jueves, 29 de enero de 2015

Dios proveerá






No fuimos pocos los que hace casi 17 años atisbamos lo que eventualmente sucedería en Venezuela si Hugo Chávez Frías ganaba las elecciones presidenciales de 1998. Nos percatamos el 4-F de 1992 de su brutalidad y cobardía manifestadas  en la intentona golpista. Y también captamos al verlo en su campaña electoral de 1998 que además de su brutalidad y cobardía, era un excelente mentiroso, peligrosamente iletrado, violento, lleno de odio, resentido, falso, ladino, con vocación militarista, marxista, populista y totalitaria. Eso llevó a 44% del pueblo a votar en su contra.


Resultaba insólito que la élite social de la época, oligarcas, dueños de medios, empresarios, intelectuales, académicos, periodistas y políticos, le brindaran su apoyo a semejante monstruo para llevarlo al poder. ¡Por Dios, el hombre amenazaba con freír cabezas! Ese grupo de oportunistas se referían al teniente coronel de Sabaneta como “el portaaviones”, el arma de destrucción más poderosa creada por el hombre, capaz de llevar muerte y destrucción a los más apartados rincones del planeta; era el portaaviones, no el barco hospital de Florence Nightingale. Este grupo de irresponsables unieron sus esfuerzos para sentar en la silla de Miraflores al muchacho pardo a quien hasta sus mujeres entregaron (dice Guillermo Morón en su Historia de Venezuela que esta conducta fue siempre la regla de los amos del valle cada vez que un caudillo entraba a la ciudad de Caracas), en la creencia de que una vez allí podrían manejarlo a su antojo.


Nada más alejado de la verdad. El astuto Hugo, hecho el pendejo y simulando locura con supuestas alucinaciones de Bolívar a quién siempre sentaba a su diestra, no solamente traicionó los deseos de esa cúpula elitesca, sino que en los 3 años subsiguientes los atacó y arrinconó hasta que –con algunas excepciones- los arrojó uno a uno fuera de su gobierno, de su entorno y de su partido. Estos criminales –que jamás convencerán de que impulsaron a Chávez bajo engaño y de buena fe ya que escucharon los discursos de su candidato en La Habana en 1994, leyeron los delirios del perturbado peronista Norberto Ceresole y los escritos de Kléber Ramírez Rojas, importante ideólogo del chavismo, que incluyen los decretos que promulgarían los conjurados de haber tomado el poder en 1992- no tuvieron más alternativa que refugiarse en la oposición. Hoy a muchos los vemos en la MUD. Estos son los verdaderos culpables del crimen atroz cometido contra este noble país, no fue solamente Hugo Chávez, quien utilizó hábilmente las ambiciones de esos aprovechadores.


Casi 17 años después, luego de un proceso de deterioro político, económico y social durante el cual muchísimos advertimos hacia dónde conducía esa ruta, arribamos al abismo donde nos encontramos hoy. Lo previsible ocurrió.


Para todo efecto práctico, el país -que cuando llegó la revolución producía 3,5 barriles diarios de petróleo, era el tercer exportador mundial, y además posee los más grandes yacimientos petrolíferos del planeta- está totalmente arrasado, sus arcas y reservas internacionales exhaustas, su infraestructura y aparato productor destruidos al punto de que hoy importa casi todo lo que come, vive apagones diarios prolongados e ¡importa gasolina y petróleo!


El chavismo, cuya bandera para conquistar el poder fue la promesa de acabar con la corrupción e ineficiencia de gobiernos anteriores, así como una mejor distribución de la riqueza y la construcción de un gran país aprovechando los recursos  petroleros, se comportó como una plaga de langostas hambrientas que no solamente destruyó todo y saqueó hasta el último dólar de Tesoro Público, sino que no construyó absolutamente nada; no dejó ni una sola obra de importancia para testimoniar su paso por Venezuela. Empobreció al país y a su pueblo al tiempo que sus jerarcas y nueva burguesía nacida de la corrupción enriquecieron en una proporción grosera que no tiene parangón en la historia del país. Y lo más grave es que dejó un aparato productor lisiado incapaz de aportar en el corto plazo los recursos necesarios para la recuperación económica y el pago de la deuda externa con la que han comprometido al pueblo e hipotecado la nación. Jamás se había cometido mayor crimen contra país alguno, salvo la guerra.


