sábado, 21 de febrero de 2015

Supernova




La Supernova –el evento de mayor liberación súbita de energía en el Universo- es la formidable explosión que precede a la muerte de una estrella cuando ya ha agotado el combustible para la fusión termonuclear, justamente antes de colapsar y pasar a ser una diminuta y moribunda estrella de neutrones incapaz de emitir luz, o morir convertida en un infinitamente pequeño y denso agujero negro del cual no escapa nada; una singularidad invisible cuya existencia sólo se percibe por las distorsiones que causa en su vecindad. El instante previo a la extinción de una estrella masiva es también el más fulguroso y destructivo, y puede ser visto desde todos los rincones del Universo. 


En las tres últimas semanas el régimen chavista ha explotado con la violencia de una supernova. La onda expansiva de la explosión alcanzó a Europa, EEUU y Colombia. Su efecto destructivo afectó a empresas, empresarios, políticos, estudiantes, activistas, tuiteros, a todo aquel –local o extranjero- que expresa su opinión contraria al pensamiento único comunista, propio de tiempos idos para el resto de la civilización, con excepción de Corea del Norte, ya que hasta Cuba lo está abandonando.


ABC de España informó la fuga del capitán de corbeta Leamsy Salazar para señalar ante la DEA a Diosdado Cabello como el capo del narcotráfico al frente del Cartel de los Soles, lo cual provocó el ataque contra EEUU por “injerir en los asuntos internos de Venezuela ofendiendo al pueblo venezolano” (¡¿Diosdado es Venezuela y también es el pueblo venezolano?!), amenazando al único cliente comprador y pagador puntual de nuestro petróleo, con cesar las exportaciones hacia ese país.


Una semana después el diario El País de España devela la información acerca de depósitos irregulares, dinero oculto, por parte de Alejandro Andrade, ex Tesorero Nacional e íntimo colaborador de Hugo Chávez, y Marco Torres, actual Viceministro de Economía, en la sucursal suiza del banco HSBC, por cierto, la entidad bancaria con la reputación más oscura en el mundo, por ser la preferida de narcotraficantes, delincuentes de toda índole, lavadores de dinero, políticos corruptos y evasores de impuestos.


Las noticias de estos dos rotativos españoles impulsó, en una maniobra desquiciada sin precedentes, la pretensión de Nicolás de extorsionar al gobierno de Madrid bajo la amenaza de que las compañías españolas radicadas en Venezuela serían expropiadas si no silenciaba los medios de comunicación que intentaran publicar noticias comprometedoras “contra Venezuela” (vale decir, contra funcionarios revolucionarios corruptos). La respuesta del gobierno español fue la propia que se le da a cualquier extorsionista: rechazó el chantaje con el argumento de que la libertad de expresión es sagrada en España, advirtiendo que protegería los intereses de sus empresas nacionales en nuestro país.


El caricaturista colombiano Vladdo publicó una genial caricatura en la que mostró el Escudo de la Patria de Venezuela en su forma original, “antes”, comparado con otro de aspecto ruinoso, “después”, que ilustra la destrucción criminal que ha significado el régimen chavista “bolivariano” para la cuna de Bolívar. La insólita reacción de Nicolás fue vociferar durante quince minutos en cadena nacional denunciándola como parte de una conspiración internacional fascista de la oligarquía colombiana en combinación con el imperialismo norteamericano. Llegó al extremo de exigirle al gobierno colombiano que impidiera la publicación de material “contra Venezuela” (el chavismo, el cucuteño y Diosdado son Venezuela) para no comprometer las relaciones entre los dos países.

Nicolás se granjeó conflictos internacionales por pretender exportar la censura mediática de su dictadura a países en los que imperan las instituciones democráticas. El hitlercito tropical cavernario no tiene idea de cómo funciona el mundo desde que finalizó la Edad Media, y ni hablar en el siglo XXI. Sería expulsado hasta del más arrabalero club de dictadores por sus brutales desafueros.


Pero lo peor ha sido la violenta ola represiva desatada en el país contra la disidencia. Tres estudiantes universitarios que habían sido detenidos en protestas aparecieron ejecutados con las manos atadas, al estilo de Cara’e Piña Noriega. Leopoldo López, ilegalmente secuestrado por un año que se cumplió el 18 de febrero, fue trasladado a los sótanos del SEBIN desde la prisión militar de Ramo Verde como castigo por haber concedido una entrevista telefónica a CNNE. Sentenció Nicolás: “para que esté aislado del mundo y de CNN”, o sea, confesando impúdicamente que viola sus Derechos Humanos.


El caso de Antonio Ledezma –a quién no es arriesgado vaticinar que seguirá María Corina Machado- es la más reciente violación del Estado de Derecho. Ayer fue sacado a golpes y tiros de su oficina por un contingente de 150 hombres armados del SEBIN que lo llevaron a La Tumba de Plaza Venezuela. Es curioso que Nicolás anunció que la detención había sido ordenada “por la Fiscalía” por su participación en la redacción de una carta pública que plantea la transición a la democracia, en la que firma junto a María Corina Machado y Leopoldo López. Si se trata de un procedimiento secreto de acuerdo a las leyes que no debe ser de conocimiento del Ejecutivo, ¿por qué el cucuteño conoce la naturaleza de las imputaciones? Ya ni siquiera guarda la forma. Y lo más grave es que se atrevió a decir, en vista a la vacante generada por la detención de Ledezma, “llamaré a elecciones”. ¡Llamará a elecciones! ¿Acaso llamar a elecciones es atribución del Poder Ejecutivo? ¿Llamar a elecciones no es función del Poder Electoral?


Sean producto de deslices o actos intencionales de total impudicia, el cucuteño ilegítimo  inequívocamente expresa en sus declaraciones que ejerce el control del Poder Ciudadano y del Electoral; por cierto, del mismo CNE encargado de conducir el proceso electoral para las próximas parlamentarias.


La emisión por parte del Ministro para la Defensa, Vladimir Padrino, de la infame Resolución 8610, por medio de la cual el propio Ejecutivo, en violación de la Constitución Nacional y los tratados internacionales, se autoriza a sí mismo a reprimir con armas de fuego protestas públicas, o sea, a violar Derechos Humanos, es otro destello de esta explosión de desmanes, atropellos, transgresión de leyes, represión, desafueros, torpezas y excesos que experimenta el régimen.


El desbocamiento caótico de la dictadura que ya no se detiene en guardar apariencias  de democracia; que se ha desenmascarado ante la nación y el mundo como satrapía sanguinaria inescrupulosa; que se muestra errática y desorientada; que arremete a diestra y siniestra contra enemigos reales o imaginarios –sobre todo contra estos últimos-, locales o foráneos; que pretende aplicar sus procedimientos totalitarios hasta en países remotos; que viola Derechos Humanos y anuncia que lo seguirá haciendo en magnitud genocida con la perversa Resolución 8610; es la formidable explosión final que será seguida por la inexorable reducción de esta depravada revolución al agujero negro que siempre debió ser y que será para la historia; a su muerte.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe


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