pueblo, sin lugar a dudas, pensaron los dueños de las empresas de maletín que se robaron $ 25.000 millones en CADIVI, según denunció Jorge Giordani (quien también lo hizo por amor al pueblo y la patria que hay que mantener pobres), de quienes todavía se desconoce hasta la identidad.

Y mejor paremos de contar, pues no es necesario un recuento exhaustivo de las felonías humanistas de los chavistas para demostrar lo que ya está demostrado y todo el orbe conoce.

Las noticias de los últimos meses han puesto en evidencia la verdadera naturaleza del revolucionario, en especial, del chavista. El saqueo del país ya es notitia criminis, y está contabilizado por los servicios de inteligencia de otros países, incluyendo EEUU, España, Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Israel y Japón, entre otros, y por firmas internacionales de investigación financiera; para no mencionar a los profesionales venezolanos que arduamente han investigado el expolio.

Mientras los venezolanos hacemos colas para comprar comida, jabón, champú y papel tualé (si los conseguimos), y nuestros hermanos mueren de cáncer y otras enfermedades porque no hay dólares para importar medicamentos, la banca mundial está de bote en bote con $ 400 mil millones depositados por la boliburguesía que los recibió como justa compensación por sus sacrificios por el pueblo y la patria.

Pero la culpa, dicen los humanistas del régimen, son los raspacupos que cambiaron sus míseros cupos en dólares preferenciales para comer, y no los raspapaís que -al igual que cuando recibían el apartamento en un bloque de viviendas del INAVI- se robaron hasta las pocetas y lavamanos para luego esconderlos en Andorra y el Imperio.

Hay que ser servidores de Satanás para cometer lo que trasciende la categoría de delito y se sitúa como pecado mortal ante Dios y los hombres. Para poder dormir en posesión del dinero robado a ese pueblo que hoy muere como consecuencia de ese robo; pueblo al que hoy obligan a humillaciones de marcaje, colas, huellas dactilares, presentación de identificación para poder comprar la escasa comida y medicinas.

Henry Ventura, Ministrillo de Salud, en un ejercicio de cinismo criminal y déficit neuronal, declaró: “con este nuevo sistema vamos a demostrar si es que es verdad que la gente se enferma”, cuando anunció el racionamiento de medicinas. Corroborando así que pueden dormir mientras otros mueren como consecuencia de la ambición insaciable de riquezas de sus hermanos. Quizás los venezolanos nos enfermamos por afición y entretenimiento, pero la enfermedad del socialista humanista es mucho peor e incurable: es gangrena del alma putrefacta, necrosamiento de la sensibilidad humana, maldad ilimitada, en pocas palabras. Que sólo los conduce a la justicia del hombre y a la de Dios. Ambas les llegarán. Con absoluta seguridad.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


