viernes, 13 de marzo de 2015

Un personaje de Pasolini




“No existe peor fascismo que el antifascismo”
Pier Paolo Pasolini

Cuando vi la película Saló, los 120 días de Sodoma no tuve consciencia de que obtenía un aprendizaje que me permitiría apreciar con claridad la más aberrante perversión del fascismo en un hecho de la trágica cotidianidad que vive Venezuela en las postrimerías de la fracasada revolución chavista, mal llamada bolivariana (Bolívar es capaz de revivir para exigir que su nombre sea removido de tan criminal y antipatriótico esperpento), en un momento en que la ruina económica, la descomposición social causada por la corrupción integral de los gobernantes agobian a la nación, y las potencias capitalistas cierran el cerco en torno a ellos, a sus relacionados y testaferros a lo largo y ancho del planeta, como lo evidencian el reciente decreto de emergencia nacional de Obama con respecto a Venezuela, los escándalos del HSBC y el Banco de Andorra, y la colaboración de Leamsy Salazar con la DEA, que representa la culminación de un trabajo de investigación por parte de los servicios de inteligencia de esos países, Israel y Japón.

En este filme considerado una obra maestra, el célebre cineasta italiano exhibe al desnudo, literalmente, de la manera más cruda la putrefacción y amoralidad del alma del fascista. Las orgías que no se detienen en la coprofagia, coprofilia y el asesinato; el sadismo sin límites; las terribles desviaciones sexuales; el ejercicio primitivo e ilimitado del poder sobre seres humanos inocentes; las mutilaciones… Fui de los pocos espectadores que permanecían en la sala al terminar la presentación. Jamás imaginé que 40 años después vería a la cara a ese fascismo que me mostró Pasolini en el degenerado rostro de Roy Chaderton.

En absoluto fue sorpresa que este maligno personaje (descarto que sea psicópata, como muchos ya manifiestan), siempre perteneciente a las filas de la democracia cristiana, pero que no tuvo que hacer el más mínimo esfuerzo para convertirse súbitamente al chavismo arrabalero comunista en el otro extremo del espectro político; albergara tan monstruosos pensamientos en la hez de la escoria del Universo que habita su cráneo. Siempre supe que lejos de estar vacío, su espíritu estaba colmado del detrito de lo peor de la humanidad. Pero debo reconocer que lo sobreestimé: sí me sorprendió su brutalidad, pues nunca creí posible que pudiera dar rienda suelta a sus bajos instintos en público, y menos en la televisión del Estado, con tanta impudicia. Por mera conveniencia no debía hacerlo.

Pero Roy “se disculpó” al día siguiente. Sus palabras fueron “descontextualizadas”, es la defensa accesoria a su disculpa. Quisiera que alguien me informara en cuál contexto se puede decir que “el sonido que produce (una bala) en una cabeza escuálida es mucho menor (que en la de un chavista), es como un chasquido porque la bóveda craneana es hueca” sin que tal depravación constituya una ofensa a los valores más caros de la civilización humana. Indudablemente “la disculpa” ya lucía peor que la falta original. Sin embargo, el flamante Embajador de la República Bolivariana de Venezuela ante la OEA, la voz que representa al régimen chavista ante los países del continente, fue más allá. Justificó su desmán diciendo que se trataba de “humor negro”. ¡¿Humor negro días después de que varios jóvenes vinculados a la resistencia aparecieran ejecutados con tiros en la cabeza?! ¡¿Humor días después de que unos padres perdieran a su niño de 14 años fulminado por un policía humanista con un disparo a la cabeza?!

En la era de YouTube, Internet, Twitter y la democratización del video, Roy fútil e inútilmente osó dar explicaciones a su ignominioso y alevoso comentario.

No escribo como escuálido, como opositor. Escribo como ser humano. A estas alturas del partido es idiota, además de falso, caer en la dialéctica que divide a Venezuela en chavistas y escuálidos. Ni aritméticamente esto es cierto. Las encuestas con cifras caducas de hace más de 3 meses –aun las manejadas por el G2 y los servicios de inteligencia de la dictadura- muestran un rechazo de 88% hacia el régimen chavista, con fuerte tendencia al incremento. La situación ya no es de chavismo versus oposición. Es enfrentamiento del Estado en manos de delincuentes con del ciudadano común; con todos los ciudadanos. Nadie está ya seguro frente a un régimen desesperado sin sustento popular que ve enemigos por doquier y que arremete nerviosamente contra todo lo que se mueva. Sencillamente, es inhumano justificar con un chiste negro, blanco o rojo, de cualquier color, y que devela las más abominables ideas de una personalidad trastornada epítome del fascista, el asesinato de una persona, chavista, escuálida, niní; de cualquier persona.

