martes, 10 de marzo de 2015

¿Quién los entiende?




Nadie entiende a los chavistas. Parecen niñas adolescentes malcriadas y enamoradas. Durante 16 años se dedicaron a insultar a los gringos. No escatimaban oportunidad para amenazarlos con bombardear la Casa Blanca. El “¡váyanse al carajo, gringos de mierda!” era uno de sus leitmotiv predilectos; “¡Venezuela se respeta!” Difícilmente pasaba una semana sin que les advirtieran que no les venderían “ni una gota más de petróleo” (promesa que jamás cumplieron ni se atreverán a cumplir porque son los únicos clientes que lo pagan puntualmente y al 100% de su precio). Y  todo aquel que osara pensar de manera diferente se ganaba el tradicional y poco imaginativo “lacayo del Imperio”.

Así, desde que tomaron el poder se esforzaron en su lucha antiimperialista, para la cual invirtieron todos los recursos del país (es decir, los que no se robaron o gastaron en fraudes electorales o comprando votos con limosnas y medidas populistas). Apoyaron las causas enemigas del Imperialismo Yankee. Financiaron el islamismo fanático de Al Caeda y Hezbolá. Mandaron a bailar y a quemar banderas del Imperio cuando tumbaron las Torres Gemelas. Se aliaron con Irán, Irak, Libia y Argelia para llevar el espionaje y el sabotaje terrorista a territorio imperial. La cónsul de Miami fue expulsada del Imperio por estas actividades.

Con orgullo, abierta y diariamente se declaraban enemigos del decadente Imperio y juraban no descansar hasta lograr su destrucción, que anunciaban a la vuelta de la esquina, al grito “Yankee, go home!”

Aunque no deja de ser curioso que ese odio al Imperio jamás fue óbice para que guardaran allá sus odiados pero ambicionados dólares bien habidos en su lucha antiimperialista, producto del asalto a las arcas de la nación. Tampoco que  compraran inmuebles y otras propiedades en territorio imperial. Mucho menos que viajaran con la familia entera, niñeras y guardaespaldas incluidos, a visitar a Mickey Mouse y al Pato Donald doce veces al año. Ni que invadieran los más lujosos Centros Comerciales del Imperio Capitalista llevando su mensaje socialista. Abundan las fotos de las infantas Chávez cargadas de bolsas de The GAP, Macy´s y Tiffany’s en la Quinta Avenida de Nueva York, que testimonian los sacrificios del humanista comunista antiimperialista, hombre y mujer nuevos, en su gesta emancipadora de los pueblos del mundo.

A lo largo de tres lustros los funcionarios norteamericanos jamás contestaron los insultos y se limitaron a desmentir de forma escueta las descabelladas acusaciones de sus maniobras en contra del “pueblo venezolano” (poco importa si las sanciones son contra pocas decenas de funcionarios chavistas, ellos son el pueblo, los demás somos noruegos). El Imperio soportó estoicamente las acusaciones de supuestas conspiraciones golpistas urdidas por este y sus aliados de la derecha fascista, el sionismo, la burguesía y la oligarquía, siempre acompañadas por coprolalias y escatológicos improperios, por cierto, muy trillados y propios del léxico comunista desde los comienzos el siglo XX.

Se quejaban de injerencia imperial cuando el gobierno norteamericano condenaba pública y oficialmente la censura chavista a la libertad de expresión o la existencia de presos políticos. Pero se indignaban cuando se les señalaba que financiaban la actividad de islamistas, terroristas cibernéticos o las protestas en las ciudades contra los “ricos” de Occupy Wall Street y el Movimiento 15-0 contra EEUU en territorio gringo.

Pero el 8 de marzo los gringos decidieron complacerlos, creían ellos. Les anunciaron que los tomarían en serio. Quizá movidos por todos los casos de corrupción y flujo de capitales mal habidos, provenientes de corrupción y narcotráfico hacia su país. Quizá por los casos de estafas con empresas e instituciones financieras del Estado venezolano en territorio imperial. Quizá por las imputaciones a Diosdado Cabello y el Cartel de los Soles. Quizá por el financiamiento y apoyo logístico a las redes terroristas de Al Caeda, Hezbolá y otros grupos fanáticos islamistas humanistas revolucionarios. Quizá por las flagrantes violaciones de Derechos Humanos en Venezuela, por la muerte de 43 inocentes en 2014 y 7 jóvenes más en 2015. Quizá por el vil asesinato del niño Kluisberth Roa bajo el paraguas de la infame Resolución 008610 del general Padrino. Quizá por la detención de Antonio Ledezma que se une a Leopoldo López y a otros 80 presos políticos. O quizá hartos de escuchar tantas pendejadas. Obama emitió su decreto presidencial con carácter de Ley “Declaration of National Emergency with Respect to Venezuela” (Declaración de Emergencia Nacional con Respecto a Venezuela”), oficialmente declarando al gobierno venezolano y a todos sus funcionarios enemigos de los Estados Unidos de América.

De esta manera, Nicolás, junto con su combo de forajidos transnacionales, se unió al exclusivo club del que han sido miembros otros luchadores humanistas internacionalistas revolucionarios como Saddam Hussein, Moamar Kadafi y Manuel Antonio Noriega. Pero con diferencias. A los regímenes de esos sátrapas se les imputaban solamente uno o dos de los delitos contra la humanidad por los que se le señala al venezolano. A Saddam se le acusaba de financiar el terrorismo y desestabilizar, además de violación de Derechos Humanos. A Noriega, narcotráfico y violación de DDHH. A Kadafi, terrorismo. A nuestros tiranos criollos los acusan de narcotráfico, financiamiento y apoyo al terrorismo, y violación de Derechos Humanos; las tres peores plagas que amenazan a la humanidad en esta época. Tres de tres.

Pero sucedió lo inesperado. Lejos de celebrar con bailes, reguetón y cohetes la distinción que le hacen sus odiados enemigos, ¡se quejaron de la agresión al “pueblo de Venezuela”! Patalearon, gritaron, gimieron, lloraron, insultaron, como novias engañadas. De la boca para afuera y con caras largas, en una cadena nacional que parecía más una escena de duelo colectivo que una reunión de gobierno, manifestaron su desprecio por las sanciones. El tono, la expresión corporal, las palabras de Nicolás y la actitud de sus cómplices en el velorio televisado sólo denotaban temor. Al acto de solidaridad revolucionaria en la pena y el temor, se unió tardíamente Diosdado Cabello, uno de los favoritos de la DEA, si son ciertos los señalamientos de Leamsy Salazar. Como es costumbre cada vez que se ven en público, Nicolás hizo su declaración de amor a Diosdado, negando las especies tendenciosas de que son enemigos a muerte. Sólo faltó el beso después de la risa nerviosa del teniente. 

El decreto de Obama define claramente quiénes son los afectados y considerados enemigos: solamente los funcionarios del gobierno venezolano y los 7 nuevos sancionados, exclusivamente, que se suman a los 56 anteriores. De manera que afirmar que la medida es contra el pueblo venezolano cuando en realidad es contra los delincuentes que lo oprimen, es falaz.

Sólo resta lamentar que los siete funcionarios humanistas socialistas antiimperialistas sancionados –“el pueblo venezolano”, según ellos- no podrán disfrutar de sus riquezas escondidas en el odiado Imperio, ni podrán entrar en su territorio para vacacionar o cuando tengan que huir de sus pares. Y lo más grave es que todos acababan de recibir el ansiado correo de aprobación de su ingreso en el Club de Mickey Mouse. No es justo.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe


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