lunes, 20 de abril de 2015

Esclavitud




La teoría de Karl Marx nació como reacción a la esclavitud de la clase obrera europea de principios del siglo XIX, causada -según él- por el capitalismo en la Revolución Industrial y el Maquinismo. La jornada del trabajador, quien laboraba en condiciones infrahumanas, podía sobrepasar las 16 horas diarias, 7 días a la semana, y si acaso ganaba lo suficiente para subsistir enfermo y desnutrido. Su expectativa de vida era muy corta en relación al resto de la población. De tal régimen no escapaban ni mujeres embarazadas ni niños. El obrero literalmente entregaba la vida para apenas comer.
Marx especuló que eventualmente esa clase obrera explotaría en una revolución violenta contra la clase dominante, el empresariado capitalista, y tomaría el poder instaurando una dictadura del proletariado, como llamó a la clase obrera. Esa dictadura sería el socialismo. La sociedad socialista dominada por el proletariado a través de un Estado totalitario omnipotente, luego daría paso a una sociedad igualitaria, armónica, perfecta, feliz: el comunismo.
Pero la teoría marxista resultó ser nada más que las elucubraciones erróneas de una mente genial. Luego del Manifiesto Comunista de 1948 y de la publicación de “El Capital”, jamás tuvo lugar una revolución obrera. Las dos grandes revoluciones vividas por el mundo, la bolchevique (soviética) de 1917 en Rusia, y la maoísta de 1948 en China, no partieron de la clase obrera ni en países industrializados, sino de campesinos, intelectuales y militares.
Casi 170 años después de las obsoletas y erradas especulaciones de Marx, el capitalismo probó otra cosa. Las condiciones del trabajador mejoraron. La jornada se redujo a 8 y aun 7 horas, 5 días a la semana, logró tener vivienda decente, salud, alimentación, educación, entretenimiento, servicios adecuados. Mientras todos los experimentos marxistas fracasaban y causaban deterioro en las condiciones de vida de los ciudadanos.
Ante el error en la predicción de Marx, el marxismo buscó otros caminos, como la vía armada en Cuba, Vietnam y Camboya; países que tampoco eran industrializados ni tenían una clase obrera desarrollada como la europea del siglo XIX, que eran esencialmente rurales; pero en los que era posible explotar los vicios del colonialismo francés y, en el caso de Cuba, también el descontento popular con una dictadura depravada y corrupta como la de Fulgencio Batista, a los fines de establecer el comunismo.
El chavismo, con estrategias engañosas en cuanto a ideología pero en la tradición de Acción Democrática y otros partidos de la socialdemocracia latinoamericana populista (Chávez usó a los mismos adecos y copeyanos, a los que simplemente vistió de rojo), innovó usando la vía electoral para acceder al poder; esto es, luego de haberlo intentado por las armas en 1992. Con la bandera de la lucha anticorrupción, de la honestidad, del pluralismo, siguiendo “la tercera vía”, proponiendo un progresismo dentro del capitalismo en el que el empresariado sería clave, conquistó el voto de quienes alimentaban esa fantasía tan latinoamericana del militar de mano dura derechista que ponga orden en el relajo, el caudillo, la cachucha. El anhelo de todo hijo con pobre figura paterna: un padre dadivoso, un macho proveedor en virtud de milagros, ocupando la silla presidencial en Miraflores.

Y a ese fin se dedicó la élite dominante (hoy, muchos perseguidos, muchos colaborando), empresarios (hoy casi todos expropiados), dueños de medios (hoy acorralados), intelectuales (hoy descubridores tardíos del militarismo y el comunismo), académicos (hoy execrados y empobrecidos), y demás oportunistas de la sociedad venezolana que pensaban que podrían controlar cual marioneta al zambo que harían Presidente de la República. Estos y no los dóciles votos que simplemente obedecían al mercadeo de publicistas que entienden que el venezolano vota como cuando compra detergente, son los verdaderos responsables de la tragedia, de haber llevado a delincuentes de cuello azul, o mejor, marrón, al poder.
Así, el socialismo (o comunismo, da igual pues no es ninguna de las dos cosas) llegó al poder en Venezuela, en las últimas elecciones libres y aceptablemente limpias que vio el país, en 1998. Pero resultó que lo que inicialmente se llamó “el proceso” o –muy ofensivamente para la memoria de Simón Bolívar- bolivarianismo y más tarde, revolución bolivariana, no fue más que una operación de saqueo en escala nunca vista en la historia de la civilización; de destrucción de la economía y la fibra social por medio de políticas socialistas ya probadas como fallidas en todas las experiencias históricas de otros países, y de patrocinio del hampa y la inseguridad, también conocidas como “lucha social”. Todo, con el fin de destruir a las clases pensantes al modo estalinista -media, profesional, obrera, la burguesía­- y cultivar a la clase marginal, indigente, sin preparación para la vida social y el trabajo calificado (lo que Marx llamó lumpenproletariado); clase mendicante a la que se la debe mantener pobre ya que vota, y es dependiente de las dádivas con las que le compra los votos el Estado manejado por una nueva casta dominante compuesta por revolucionarios aburguesados, militares, testaferros, sanguijuelas oportunistas migradas de la democracia “puntofijista”, también clientes del mismo Estado expoliado. (El escándalo de Andorra pone en evidencia ante el mundo este modelo).
El grave error de la banda de delincuentes ineptos que constituyen lo que algunos temerarios se atreven a llamar “gobierno”, fue –en la ejecución de su Tierra Arrasada- no prever que los precios del petróleo podían caer de $100 por barril (imposible mayor imbecilidad). De manera que mataron la gallina de los huevos de oro y ya no cuentan con los recursos para revivirla, como planificaron. Al Capone se sentiría avergonzado de colegas tan torpes.
Como en todos -absolutamente todos- los experimentos comunistas de la historia, las políticas económicas de los revolucionarios humanistas con dólares en Andorra, EEUU y Suiza,  fracasaron. Estas políticas que autónomamente hubieran causado el colapso económico, contaron con el catalizador de la corrupción humanista y la ineptitud revolucionaria. Condujeron a la debacle que vive hoy Venezuela, signada por escasez (como la hay en Cuba o Corea del Norte y la hubo en la URSS y China), inflación y colapso de los servicios.
La inflación –pronto hiperinflación-, que en el capitalismo es reflejo del crecimiento sano de la economía mientras se mantenga en niveles bajos, en socialismo tiene causas estructurales y características totalmente distintas. La inflación conduce a que el pago que recibe el trabajador por su labor se deteriore hasta desaparecer, o hasta apenas ser suficiente para cubrir sus necesidades básicas de alimentación, para sobrevivir. Y cuando el trabajo sólo genera lo necesario para mantenerse con vida, se llama “esclavitud”. Por lo tanto, la inflación puede equipararse a la esclavitud.
De manera que la implementación de las especulaciones marxistas, especialmente la ejecutada por criminales, atracadores, saqueadores y forajidos iletrados, finalmente lleva a aquello a lo que Marx pretendía poner remedio: la esclavitud.
Deng Xiaoping se percató de esto en China hacia 1979, y este país viró abruptamente hacia el capitalismo, lo que le permitió ser la potencia capitalista que es hoy. Rusia también arribó al capitalismo, aunque de forma menos planificada, y se transformó en la sociedad más capitalista salvaje y corrupta del planeta. Y Cuba, la metrópolis del Imperio antiimperialista anticapitalista del cual somos colonia, en estos momentos está efectuando su viraje y pide sea aceptado su ingreso en el concierto de las economías capitalistas, al tiempo que aprieta su garra parásita y férrea sobre Venezuela por conducto de los dinosaurios traidores que dicen ser comunistas mientras esconden el dinero robado al pueblo esclavizado en Andorra.
Pero los esclavos -que no se saben esclavos aunque sin duda se sienten tales cuando reciben un pollo por una firma para salvar los reales del esclavista, o cuando compran un kilo de la desaparecida carne con 10% de su salario mensual-; los esclavos engañados que no sabían que al entregar sus votos trocados por la promesa de bienestar que el dueño del canal de televisión le llevó a su hogar, estaban decretando su esclavitud, sentirán hambre y rabia. Con el estómago tan vacío como los anaqueles de los mercados imposibles de surtir gracias a la ausensia de divisas que se fueron a paraísos fiscales en forma de botín, los esclavos muriendo de enfermedades imposibles de curar pues las medicinas desaparecieron porque sus dólares están en Andorra; reclamarán ese líquido viscoso compuesto por la hez de la escoria humana que corre por las venas de los esclavistas humanistas socialistas –en realidad esclavistas capitalistas que le exigen ser socialista al esclavo- que tienen sus cuentas bancarias en el Imperio y pagan propinas de cien mil euros, y que no es sangre.
¡Asco!
Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

domingo, 12 de abril de 2015

Money talks



Sucedió lo que todos -menos los chavistas- preveíamos: Nicolás puso una gigantesca en Panamá. Imposible mayor ridículo. Imagino que los hermanos colombianos han de sentirse muy avergonzados con la actuación de su paisano. Su sainete abarcó desde la alteración del orden público hasta la absoluta invisibilidad al ser ignorado por su supuesta presa, Barack Obama, pasando por una escena bufa que supera al genial filme Moon Over Parador, en el que Richard Dreyfuss encarna a un actor que posa de doble de un risible pero tiránico dictador latinoamericano, con bigote y todo, como lo exige el estereotipo hollywoodiano que tan bien personifica nuestro querido, torpe, bárbaro, maluco e ilegítimo cucuteño.

El chavismo –Hugo y sus herederos- tuvo la oportunidad más brillante de la historia venezolana para trascender como movimiento político haciendo de este país un modelo de desarrollo, “una potencia mundial” como gustan decir los ultracorruptos e ineptos chavistas emulando al Choro Supremo. Pero sus estrategias fueron criminal y a la vez, torpemente concebidas. Pensaron, por una parte, que podían destruir un país (Plan Tierra Arrasada) y sumirlo en el caos, para erradicar a la clase media y en general, a las clases pensantes, y sustituirlas con una nueva casta dominante muy corrupta pues se generaba a partir del clientelismo estatal, o sea, la corrupción administrativa, principalmente compuesta por jerarcas, militares, oportunistas, en fin, delincuentes que luego lo recuperarían de esa destrucción necesaria a sus fines. La clase obrera, la de trabajadores calificados, la que Marx llamó proletariado o dictadores en el socialismo científico, también es parte de esas clases pensantes, y en efecto, fue acorralada y sustituida por indigentes dependientes de dádivas del Estado, el lumpenproletariado de Marx, que hoy infectan PDVSA y todas las empresas socialistas incapaces de producir ni gasolina, ni azúcar, ni carne, ni champú, ni jabón, ni detergente, ni papel tualé.