Luego de esta orgía de corrupción, destrucción y prodigalidad, nos encontramos en la peor catástrofe económica que ha conocido Venezuela en su historia. De una gravedad tal que el ilegítimo presidente Maduro en su reciente Memoria y Cuenta, declaró la incapacidad del régimen para sortearla y que estamos a la buena de Dios, con su ya famoso e infeliz “Dios proveerá”. Plegaria que osó proferir soslayando el hecho de que ya Dios proveyó los más formidables ingresos durante estos últimos 16 años de la revolución bolivariana. La incomprensible suma de $ 2,5 billones –billones de verdad, no de los gringos, 2,5 seguido de 14 ceros o $ 2.500.000.000.000.000- pasó por sus manos y lo que no robaron lo botaron.



Sobre las medidas económicas anunciadas por Maduro sólo cabe una conclusión: acelerarán el proceso de deterioro económico causando una brutal inflación y mayor escasez. El régimen decidió hundir a fondo el acelerador en la carrera hacia el abismo. Es una decisión suicida (“si nos jodemos nosotros nos jodemos todos, nos los llevamos en los cachos”) al modo propio de una secta fanática destructiva, lo que en efecto es el chavismo; emulando a la del reverendo Jim Jones que llevó a la suya al suicidio colectivo de casi 900 personas en las selvas de Guyana, en el año 1978.

El reverendo Jim Jones ordenó el suicidio de 800 seguiodres de su secta

Acelerar el colapso y la explosión social que lo acompañará es una apuesta desesperada que estaba en los planes de Cuba mucho antes de que el Eterno psicópata degenerado muriera (hecho que lamento pues no concibo mayor castigo que ver el desmoronamiento total de su revolución) para intentar aferrarse al poder. El estallido permitirá al régimen el uso de fuerza letal para contener al pueblo enardecido volcado en las calles, y suspender garantías, lo que permitirá desatar mayor represión contra factores disidentes. 


Los comunistas radicales del madurismo, hoy huérfanos de la Cuba que los traicionó plegándose al Imperio, bajo ningún respecto rectificarán abandonando el siempre fracasado modelo marxista; así que la probabilidad de que tal conmoción civil no ocurra es infinitesimal.


Es probable que los militares amenazados con desaparición y sustitución por un ejército del pueblo plasmado a partir del modelo cubano, constituido principalmente por colectivos, milicias y otros cuerpos armados regulares e irregulares como los Tupamaros y la PNB; tendrán que actuar deponiendo a Maduro de la forma menos sangrienta posible; no tanto movidos por la noble causa de salvar el país, sino de salvarse a sí mismos.


En resumen, vamos a una velocidad vertiginosa hacia el barranco de un cataclismo socioeconómico con dimensiones de crisis humanitaria si no se detiene el proceso, cosa que no harán bajo ninguna circunstancia los comunistas que detentan el poder, y que muy lamentablemente sólo podrá ser impedido con el pronunciamiento del estamento militar.


No es honesto presentar ante la historia como únicos responsables de este crimen abyecto contra la patria al delirante, bruto, ignorante, vengativo y psicópata Teniente Coronel de Sabaneta y a sus acólitos. Comparten con mayor cuota los oportunistas que lo mercadearon para que un 55 % de los venezolanos –incautos en su mayoría engañados aunque irresponsables- votaran por él. Esto no lo machaco por simple resentimiento y estoy plenamente consciente que por adjudicar esta responsabilidad a esos oportunistas exchavistas seré tildado de intolerante; sino para contribuir a que la historia sea escrita con equilibrio y esos señores compartan responsabilidad con el chavismo por la hecatombe que se aproxima. También porque una gran parte de esos otrora patrocinadores de Hugo Chávez hacen vida en la oposición, muchos dentro de la esfera de la MUD, que según algunas fuentes revelan, está negociando una posible transición con Diosdado Cabello y José Vicente Rangel, ambos de accionar censurable –para expresarlo eufemísticamente-, según muestran sus respectivas hojas de servicio (por cierto, el primero acusado con ser el jefe del Cartel de los Soles del narcotráfico). Vale mencionar que esos negociadores carecen de representatividad por haber perdido la base popular que los sustentaba, en consecuencia, cualquier pacto alcanzado será ilegítimo.


No creo que “Dios proveerá” ese milagro que urgentemente necesitamos y desesperadamente imploró el ilegítimo Maduro, pero sí que ante el futuro inmediato que se nos viene encima, debemos prepararnos para que nos agarre confesados.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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