viernes, 2 de enero de 2015

Terror




Terror fue lo que sentimos los venezolanos el 30 de diciembre en la noche cuando Nicolás Maduro hizo una cadena nacional para “tranquilizar” al país “anunciando que haría unos anuncios” económicos en enero. Pero esto no fue lo que paralizó de pánico y causó retortijones intestinales y náuseas a los pocos venezolanos que se tomaron la pesada tarea de escuchar esta última monserga retórica del semianalfabeta y oligofrénico tirano. Lo que realmente los llevó al botiquín de primeros auxilios en busca desesperada de Lexotanil, Prozac, Loperam y Buscapina fue que informó que asumiría la dirección de la conducción de la economía del país al frente del Estado Mayor Económico (los comunistas adoran los términos militares, no las usan, pero se rinden ante las botas con pantalón militar). Es decir, el conductor de autobús que no terminó tercer año de bachillerato y solamente cuenta con entrenamiento ideológico y guerrillero en Cuba como educación “superior”, “conducirá” lo que llamó “la recuperación” de la aniquilada -por él y “su padre”- economía de este expoliado país, víctima de las perversiones del marxismo; teoría o más bien especulación, que la experiencia de otros países ha demostrado falsa, inviable, mortal y delirante.


Sin especificar qué haría, anunció que “optimizaría” el sistema cambiario, lo que sea que esto signifique, puesto que optimizar puede ser maximizar o minimizar. Esta es una vacua y estúpida amenaza pues el único sistema cambiario que funciona es que no exista sistema cambiario más que el equilibrio resultante del comportamiento de la Balanza de Pagos y de la economía interna.


De manera que este “anuncio del anuncio” ya nos da una idea de que no habrá rectificación del curso fallido que llevó al país al borde del abismo en el que ya está cayendo vertiginosamente y, por cierto, en una caída que se llevará consigo a esta nefasta dictadura y pondrá fin a la orgía corrupta, disparatada y psicopática que es la dizque revolución dizque bolivariana. El significado inequívoco de las palabras de Maduro es que persistirá en la implantación de un sistema del cual desde China hasta Rusia han huido y ahora Cuba está escapando.


El único plan económico de recuperación posible obligatoriamente ha de partir de un viraje abrupto en dirección contraria a la ruta comunista que han impuesto criminal y fanáticamente en contra de la voluntad popular estos dinosaurios del pensamiento humano que nos desgobiernan.


Son necesarias medidas opuestas a la doctrina comunista: Liberación de mercados incluyendo el cambiario generador de distorsiones, inflación, devaluación y extrema corrupción; restitución de la seguridad jurídica con respeto a la propiedad privada y políticas fiscales, que estimule la inversión nacional y extranjera; apertura económica y eliminación de normas restrictivas como los controles de precios causantes de escasez, inflación, corrupción y contracción económica; y –un requisito tabú para el comunismo- descentralización de la actividad económica reduciendo el Estado a ente regulador y facilitador que provea la infraestructura y las normas mínimas necesarias para el funcionamiento económico-social, incluyendo planes sociales de transferencias para reducir el impacto en el proceso de recuperación para los estratos más vulnerables de la sociedad.


Venezuela requerirá ineludiblemente un “Plan Marshall” como el desplegado en la reparación de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial, que insufló ingentes cantidades de recursos en las economías de todos los países europeos, aun los derrotados. No escapará de un programa de medidas del FMI, cuya ayuda, quieran o no los anticapitalistas jefeados hasta hoy por los recientemente plegados al capitalismo cubanos, se verán obligados a implorar si es que logran sostenerse en el poder con un pueblo enardecido por el hambre y la miseria, y sobre todo, por el engaño.


Un tema insoslayable es el de la deuda total del Estado y sus empresas, en especial, PDVSA, quien debe más de $ 80.000 millones. Esta deuda total incluye la externa y la interna, montante –que se sepa pues la contabilidad de las finanzas públicas y en particular, FONDEN, es oculta dolosamente en contravención a la Constitución y las leyes- a alrededor de $ 350.000 millones. Como es previsible que la situación será insostenible y que un nuevo gobierno de cualquier índole deberá constituirse, nuestros juristas tendrán que estudiar y dictaminar si procede el desconocimiento de la deuda contraída en violación del Ordenamiento Jurídico del País, comenzando por el constitucional, con acreedores de mala fe e ilegítimos como es el caso de China, que no podrá alegar su propia torpeza por “desconocer” las normas venezolanas que impiden la contratación en las condiciones suscritas, como en el llamado Fondo Chino, claramente violatorio de estas.


Un aspecto extremadamente delicado se asomó torpe e imprudentemente en el discurso del señor Maduro, seguramente por incontinencia heredada de “su padre” y por confesión de su inconsciente en un rendimiento fallido muy freudiano. Una profecía que veremos autocumplida; nombró la soga en la casa del ahorcado: el incapaz dictador permitió que aflorara su temor justificado al default, es decir, a la cesación de pagos y entrada en atraso en las obligaciones del país. Dijo que el default es urdido por la derecha mundial para lesionar la revolución y que no ocurriría; que era esta derecha la que tenía el  “default mental”.


La realidad es que es inevitable una catástrofe social. Que no existe fuerza que pueda impedir ese default que anticipó inconscientemente Maduro. Que nada evitará que haya un estallido en la sociedad acosada por la hambruna que muy probablemente enfrentaremos en 2015, derivada del total colapso económico causado no solamente por las perversiones, incapacidad y corrupción comunistas, sino por la caída indetenible del precio del petróleo que ya está en $ 48, como orgullosamente informó el cucuteño, que representa una tragedia para la economía y para el propio desgobierno que, si con el precio en $ 100 tenía un desempeño catastrófico, a ese nivel no podrá sostenerse y menos financiar las misiones que han mantenido apaciguado al pueblo que le vendió su voto. No es temerario predecir que ese pueblo traicionado, desengañado y hambriento se alzará contra los mismos “revolucionarios” a quienes llevó al poder obedeciendo al mercadeo patrocinado por la oligarquía, el empresariado y la intelectualidad que soñaban con beneficiarse de Hugo Chávez, un pardo a quien podrían controlar.


Con toda probabilidad los “anuncios que anunció” Maduro catalizarán el deterioro económico y el eventual colapso que se aproxima. En consecuencia, debemos prepararnos para un cataclismo como no ha vivido Venezuela en toda su historia moderna, que nació en 1903 con la derrota del caudillismo y el final de la sucesión de revoluciones que sumieron al país en guerra civil durante buena parte de la segunda mitad del siglo XIX.


La llamada revolución bolivariana decretó su propia muerte desde el mismo momento en que Hugo Chávez depravadamente prometió que freiría las cabezas de hermanos venezolanos y obtuvo el poder para instaurar su dictadura de la mayoría (que también es dictadura); desde el mismo momento en que decidió entregarse y entregar el país a Cuba y China; desde el mismo momento en que utilizó medios inconstitucionales y fraudulentos para aferrarse al poder; desde el mismo momento en que decidió comprar al pueblo con los recursos del Estado despilfarrándolos como si fueran ilimitados; desde el mismo momento en que decidió promover la corrupción que le garantizaría el apoyo de distintos sectores, incluyendo el militar, y la creación de una nueva casta dominante; desde el mismo momento en que decidió comprar su fama y reputación como libertador de Latinoamérica y los pueblos oprimidos del mundo a un costo inmenso para la nación; cuando sembrando odio dividió profundamente la sociedad en “ellos” y “nosotros” para ofrecer en sacrificio chivos expiatorios como la burguesía; cuando decidió quemar los últimos recursos disponibles en las Arcas Públicas para pagar la onerosa campaña electoral cuando fue reelegido en las últimas eleciones presidenciales que ganó; y sobre todo, desde el mismo momento en que decidió ordenar el plan Tierra Arrasada para destruir la fibra social -las clases pensantes, profesionales y trabajadoras, que siempre son una amenaza para el comunismo-, por medio de la inseguridad y la ruina económica con sus hijas inflación y escasez. En otras palabras, desde que decidió la destrucción total de la madre Venezuela que no es más que la autodestrucción.


La revolución bolivariana, esa orgía fraudulenta y excusa para asaltar la Cosa Pública, como en el mito del alacrán acorralado por el fuego, se suicidó.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe




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