El Plan Tierra Arrasada retrotrajo a Venezuela a las primeras décadas del siglo XX, desandando un difícil camino de 60 años que comenzaba a dar frutos en el desarrollo económico y que con toda seguridad daría todavía mayores de haberse continuado, corrigiendo sus indudables vicios.

Pero apartando la destrucción intencional del Tierra Arrasada, paralelamente el chavismo instauró políticas socialistas muy perjudiciales -como todos los experimentos marxistas de la historia lo han demostrado- que se sumaron al efecto destructivo.

Si a lo anterior se agrega la atroz corrupción de los hombres nuevos socialistas –jamás en la historia de la civilización un país había sido saqueado en tal magnitud- tenemos la fórmula perfecta para el fracaso y retroceso que ha significado el chavismo y que Nicolás colocó en la vitrina de la Cumbre de Panamá.

Por si fuera poco, las estrategias de política internacional del chavismo, producto en gran medida de la mente narcisista megalómana delincuente y psicopática de Hugo Chávez Frías, se basaron exclusivamente en comprar aliados con petrodólares. En el éter de su delirio de grandeza, criminal, irresponsable e imbécilmente el Expoliador Galáctico actuó como si los precios del petróleo permanecerían perennemente por encima de $100 el barril; lo cual es falso, según demuestran la experiencia e indica el sentido común.

Todos los chavistas, desde Hugo y  la familia Chávez hasta ese cabo alzado del 4-F, actuaron como el marginal que se ganó el Kino. Y así gobernaron. Se quitaron las chancletas de los pies para sustituirlas con Guccis, Audis y Hummers, pero jamás se las quitaron de la mente, cosa que ejemplifican muy bien los hijos de los jerarcas, y aun ellos mismos, en las redes sociales con su forma opulenta y ostentosa de vida, o en marchas contra el capitalismo a bordo de rojos Ferraris y BMWs.

A diferencia del chavismo que basó sus alianzas internacionales en los reales mal y fácilmente habidos en el premio gordo de lotería, el petróleo; que como todo premio de juego de azar tiende a ser efímero; EEUU fundamentó sus políticas en el trabajo, talento, productividad, desarrollo del capital humano y creatividad. En dólares sólidos que no son producto del álea.

Pacientemente esperaron durante 16 años agresiones, acusaciones falsas, amenazas, los “¡váyanse pal carajo gringos de mierda!”, alianzas con sus peores enemigos, como Irán y el terrorismo islamista. Pero finalmente, cuando todas las condiciones estaban dadas, el chavismo en su peor momento y el petróleo en caída libre, asestaron un golpe que promete ser mortal, del cual el Decreto Obama de emergencia nacional, los casos HSBC, Leamsy Salazar y Banca Andorrana fueron las primeras fases de su tracto sucesivo; y la Cumbre el escenario en el que se muestran los primeros resultados y se percibe el nuevo orden internacional.

EEUU tiene lustros trabajando en la definición de su rol en el cambiante contexto mundial. En estos momentos negocia con Irán, hasta hace poco su enemigo mortal, la distensión militar y nuclear, con la participación de Israel. Con Rusia –el verdadero enemigo de la cual el chavismo es sólo satélite-, país deteriorado por la ineficacia y la megacorrupción de la dictadura de Putin que ha socavado hasta lo más profundo la ética de la sociedad, y por la caída de los precios del petróleo, con el cual libra una guerra fría en nueva versión; trabaja en una détente que le permita continuar repartiéndose el mundo con su gran socio, China,  y con Japón y la UE. (No debe olvidarse que Irak y Siria, además de Afganistán, fueron de los últimos bastiones en el área de influencia de lo que una vez se llamó la Unión Soviética).Y en ese mundo más equilibrado para sus intereses que busca EEUU, Latinoamérica, su ámbito natural de control geopolítico, es esencial.