Al escucharlas, fue inevitable mi empatía con los padres de esos jóvenes asesinados e imaginar cómo los vieron y sintieron morir de nuevo, una y otra vez, en cada sílaba pronunciada por la bestia que los asesinaba iterativamente en la pantalla del televisor. Imaginar su dolor y el llanto al ver el atroz crimen perpetrado por el “diplomático”.

No tengo la más mínima duda de que las muertes de esos jóvenes y de todos los venezolanos que han muerto con balas a la cabeza durante estos 16 años en protestas contra la dictadura, estaban presentes, consciente o inconscientemente, en algún rincón de la mente podrida que tuvo el cinismo maligno, el desparpajo, la arrogancia y la sinvergüenzura de hacer burla y apología de un delito con vocación de genocidio, instigando así a cometerlo.

Tampoco tengo dudas de que el pensamiento de Roy es absolutamente consonante con el del liderazgo chavista, del cual hemos escuchado amenazas reiteradas de guerra civil, de la que el Comandante Eterno escribió en la cárcel de Yare que era “fratricida pero necesaria”. Y también frases como “Chávez era nuestro muro de contención, no se equivoquen, no saben las locuras  que estamos dispuestos a cometer”. Que ensalza las proezas de un terrorista que reconoce haber asesinado a 3.000 inocentes, como Carlos Ilich Ramírez, alias Carlos, alias El Chacal. Que justifica las matanzas de la dinastía Al Assad en Siria y de Saddam Hussein en Irak. Que exalta “la lucha” terrorista de Moamar Kadafi. Que patrocina y costea los crímenes de Al Caída, Hezbolá y otros grupos islamistas fanáticos. Que celebró la masacre de Joao Gouveia en la Plaza Altamira. Que…

Y es que fascismo es fascismo. Sea de derecha o izquierda. Es lo mismo, sólo cambia el color, rojo, negro, azul, pardo. Por esto no es sorprendente que un converso proveniente de la extrema derecha camuflado como demócrata-cristiano saltara con tanta celeridad y facilidad a la extrema izquierda del comunismo estalinista obsoleto y fracasado de hace 70 años.

La presencia de un ser con esta visión fascista genocida del mundo es incompatible con la propia existencia de un organismo como la OEA y la de su sistema de protección de Derechos Humanos. De manera que –en un mundo ideal- es de esperarse que si esta es fiel a su misión y objetivos, exija su retiro como Embajador de Venezuela. Lo contrario sería la negación de sus funciones. Tendremos la oportunidad de medir la honestidad de nuestros países hermanos y su compromiso con la democracia y la defensa de los Derechos Humanos.

No pensaba escribir sobre Roy Chaderton cuando conocí su abyecta declaración. Juzgué que no era necesario agregar nada a unas palabras que expresaban sin equívocos su terrible significado. Que holgaban los comentarios pues condenarían por sí solas al autor. Y que además, definían a la perfección al  monstruo fascista, digno chavista, que las profería. Mas cuando padecía la tortura del tráfico caraqueño pensativo detrás del volante de mi carro, el recuerdo de la asquerosa película vista sólo una vez en mi juventud invadió mi mente, y al fin comprendí que Pier Paolo Pasolini realmente no había creado aquellos corrompidos personajes. Simplemente los había tomado de la vida real, pues siempre han existido y siempre existirán. Representantes de esta estirpe han conducido a Venezuela desde 1999 hasta el despeñadero moral y material en que se encuentra hoy.

Resulta extraño que Roy hablara de esta manera en los momentos en que el régimen que representa ante la OEA, más que máxima debilidad, muestra señales de colapso. ¿Será que la embriaguez del poder lo ciega y lo hace incapaz de ver que esa dictadura de la que forma parte se derrumba a su alrededor? ¿O será justamente porque percibe ese desmoronamiento inexorable que se atreve a confesar la esencia putrefacta y amoral de su alma fascista?

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

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