miércoles, 25 de febrero de 2015

El comunista




Las pancartas en las manifestaciones chavistas a favor de Carlos Ilich Ramírez, alias El Chacal, se leían “luchador humanista antiimperialista socialista internacionalista” (nunca entendí lo de “internacionalista”), para celebrar al héroe comunista que orgulloso se acredita la muerte de unos 3.000 inocentes, hombres, mujeres, niños, ancianos, bebés, que tuvieron la mala suerte de estar en alguno de los lugares públicos que bombardeó.


Cuando algún político o funcionario de ideología distinta a la marxista o sin ideología denuncia o apresa a un terrorista marxista, automáticamente el comunista lo califica fascista o derechista. Y aun lo es sin atacar al terrorista o corrupto de izquierda. Es suficiente que alguien no sea marxista para que se haga acreedor de los tradicionales y trillados insultos marxistas que han permanecido inmutables por más de un siglo: fascista, burgués, oligarca, reaccionario, derechista, imperialista.


Basta que alguien se proclame socialista antiimperialista para que la izquierda internacional le otorgue licencia para matar y celebre sus atroces crímenes. Pero no como la licencia de James Bond que difícilmente lo autoriza a matar más que a unos pocos miles de malandros en todas sus películas. No. Estamos hablando de una patente en gran escala. Millones de muertos. Cien millones ha matado el marxismo en el siglo XX, para ser exactos. Entre Stalin, Mao, Pol Pot, los Kim Jong y los Castro acumulan cómodamente esa cifra.

Hafez Al Assad se declaraba socialista (del Partido Socialista Árabe, Baath), lo que lo autorizó a matar a cientos de miles de sirios, a 40.000 solamente en la masacre de Hama. Su hijo Bashar, el Carnicero de Damasco, tiene derecho a continuar su matanza pues también es socialista. Saddam Hussein recibió loas de la izquierda mundial por masacrar a 10.000 inocentes con gas nervioso en Halabja, pero claro está, Saddam también era socialista militante del Baath. Stalin fue un verdadero héroe. Sus purgas, represión y hambrunas causadas por la economía de soviets (sistema de comunas) mataron a casi 50 millones de almas. Mao, uno de los grandes modelos del chavismo, también puso su granito de arena: más de 45 millones de chinos murieron fusilados por sus persecuciones y la Revolución Cultural, y por la hambruna causada por su Gran Salto Adelante (sistema de comunas). Pol Pot simplemente los mandaba a ejecutar en cualquier sitio, usar lentes era suficiente crimen para merecer la pena de muerte sumaria en medio de la calle; se presumía que quien los usara era capaz de leer y escribir, es decir, de pensar. Con respecto a los Castro huelgan los comentarios,   sólo diré que no contentos con el genocidio en su paupérrima isla, ahora lo están perpetrando en Venezuela por obra de sus depravados títeres.


El comunista se piensa poseedor monopolista de la verdad y, sobre todo, del bien, de “su bien”. Se cree un ser superior paternal, conductor de un minusválido pueblo incapaz de decidir lo que más le conviene. Y es que el comunista es el que sabe qué es lo que más le conviene al pueblo y, por supuesto, lo que más le conviene al pueblo es su comunismo. El comunista –una suerte de Luis XIV, de déspota no ilustrado, especialmente si es chavista- es el pueblo y el Estado. De manera que el comunista no tiene más alternativa que asesinar a todo aquel que no sea comunista y tenga el atrevimiento de manifestarlo, por el bien del pueblo. Y –por reducción al extremo- a asesinar a todo el pueblo por el bien del pueblo, por amor al pueblo. Ese ha sido el caso a lo largo de todos los experimentos fallidos de implantación del comunismo, o sea, de absolutamente todos los experimentos de implantación del comunismo. Es el caso de Venezuela, en donde los sondeos de opinión, incluyendo a los de los servicios de inteligencia del régimen y el G2, arrojan un rechazo de 90% hacia la dictadura y el comunismo, esto es, en base a cifras de hace casi dos meses, cuando los datos fueron levantados. Hoy el porcentaje de rechazo debe ser aún mayor, pues esa era la fuerte tendencia que traía desde los meses anteriores. Y los comunistas criollos están dispuestos a matar a esa alta proporción de venezolanos por su propio bien.


Hemos pensado, debido a las observaciones de más de 100 años de historia, que el comunista mata por sus convicciones ideológicas. Es movido a destruir y asesinar, suponíamos, exclusivamente por su delirio criminal de hacedor del bien y poseedor de la verdad. Pero tanto la reciente voltereta de los Castro que se han plegado al imperialismo capitalista compelidos por el pragmatismo económico, como las amplísimas demostraciones de corrupción del chavismo en estos 16 años, prueban más allá de toda duda que el principal móvil del comunista es la ambición desmedida de lucro personal. Mata por dólares.


Siete jóvenes fueron asesinados esta semana. Por dólares. Ayer, estrenando la Resolución 008610 firmada por el heroico general Padrino, un policía a las órdenes de Vielma Mora mató al niño Kluisberth Roa. La 008610 delega en el criterio del esbirro la interpretación acerca de qué constituye “amenaza potencialmente mortal” para neutralizarla con arma de fuego. El PNB Javier Mora Ortiz, junto a sus también indefensos colegas, frente a la protesta de los estudiantes en Táchira, lógicamente concluyó que el niño aterrorizado escondido debajo de un vehículo era una amenaza mortal, de manera que no tuvo más opción que sacarlo de su escondite y meterle un misericordioso y muy justo tiro en la nuca. Los sesos ensangrentados de uno de nuestros hijos, del futuro de Venezuela, quedaron en el pavimento para testimoniar el amor al pueblo de la dictadura chavista comunista.


Nicolás expresó su condena al hecho en cadena nacional. No sin antes mencionar que los desvalidos policías fueron atacados por los feroces y peligrosísimos estudiantes desarmados. Al sentirse amenazados, los pobres esbirros se vieron obligados volarle la cabeza al niño Roa. Luego, muy noble y consideradamente con el muerto y sus padres, justificó el asesinato con la acusación de que el casi púber era miembro de una secta derechista (¡derechista, qué sorpresa!); o sea, que merecía morir bajo la óptica marxista pues era un niño fascista. Acto seguido contó algunos chistes y rio entusiastamente.

Jamás he podido explicarme por qué misteriosa razón estos depravados que temporalmente nos oprimen y asesinan piensan que nunca les llegará la hora de enfrentar la Justicia Penal Internacional y Nacional. Menos entiendo por qué piensan que pueden auto-concederse patente para asesinar, cometer genocidio y, en general, violar Derechos Humanos con una resolución ministerial (ni con una nueva Constitución podrían violentar esos derechos).


Lo que sí es seguro es que el perpetrador, toda la cadena de mando, toda la jerarquía del régimen, los delincuentes que pretendieron darle “sustento jurídico” al asesinato, los que ordenaron la represión armada de la protesta, y el amoroso Nicolás, ya son reos de delitos de lesa humanidad, enfrentarán juicio en la Corte Penal Internacional y tienen reservadas con nombre y apellido sus frías celdas en la hermosa ciudad neerlandesa de La Haya.


Y arderán en la llama eterna.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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