jueves, 22 de enero de 2015

Amnesia y Crimen






Por definición, una Memoria y Cuenta se refiere al pasado. El futuro no puede estar en la memoria. Por lo tanto, el ejercicio de oligofrenia e ignorancia que hizo Nicolás Maduro en la noche del 21 de enero es cualquier cosa, menos la presentación de la Memoria y Cuenta de su gestión del año 2014.


En su lugar, el discurso de tres horas plagado de errores de dicción y agresiones al Castellano ofrecido por Maduro, que pronunciado ante un pueblo obligado a escucharlo en cadena nacional debe ser considerado violatorio de Derechos Humanos; fue una monserga retórica que constó de dos secciones y un preámbulo.


El preámbulo lo comenzó informándole al país que estaba muy feliz de que tuviéramos una “democracia bella y multicolor llena de libertades y oportunidades”; grata noticia, pero innecesaria en un país donde "existe" una “democracia bella y multicolor llena de libertades y oportunidades”. Siguió con una elegía para el asesinado Robert Serra, adjudicándoles responsabilidad de su muerte a los mismos “enemigos” míticos que siempre invocan los comunistas.


La primera sección, la más prolongada y además tediosa, se redujo a construir a la manera tradicional comunista, es decir, a punta de lugares comunes, falsedades e imbecilidades, un enemigo erigido en chivo expiatorio a culpar por las consecuencias de lo que anunciaría en la segunda sección. Llegó al extremo de involucrar el audio seguramente forjado, de una supuesta conversación entre conspiradores, que deben ser estúpidos para hablar de sedición sabiendo que los cubanos los graban. Como era predecible, dio lata sin descanso sobre “el golpe continuado, la guerra económica, la derecha fascista, la burguesía, los gringos, los judíos,” etc.. No importa el pequeño detalle de que la mentira de la “guerra económica” librada por el Imperio y la ultraderecha se desbarata con el simple argumento de que a ese Imperio le bastaría con dejar de comprar petróleo a Venezuela si deseara hundirla económicamente.


En la segunda parte se dedicó a hacer anuncios que desde la óptica de un economista, sólo pueden ser interpretados como una  locura inexplicable acerca de la cual no caben comentarios. Limitándose a hacerlo en tiempo futuro, jamás en pretérito, haciendo el mismo tipo de promesas incumplidas por “su padre” y él mismo, habló de planes y proyectos, de ayuda social y gastos, usando el verbo “invertir” y refiriéndose al monto de las supuestas inversiones siempre en Bolívares, sin mención de dólares como él solía hacer antes y hacía el comandante. A los venezolanos medianamente lúcidos se les erizó el espinazo. Cada vez que los “patriotas” revolucionarios han hablado de “inversión” en los últimos 16 años, el resultado ha sido dólares desaparecidos, proyectos no ejecutados, cuentas bancarias de funcionarios y testaferros abarrotadas, y el pueblo defraudado. Para muestra recordemos el rescate del río Guaire, en el que desaparecieron $6.000 millones y ni siquiera se fijó una valla informativa de la obra.


Las inversiones anunciadas por Maduro no son tales;  son gastos. Los montos de los mismos, mencionados con la promesa de que “no faltará un Bolívar” para tal o cual proyecto, son en nuestra moneda nacional por la sencilla razón de que no habrá dólares, por lo tanto se “financiarán” con billetes sin respaldo emitidos a todo vapor en la imprenta del BCV.


También anunció Maduro, con un risible teatro en el que le propuso al “pueblo” (los cuatro huelefritos contratados para aplaudir y gritar consignas) del cual esperaría respuesta, un impostergable aumento de la gasolina; ya que hace pocos días fue que estos comunistas se dieron cuenta de que el precio actual es insostenible. Una medida que pudo ser tomada hace tres lustros cuando los ingresos petroleros y la economía estaban en expansión, se tomará cuando el agua ha llegado al cuello y la economía está en las peores condiciones para absorber un impacto inflacionario de esa magnitud.


Las “inversiones” anunciadas por el “Presidente legítimo” son netamente inflacionarias, para decirlo suavemente. Y se sumarán al aumento de la gasolina que tendrá el mismo efecto. El resultado de la implementación de estas medidas (si es que a este disparate se le puede llamar “medidas”), será hiperinflación como jamás ha conocido el venezolano. En una economía que ya está afectada por inflación de 3 dígitos (digan lo que digan las cifras oficiales, esa es la inflación que afecta al ciudadano cuando hace mercado y paga servicios), la brutal presión inflacionaria resultante de la implantación de los planes disparará los precios a niveles en el que un estallido social de proporciones inéditas será inevitable.


Quizás lo peor de la noche no fueron los criminales anuncios, sino la invocación a Dios para “tranquilizar” la angustiada ciudadanía, "Dios proveerá", en lo que puede ser un despliegue inaudito tanto de brutalidad e ignorancia como de la más absoluta maldad. Cuando describía las enormes dificultades económicas que enfrentan el país y su gobierno, se y nos encomendó al Señor para sortearlas. Nada más pensemos un segundo en los rostros de los tenedores de instrumentos de deuda venezolana y en los mercados financieros internacionales cuando escucharon ese ruego. Al terminar el discurso los bonos del Estado no valdrían ni el costo del papel en el que están impresos. Y pensemos en las caras de nuestros más vulnerables hermanos del pueblo cuando vieron que el futuro de nuestros hijos fue puesto en las manos de Dios por un gobernante que, haciéndolo, declara su propia incapacidad para salvar el enorme obstáculo de la crisis. Si Nicolás y los milicos conocieran la Teoría de las Expectativas de Milton Friedman, quizás comprenderían las dimensiones del puñalada mortal que el incapaz le dio a la economía y en consecuencia, a Venezuela.


La única conclusión posible es que Cuba decidió desatar una hecatombe social que justifique el uso de fuerza extrema con el objetivo de mantener a su agente no tan encubierto Nicolás Maduro en el poder, y su garra en la garganta de la ya exhausta Venezuela; estrategia que estaba formulada en vida de Hugo Chávez. Estamos presenciando la comisión de un crimen cuya responsabilidad no solamente recae en los “patriotas bolivarianos” de la actual cúpula gubernamental militar-civil, sino en el difunto líder psicopático de la secta que les entregó a sus acólitos herederos la responsabilidad de darle la estocada misericordiosa a la que una vez fue la patria llamada Venezuela.


Por cierto, jamás habló de su gestión en el 2014 ni de un solo número de las cuentas de ese ejercicio.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

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