viernes, 9 de enero de 2015

Abismo, parte 3




Desde hace más de dos años era diáfanamente claro que el país iba en curso acelerado a la catástrofe económica que se está viviendo desde finales de 2014, que conducirá al fondo de un abismo de proporciones insospechadas y que sumergirá al pueblo venezolano en una hecatombe que jamás vivió a lo largo de la corta historia republicana del país. 1
 

Con una irresponsabilidad rayana en lo criminal, que además demuestra una extrema imbecilidad, que hizo a Hugo Chávez manejar la economía en base a buenos deseos, políticas disparatadas, corrupción, y atropellos, Venezuela fue conducida al previsible colapso económico cuya implosión final será espantosa y causará más destrucción y muerte si no se da un viraje urgente y se instaura un plan de rescate (como está bosquejado en otros artículos de este blog) de las dimensiones del Plan Marshall para la recuperación de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, con medidas de liberación de mercado y reafirmación de seguridades jurídicas.


Sí, buenos deseos definieron el manejo de la economía. El Comandante Supremo, con la ilusión propia de un ignorante además oligofrénico, confió en que el precio del petróleo que llegó a estar en $160 el barril se mantendría en altos niveles eternamente. Con esa ilusión manejó los ingresos del país pródigamente para financiar su revolución y el populismo que le garantizaba votos; la corrupción que mantendría a los militares “leales” y llevaría al surgimiento de una nueva élite dominante de “revolucionarios”, oportunistas, testaferros y jerarcas; a una nueva “burguesía”; el sostén de los gobiernos de países “amigos”; la manutención parasitaria de la metrópolis de esta colonia, Cuba; el patrocinio del islamismo asociado con Irán; el expansionismo del comunismo en el planeta; y sobre todo, la proyección de su figura como supuesto líder mundial; liderazgo que será juzgado por la historia como un gran fraude y engaño de inocentes, que costará la vida de muchos y más destrucción de la que ya causó en su “amada” patria. Es decir, como el más grande criminal en la historia de Venezuela.


Esa ilusión imbécil producto de la mente delirante de un iletrado soez y sanguinario, tuvo consecuencias graves. No se concluyó ni una sola obra de importancia en 15 años de gobierno. Se gastó en bienes de consumo, es decir, en comida y papel tualé, alrededor de $700.000 millones. Se dilapidaron un total de $2,5 billones, más ingresos que en todo el siglo XX. Y, lo más grave, no solamente no se ahorró ni un céntimo de esos ingentes ingresos, muy al contrario, se contrajo una deuda externa brutal que mantendrá al pueblo venezolano esclavizado para pagarla por generaciones, mientras los “revolucionarios” y aprovechados, incluyendo a la familia Chávez, podrán vivir por siglos sin trabajar gracias a las fortunas acumuladas con el expolio. La miseria del pueblo financiará la opulenta riqueza de estos comunistas que vaciaron las arcas del país.


Hoy Nicolás Maduro, el incapaz seleccionado por el Galáctico para heredar su legado de destrucción y darle el tiro de gracia a esta noble nación, constituido en “presidente” en virtud del fraude electoral impúdico y masivo, mayor que el famoso de Pérez Jiménez en 1952; le da la vuelta al mundo desesperadamente mendigando los dólares necesarios para mantenerse en el poder unos días más y apaciguar a los militares –incluyendo a los propios Centauros de Chávez- y al enardecido pueblo que ya tomó conciencia del engaño y ahora está arrecho, extremadamente arrecho.


La escasez obliga a la población a hacer colas para comprar comida y otros productos, muy propias del comunismo, como la experiencia soviética, china, chilena, cubana, entre otras, lo prueban. Esos ciudadanos, sometidos a infamias, vejámenes y humillaciones en las filas de mercados; a peleas por la posesión de bolsas de harina o detergente; marcados como ganado con tinta en los brazos; y supervisados por el fusil Kalashnikov tan emblemático de las revoluciones comunistas, blandido por Guardias Nacionales que deberían estar en las fronteras en sus labores habituales de bachaqueo, extorsión, contrabando, narcotráfico, matraca y martillo; se levantarán contra la dictadura que bajo promesas falsas llevó a su idolatrado Hugo Chávez al poder, y luego lo mantuvo con sus votos. Esos chavistas de base, mantenidos en la mendicidad para obtener su “lealtad”, ferozmente se lanzarán contra los tiranos en los que una vez creyeron, creando la más grave explosión social que ha vivido Venezuela, peor que el Caracazo contra Carlos Andrés Pérez.


Ha trascendido –como también era previsible- que, así como fracasó la misión ante la OPEP, Rusia e Irán para reducir la producción petrolera, que fracasó la solicitud desesperada de fondos a China y Rusia. China no se iba a arriesgar asumiendo más deuda de un Estado a punto de ser declarado fallido sin que le entregaran en garantía o cesión parte de la soberanía nacional (lo que aún puede suceder). Rusia se enfrenta a una crisis casi tan grave como Venezuela por la caída de los precios del petróleo, aunque goza de mayores recursos para transitarla.


El fracaso del indocumentado que, como “Presidente de la República” ilegítimo, lo ha llevado a extender su periplo mendicante a Irán, socio de Venezuela en la orgía revolucionaria y en la propagación de la revolución islamista íntimamente ligada a la bolivariana, según declaraba el trastornado peronista Norberto Ceresole.


Hoy ese pueblo obligado a reducir su dieta por la escasez y la inflación, que de acuerdo al ministro Dante Rivas se verá favorecido por un aspecto positivo del desastre: “cambiar sus patrones de consumo” por prácticas más saludables; enfrenta un futuro de miseria y hambre en un plazo más bien corto, ya que el país no tendrá los recursos suficientes para alimentarlo, debido a políticas comunistas que incrementaron la dependencia en ese petróleo “que jamás bajaría de precio”, y que condujeron a que se importara alrededor del 95% de la comida. Sencillamente, no hay dólares para comer.


Apartando las consideraciones políticas que permiten prever un pronunciamiento militar en un futuro muy próximo, el venezolano debe enfrentar la realidad de que sobre él se cierne la amenaza de un cataclismo económico y social de la magnitud de crisis humanitaria. Hambruna y muerte, sin descartar guerra civil.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe



No hay comentarios:

Publicar un comentario