La Cumbre de Panamá fue también el escenario en el que EEUU mostró, o más bien le estrujó en la cara al chavismo, quién tiene el control de la situación. Las alianzas y lealtades compradas por Hugo y sus herederos duraron lo que duraron los petrodólares. La antiimperialista Cuba se casó con el Imperio compelida por la sequía de la teta exhausta venezolana, Caricom se volteó a favor de los dólares seguros de Obama y llegó al extremo de apoyar a Guyana contra Venezuela en la disputa del Esequibo. Brasil negocia con EEUU y Dilma Rouseff exigió la liberación de los presos políticos venezolanos. ¿Y Nicolás? Principalmente ignorado, al punto de que Obama ni siquiera se molestó en escuchar su discurso del cual era el tema recurrente ni lo nombró en el suyo. Además, evadiendo la prensa con unos ridículos dobles que todo el mundo sabía que eran dobles. Celebrando las protestas “del pueblo” contra Obama en las calles de Panamá, sin aclarar que “el pueblo” era una horda de malandros y boliburgueses chavistas (valga la redundancia) llevados por él desde Venezuela para sabotear la fiesta de Raúl y Obama. Y conmemorando en el barrio El Chorrillo, último refugio de los asesinos de la dictadura de Noriega cuando la invasión punitiva norteamericana, que fue atacado por los Marines para sacar a las ratas ahí atrincheradas que durante lustros sometieron al pueblo panameño.

El caso de Cuba, Guyana, EEUU y  EXXON requiere consideración especial. El Esequibo fue entregado por Hugo Chávez por órdenes de Fidel Castro, quien desde los años 60 pretendía ponerle la mano a los recursos de ese territorio (tema tratado en profundidad en El despojo del Esequibo http://leonardosilvabeauregard.blogspot.com/2013/09/el-despojo-del-esequibo.html). Luego de la independencia, Guyana pasó a ser gobernada por la izquierda afecta a la revolución cubana. Como predije hace unos meses, Cuba utilizó su influencia en Guyana y el Caribe para entregar los recursos de Venezuela como parte de la negociación con EEUU. De esta forma, el eje EEUU, Cuba, Guyana, acordó la explotación de la zona en reclamación, y concedieron contratos a EXXON, compañía norteamericana. Como sabemos, Caricom expresó su apoyo a Guyana el lunes pasado.

Puede estar seguro el lector de que las relaciones entre EEUU y China son sólidas y del mejor talante. Son los principales socios del capitalismo mundial, con un intercambio comercial de tal magnitud, que se han hecho interdependientes (EEUU es la principal fuente de ingresos de China, más que todo el resto del mundo, y China es el principal financista de EEUU). En otras palabras, se reparten el mundo. El decreto de Obama, así como cualquier medida militar o económica que contemple a Venezuela, fue discutido entre los dos países y los aliados asiáticos y europeos, ya que hace mucho dejaron los cañones y garrotes que hoy usa el chavismo para imponer sus ideas e intereses. Su lenguaje es el lenguaje universal del hombre: el dólar.

Ni siquiera las ridículas, nulas e inútiles firmas “contra el imperialismo”  recogidas por Nicolás a punta de fusil, extorsión, chantaje, violencia, amenazas y soborno, y luego dizque escrutadas y certificadas por Tibisay Lucena en una operación físicamente imposible de realizar en el tiempo disponible, sirvieron de consuelo. Tal como era previsible, resultarían inservibles. "Logramos", dijo Nicolás, "que Obama reconociera que Venezuela no es una amenaza" (cosa que el Departamento de Estado ha repetido hasta el cansancio desde el comienzo). Pero "el decreto no se ha derogado ni se derogará, y se está aplicando", expresó la Embajadora Roberta Jacobson.

Ni Moliére ni Rafael Guinand, mucho menos Mel Brooks, los hermanos Cohen o Ben Stiller, podrían acercarse con sus comedias a la realidad que nos exhibe el chavismo con sus líderes y actores de reparto. Hugo nos divirtió muchas veces con sus torpezas producto de la barbarie, el resentimiento, el odio, la carencia de formación y pobre inteligencia. Pero no hay duda, “su hijo” el paisano de Andrés Pastrana lo superó en este renglón. Aunque en algo tenía razón el Erudito de Sabaneta: Money talks. El dinero es el que habla. Y los gringos lo tienen en cantidades infinitas por la sencilla razón de que no lo ganan en la lotería, sino que lo producen a diario con trabajo, talento y con esa herramienta que el capitalismo exalta y el comunismo anula: la creatividad humana.

Los hermanos Castro lo saben, Caricom lo sabe, Irán lo sabe. Todos lo saben.

Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe