sábado, 31 de enero de 2015

Goodfellas



El caso de Henry Hill fue inmortalizado en la película Goodfellas de Martin Scorcese. Este personaje de la vida real fue un mafioso de la familia Lucchese que no pasó de soldado por no ser de ascendencia italiana por el lado paterno. Principalmente se dedicaba al robo y participó en los famosos casos de los atracos a Air France y Lufthansa. Luego, en contra de la política de la familia, se dedicó al tráfico de drogas y eventualmente se hizo adicto a la cocaína, lo que causó que perdiera la confianza de los capos. Ante el peligro que se cernía sobre él y el temor de ser ejecutado por sus compañeros de la mafia, luego de ser capturado Hill decidió entrar en el programa de protección de testigos y obtener inmunidad a cambio de la delación de sus cómplices. El testimonio y las pruebas suministradas por Henry Hill condujeron a 50 condenas, incluyendo la del capo de la familia, Paul Vario.

El sistema de justicia norteamericano tiene amplísima experiencia en la negociación de reducción y redención de penas a cambio de información conducente a la condena de las altas jerarquías de las organizaciones delictivas. Otros casos famosos son los de Joe Valachi en 1963, que dio información contra las familias Genovese y Lucchese que llevó a prisión a sus jefes; y Sam Gravano, cuyo testimonio condenó a John Gotti, capo di tutti capi de la familia Gambino. En todos los casos en que las autoridades de EEUU han procedido de esta manera lo han hecho previa evaluación meticulosa del cúmulo de pruebas presentadas por el testigo, y si estas no son validadas y contundentes, no aplican los beneficios e imputan al sujeto si el caso lo ameritare.

El pasado 29 de enero el mundo entero fue estremecido por la noticia publicada en el diario ABC de España con relación a que el capitán de corbeta Leamsy Salazar había huido a EEUU para prestar testimonio y presentar pruebas en contra de Diosdado Cabello y el llamado Cártel de los Narcosoles, así como también contra Tareck El Aissami, como resultado de prolongadas negociaciones con la DEA a lo largo de casi un año. Salazar fungía de jefe de seguridad de Cabello y tuvo el mismo cargo sirviendo para Hugo Chávez durante 12 años. La sorpresa de la noticia yace en el hecho de que un oficial de tan alta graduación y  pieza clave del entorno íntimo del Presidente de la Asamblea Nacional se haya atrevido a tan peligrosa maniobra, y no en las imputaciones por él señaladas, ya que siempre había existido el rumor de que este cártel existe, de quiénes son sus miembros y de que Cabello era el capo. Por cierto, portavoces del Departamento de Estado no negaron ni confirmaron la noticia, se limitaron a declarar oficialmente que la misma “era consistente”.

Tomando en cuenta la historia del sistema de justicia criminal norteamericano, la conclusión es que la DEA y los fiscales a cargo encontraron méritos suficientes y evidencia incontestable para aprobar el ingreso de Leamsy Salazar en el programa de protección de testigos a cambio de las pruebas por él suministradas.

La huida de Salazar, precedida por las de Eladio Aponte Aponte y Rafael Isea, hizo temblar al chavismo y causó las respuestas previsibles y esperadas por parte de Cabello y la alta jerarquía del régimen, siempre el mismo guión: Salazar era un infiltrado y traidor al servicio del Imperio y la oposición, y en un alarde de creatividad del Presidente de la AN, el asesino de Hugo Chávez, usando como arma el famoso rayo cancerígeno del que hablaba el ignorante comandante.

Algunos analistas señalan que se trata una maniobra del ala antimilitarista-madurista de comunistas radicales leales a Cuba urdida por Raúl Castro, para neutralizar un posible movimiento militar contra Maduro, aunque este último expresó su apoyo a Cabello. Sin embargo, siendo Salazar un militar disciplinado con excelente hoja de servicio, es más probable que temiera por su seguridad al ser testigo de los delitos de Cabello, el Cártel de los Soles y El Aissami; esto coincidiría con el testimonio de la madre de Salazar, quien declaró que su hijo desde hacía un tiempo le hablaba de pedir la baja pues estaba asqueado de la gente para quien trabajaba.

En cualquier caso, el daño al ya tambaleante régimen chavista es en extremo grave. El desprestigio ante el mundo en momentos en que la debacle económica con toda seguridad hará necesaria la intervención de organismos internacionales, lesiona gravemente a un Estado ya considerado forajido por las violaciones de las libertades civiles y los Derechos Humanos; que ya está desacreditado por el manejo irresponsable y doloso de la economía; y que ahora se presenta ante el concierto de las naciones como narcotraficante. Es muy difícil que tanto el pueblo venezolano como los gobiernos extranjeros distingan entre Cabello –quien ha sido observado actuando despóticamente en la AN- y Maduro, al que le será imposible argumentar que desconocía las actividades de los narcosoles, que con seguridad también conoció Chávez (“yo sé todo lo que pasa en este país”), pues la corrupción fue su inveterada política para comprar lealtades. Son los dos capos máximos del gobierno chavista, independientemente de que estén enfrentados, como en efecto lo están.

Es necesario relacionar este caso con el de Manuel Antonio Noriega. El exdictador panameño operó como triple agente en funciones relacionadas con el narcotráfico. En principio estuvo en la nómina de la CIA para adquirir y traficar drogas del Cártel de Cali hacia EEUU, con el objeto de recaudar fondos para financiar armamento para los Contras de Nicaragua adquirido a través de Irán, en lo que se conoció como el caso Irán-Contras, por el que fue imputado el coronel Oliver North, adscrito a la Casa Blanca y oficial a cargo de la operación durante el gobierno de Ronald Reagan. Pero Noriega extendió sus actividades a una sociedad con Fidel Castro, quien con la caída del Imperio Soviético se vio desesperado por divisas. Castro justificaba sus actividades de narcotráfico –por las que terminó fusilando al popular general Arnaldo Ochoa y a su hermano para cubrirse- como parte de la guerra contra el Imperio. Noriega terminó siendo incómodo para la CIA, EEUU perdió control sobre su socio y procedió a invadir Panamá para capturarlo. Todavía Cara’e Piña Noriega se pudre en prisión por narcotráfico.

De manera que la historia, de la cual los comunistas nunca aprenden (hay que reconocer que Diosdado Cabello y los Narcosoles son más capitalistas que Donald Trump y Bill Gates juntos), prueba que aunque los gringos suelen actuar con lentitud y paciencia para recabar datos y construir un caso contra criminales, el destino de quienes se les enfrentan con la comisión de delitos que afectan sus intereses frecuentemente es la cárcel o la muerte. Cabello, cuya astucia –que no su inteligencia- está demostrada, debe estar en jaque con esta acusación del capitán Leamsy Salazar, de la cual la DEA y el gobierno norteamericano con toda seguridad sacarán mucho provecho, incluso, en lo político; además de que los enemigos internos dentro de su partido también obtendrán ventaja de ella.

Un aspecto que no se debe soslayar es la situación de ciertos sectores de la oposición que –según aseguran algunas fuentes- negociaron con Cabello y José Vicente Rangel una transición en la cual el primero sea la cabeza de gobierno. Esta información está abonada por los recientes nombramientos de las autoridades para los poderes públicos, entre las cuales están opositores nombrados por el chavismo. Esos capos de la “oposición seria” –como la calificó Chávez y ahora la califica Maduro- (entiéndase oposición dócil o colaboracionista) a todas luces la metieron hasta lo más profundo al pactar con gángsteres (cosa que ya conocían), ya que queda al descubierto que lo hicieron con un narcotraficante de fama internacional, en un futuro no muy lejano buscado por la justicia por un crimen contra la humanidad.

Muchos consideran a Cabello el hombre más temido del chavismo. Psicópata con vocación de asesino que no tiene límites para satisfacer sus ambiciones e intereses personales. Ya, debido a los casos de corrupción en su contra y la cantidad de enemigos hechos en sus actividades políticas y de negocios, corría peligro de tener que enfrentar la justicia si salía del poder. Ahora la cosa se le ha puesto chiquitica, para decirlo en criollo, de manera que es hoy mucho más peligroso, pues se enfrenta a la justicia norteamericana y a la internacional, dado que el narcotráfico es considerado delito de lesa humanidad. Esto significa que Diosdado Cabello no tendrá contemplaciones para aferrarse al poder a cualquier costo, incluso, podría intentar un conflicto interno en el que no se detendría en violar Derechos Humanos. Quizás este es uno de los móviles detrás de la Resolución 008610 emanada del Ministerio de la Defensa y firmada por el general Vladimir Padrino, la cual permitirá el uso de armas de fuego contra quienes ejerzan su derecho constitucional a protestar, por parte de efectivos de la FANB.

Leamsy Salazar ha causado un daño profundo e irreversible a la revolución bolivariana, ya suficientemente desacreditada por el fracaso económico agravado por las giras mendicantes infructuosas de Nicolás Maduro y la violación de Derechos Humanos. Como consecuencia, el chavismo se presenta como una plaga terriblemente corrupta, incapaz, ineficiente, que no solamente destruyó un país que debió llevar a inmensa prosperidad con los ingresos que manejó, sino que además, lo constituyó en guarida de delincuentes y enemigos de la civilización.

La DEA los tiene locos.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario