sábado, 31 de enero de 2015

¡Tiren a matar!




El 30/1/15 el país fue sorprendido por la infame resolución firmada por el funesto y fanático general Vladimir Padrino López, la cual, en términos muy ambiguos autoriza a los efectivos de la FAN a disparar con armas de fuego a quienes ejercen su derecho constitucional de protesta. Es decir, que deroga la Constitución y el Derecho Internacional en materia de Derechos Humanos. En pocas palabras, ¡instauró la pena de muerte sumaria en Venezuela!


Curiosamente esta medida del régimen coincide con las acusaciones por narcotráfico contra Diosdado Cabello, a quien se reputa como jefe del sector militar que realmente manda en el país. Es posible que la publicación de la resolución haya sido adelantada en vista de estas acusaciones.


Lo que es definitivamente cierto es que la resolución sale en Gaceta cuando el régimen enfrenta los peores momentos en 16 años en cuanto a rechazo popular y desprestigio internacional por la grave situación económica, los viajes de “tírame algo” de Nicolás y las violaciones de libertades civiles y Derechos Humanos. También tiene lugar justamente después de la exitosa visita de los expresidentes Piñera, Pastrana y Calderón, quienes lograron exponer el talante dictatorial, represor, totalitarista y delincuencial del gobierno chavista. Fue tanto el éxito de la visita que hizo cometer el -muy beneficioso para la causa libertaria- desliz del incompetente y aprovechador Jorge Arreaza, quien declaró: “montaron un espectáculo mediático tratando de visitar a unos presos políticos” (¿“mediático” cuando el régimen hegemoniza todos los medios?). Bué, un autogol grave de un funcionario de un gobierno que siempre ha negado tener presos políticos. La confesión oficial del régimen reconociendo que viola Derechos Humanos. Video para La Haya.


Aunque la imbecilidad e ignorancia de la jerarquía chavista es proverbial, en aras del análisis supongamos que lo redactaron a conciencia. Puede tener dos interpretaciones: o fue escrito para amedrentar con el ánimo de disuadir cualquier protesta de la oposición en este desesperado momento para el régimen, situación que inevitablemente empeorará; o fue hecho a efectos de preparar el terreno para sofocar las manifestaciones y conmoción civil que inexorablemente ocurrirán con el colapso absoluto, cuando la economía impacte el fondo del abismo; una explosión que con alta probabilidad derrocaría a esta dictadura sangrienta. En soporte de la primera interpretación, cabe decir que es absolutamente superfluo. Ya el Ordenamiento Jurídico Venezolano prevé el uso justificado de la fuerza por parte de cuerpos de seguridad y el derecho a la legítima defensa.


Uno de los aspectos más graves de este adefesio son las definiciones en extremo ambiguas de lo que constituyen los distintos supuestos de amenaza por parte de los manifestantes, que van desde la “violencia pasiva” (estar totalmente quieto sin movimiento muscular) hasta la “violencia potencialmente mortal”, lo que sea que esto signifique. La definición de cada situación recae en el soldado, quien tomará la decisión de disparar su fusil contra los manifestantes, sin que su acto se considere delito y gozando de total impunidad.


En un absurdo que desafía toda comprensión, que sorprende hasta la incredulidad, que si fue escrito de manera seria y no bufa revela absoluta ignorancia e impudicia; el régimen se autoriza a sí mismo para violar Derechos Humanos. ¡¿En verdad piensan estos degenerados que pueden sustraerse de la justicia internacional penal?! ¡¿En verdad creen estos delincuentes que una resolución les da sustento jurídico para asesinar?! ¡¿En verdad creen que con una resolución pueden derogar el Derecho Interno e Internacional Penal?! ¡Ni reformando la Constitución, pues una constitución que permita violación de Derechos Humanos es nula ya que es contraria a los tratados en la materia, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y otros instrumentos del ordenamiento jurídico internacional! ¿Acaso desconocen el derecho de organizaciones y gobiernos a intervenir aun militarmente en caso de violación masiva de estos derechos y genocidio?


Dentro de la patología que es chavismo como secta fanática destructiva, cualquier cosa es posible. Sin embargo, el pueblo democrático no debe amilanarse ante esta seria amenaza. No debe sucumbir a la extorsión de criminales que luego de destruir, expoliar y arruinar el país, y saquear el Tesoro Público hasta dejarlo completamente exhausto, pretenden aferrarse al poder a cualquier costo. Actuar superando el miedo es la clave para echar definitivamente la plaga de este lumpen que ha desangrado a la patria y a la sociedad.

Hay algo muy positivo de la resolución: como confesión es una prueba incontestable y concluyente para cuando estos psicópatas facinerosos sean huéspedes de la Justicia.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

Goodfellas



El caso de Henry Hill fue inmortalizado en la película Goodfellas de Martin Scorcese. Este personaje de la vida real fue un mafioso de la familia Lucchese que no pasó de soldado por no ser de ascendencia italiana por el lado paterno. Principalmente se dedicaba al robo y participó en los famosos casos de los atracos a Air France y Lufthansa. Luego, en contra de la política de la familia, se dedicó al tráfico de drogas y eventualmente se hizo adicto a la cocaína, lo que causó que perdiera la confianza de los capos. Ante el peligro que se cernía sobre él y el temor de ser ejecutado por sus compañeros de la mafia, luego de ser capturado Hill decidió entrar en el programa de protección de testigos y obtener inmunidad a cambio de la delación de sus cómplices. El testimonio y las pruebas suministradas por Henry Hill condujeron a 50 condenas, incluyendo la del capo de la familia, Paul Vario.

El sistema de justicia norteamericano tiene amplísima experiencia en la negociación de reducción y redención de penas a cambio de información conducente a la condena de las altas jerarquías de las organizaciones delictivas. Otros casos famosos son los de Joe Valachi en 1963, que dio información contra las familias Genovese y Lucchese que llevó a prisión a sus jefes; y Sam Gravano, cuyo testimonio condenó a John Gotti, capo di tutti capi de la familia Gambino. En todos los casos en que las autoridades de EEUU han procedido de esta manera lo han hecho previa evaluación meticulosa del cúmulo de pruebas presentadas por el testigo, y si estas no son validadas y contundentes, no aplican los beneficios e imputan al sujeto si el caso lo ameritare.

El pasado 29 de enero el mundo entero fue estremecido por la noticia publicada en el diario ABC de España con relación a que el capitán de corbeta Leamsy Salazar había huido a EEUU para prestar testimonio y presentar pruebas en contra de Diosdado Cabello y el llamado Cártel de los Narcosoles, así como también contra Tareck El Aissami, como resultado de prolongadas negociaciones con la DEA a lo largo de casi un año. Salazar fungía de jefe de seguridad de Cabello y tuvo el mismo cargo sirviendo para Hugo Chávez durante 12 años. La sorpresa de la noticia yace en el hecho de que un oficial de tan alta graduación y  pieza clave del entorno íntimo del Presidente de la Asamblea Nacional se haya atrevido a tan peligrosa maniobra, y no en las imputaciones por él señaladas, ya que siempre había existido el rumor de que este cártel existe, de quiénes son sus miembros y de que Cabello era el capo. Por cierto, portavoces del Departamento de Estado no negaron ni confirmaron la noticia, se limitaron a declarar oficialmente que la misma “era consistente”.

Tomando en cuenta la historia del sistema de justicia criminal norteamericano, la conclusión es que la DEA y los fiscales a cargo encontraron méritos suficientes y evidencia incontestable para aprobar el ingreso de Leamsy Salazar en el programa de protección de testigos a cambio de las pruebas por él suministradas.

La huida de Salazar, precedida por las de Eladio Aponte Aponte y Rafael Isea, hizo temblar al chavismo y causó las respuestas previsibles y esperadas por parte de Cabello y la alta jerarquía del régimen, siempre el mismo guión: Salazar era un infiltrado y traidor al servicio del Imperio y la oposición, y en un alarde de creatividad del Presidente de la AN, el asesino de Hugo Chávez, usando como arma el famoso rayo cancerígeno del que hablaba el ignorante comandante.

Algunos analistas señalan que se trata una maniobra del ala antimilitarista-madurista de comunistas radicales leales a Cuba urdida por Raúl Castro, para neutralizar un posible movimiento militar contra Maduro, aunque este último expresó su apoyo a Cabello. Sin embargo, siendo Salazar un militar disciplinado con excelente hoja de servicio, es más probable que temiera por su seguridad al ser testigo de los delitos de Cabello, el Cártel de los Soles y El Aissami; esto coincidiría con el testimonio de la madre de Salazar, quien declaró que su hijo desde hacía un tiempo le hablaba de pedir la baja pues estaba asqueado de la gente para quien trabajaba.

En cualquier caso, el daño al ya tambaleante régimen chavista es en extremo grave. El desprestigio ante el mundo en momentos en que la debacle económica con toda seguridad hará necesaria la intervención de organismos internacionales, lesiona gravemente a un Estado ya considerado forajido por las violaciones de las libertades civiles y los Derechos Humanos; que ya está desacreditado por el manejo irresponsable y doloso de la economía; y que ahora se presenta ante el concierto de las naciones como narcotraficante. Es muy difícil que tanto el pueblo venezolano como los gobiernos extranjeros distingan entre Cabello –quien ha sido observado actuando despóticamente en la AN- y Maduro, al que le será imposible argumentar que desconocía las actividades de los narcosoles, que con seguridad también conoció Chávez (“yo sé todo lo que pasa en este país”), pues la corrupción fue su inveterada política para comprar lealtades. Son los dos capos máximos del gobierno chavista, independientemente de que estén enfrentados, como en efecto lo están.

Es necesario relacionar este caso con el de Manuel Antonio Noriega. El exdictador panameño operó como triple agente en funciones relacionadas con el narcotráfico. En principio estuvo en la nómina de la CIA para adquirir y traficar drogas del Cártel de Cali hacia EEUU, con el objeto de recaudar fondos para financiar armamento para los Contras de Nicaragua adquirido a través de Irán, en lo que se conoció como el caso Irán-Contras, por el que fue imputado el coronel Oliver North, adscrito a la Casa Blanca y oficial a cargo de la operación durante el gobierno de Ronald Reagan. Pero Noriega extendió sus actividades a una sociedad con Fidel Castro, quien con la caída del Imperio Soviético se vio desesperado por divisas. Castro justificaba sus actividades de narcotráfico –por las que terminó fusilando al popular general Arnaldo Ochoa y a su hermano para cubrirse- como parte de la guerra contra el Imperio. Noriega terminó siendo incómodo para la CIA, EEUU perdió control sobre su socio y procedió a invadir Panamá para capturarlo. Todavía Cara’e Piña Noriega se pudre en prisión por narcotráfico.

De manera que la historia, de la cual los comunistas nunca aprenden (hay que reconocer que Diosdado Cabello y los Narcosoles son más capitalistas que Donald Trump y Bill Gates juntos), prueba que aunque los gringos suelen actuar con lentitud y paciencia para recabar datos y construir un caso contra criminales, el destino de quienes se les enfrentan con la comisión de delitos que afectan sus intereses frecuentemente es la cárcel o la muerte. Cabello, cuya astucia –que no su inteligencia- está demostrada, debe estar en jaque con esta acusación del capitán Leamsy Salazar, de la cual la DEA y el gobierno norteamericano con toda seguridad sacarán mucho provecho, incluso, en lo político; además de que los enemigos internos dentro de su partido también obtendrán ventaja de ella.

Un aspecto que no se debe soslayar es la situación de ciertos sectores de la oposición que –según aseguran algunas fuentes- negociaron con Cabello y José Vicente Rangel una transición en la cual el primero sea la cabeza de gobierno. Esta información está abonada por los recientes nombramientos de las autoridades para los poderes públicos, entre las cuales están opositores nombrados por el chavismo. Esos capos de la “oposición seria” –como la calificó Chávez y ahora la califica Maduro- (entiéndase oposición dócil o colaboracionista) a todas luces la metieron hasta lo más profundo al pactar con gángsteres (cosa que ya conocían), ya que queda al descubierto que lo hicieron con un narcotraficante de fama internacional, en un futuro no muy lejano buscado por la justicia por un crimen contra la humanidad.

Muchos consideran a Cabello el hombre más temido del chavismo. Psicópata con vocación de asesino que no tiene límites para satisfacer sus ambiciones e intereses personales. Ya, debido a los casos de corrupción en su contra y la cantidad de enemigos hechos en sus actividades políticas y de negocios, corría peligro de tener que enfrentar la justicia si salía del poder. Ahora la cosa se le ha puesto chiquitica, para decirlo en criollo, de manera que es hoy mucho más peligroso, pues se enfrenta a la justicia norteamericana y a la internacional, dado que el narcotráfico es considerado delito de lesa humanidad. Esto significa que Diosdado Cabello no tendrá contemplaciones para aferrarse al poder a cualquier costo, incluso, podría intentar un conflicto interno en el que no se detendría en violar Derechos Humanos. Quizás este es uno de los móviles detrás de la Resolución 008610 emanada del Ministerio de la Defensa y firmada por el general Vladimir Padrino, la cual permitirá el uso de armas de fuego contra quienes ejerzan su derecho constitucional a protestar, por parte de efectivos de la FANB.

Leamsy Salazar ha causado un daño profundo e irreversible a la revolución bolivariana, ya suficientemente desacreditada por el fracaso económico agravado por las giras mendicantes infructuosas de Nicolás Maduro y la violación de Derechos Humanos. Como consecuencia, el chavismo se presenta como una plaga terriblemente corrupta, incapaz, ineficiente, que no solamente destruyó un país que debió llevar a inmensa prosperidad con los ingresos que manejó, sino que además, lo constituyó en guarida de delincuentes y enemigos de la civilización.

La DEA los tiene locos.

Leonardo Silva Beauregard
@LeoSilvaBe

jueves, 29 de enero de 2015

Dios proveerá






No fuimos pocos los que hace casi 17 años atisbamos lo que eventualmente sucedería en Venezuela si Hugo Chávez Frías ganaba las elecciones presidenciales de 1998. Nos percatamos el 4-F de 1992 de su brutalidad y cobardía manifestadas  en la intentona golpista. Y también captamos al verlo en su campaña electoral de 1998 que además de su brutalidad y cobardía, era un excelente mentiroso, peligrosamente iletrado, violento, lleno de odio, resentido, falso, ladino, con vocación militarista, marxista, populista y totalitaria. Eso llevó a 44% del pueblo a votar en su contra.


Resultaba insólito que la élite social de la época, oligarcas, dueños de medios, empresarios, intelectuales, académicos, periodistas y políticos, le brindaran su apoyo a semejante monstruo para llevarlo al poder. ¡Por Dios, el hombre amenazaba con freír cabezas! Ese grupo de oportunistas se referían al teniente coronel de Sabaneta como “el portaaviones”, el arma de destrucción más poderosa creada por el hombre, capaz de llevar muerte y destrucción a los más apartados rincones del planeta; era el portaaviones, no el barco hospital de Florence Nightingale. Este grupo de irresponsables unieron sus esfuerzos para sentar en la silla de Miraflores al muchacho pardo a quien hasta sus mujeres entregaron (dice Guillermo Morón en su Historia de Venezuela que esta conducta fue siempre la regla de los amos del valle cada vez que un caudillo entraba a la ciudad de Caracas), en la creencia de que una vez allí podrían manejarlo a su antojo.


Nada más alejado de la verdad. El astuto Hugo, hecho el pendejo y simulando locura con supuestas alucinaciones de Bolívar a quién siempre sentaba a su diestra, no solamente traicionó los deseos de esa cúpula elitesca, sino que en los 3 años subsiguientes los atacó y arrinconó hasta que –con algunas excepciones- los arrojó uno a uno fuera de su gobierno, de su entorno y de su partido. Estos criminales –que jamás convencerán de que impulsaron a Chávez bajo engaño y de buena fe ya que escucharon los discursos de su candidato en La Habana en 1994, leyeron los delirios del perturbado peronista Norberto Ceresole y los escritos de Kléber Ramírez Rojas, importante ideólogo del chavismo, que incluyen los decretos que promulgarían los conjurados de haber tomado el poder en 1992- no tuvieron más alternativa que refugiarse en la oposición. Hoy a muchos los vemos en la MUD. Estos son los verdaderos culpables del crimen atroz cometido contra este noble país, no fue solamente Hugo Chávez, quien utilizó hábilmente las ambiciones de esos aprovechadores.


Casi 17 años después, luego de un proceso de deterioro político, económico y social durante el cual muchísimos advertimos hacia dónde conducía esa ruta, arribamos al abismo donde nos encontramos hoy. Lo previsible ocurrió.


Para todo efecto práctico, el país -que cuando llegó la revolución producía 3,5 barriles diarios de petróleo, era el tercer exportador mundial, y además posee los más grandes yacimientos petrolíferos del planeta- está totalmente arrasado, sus arcas y reservas internacionales exhaustas, su infraestructura y aparato productor destruidos al punto de que hoy importa casi todo lo que come, vive apagones diarios prolongados e ¡importa gasolina y petróleo!


El chavismo, cuya bandera para conquistar el poder fue la promesa de acabar con la corrupción e ineficiencia de gobiernos anteriores, así como una mejor distribución de la riqueza y la construcción de un gran país aprovechando los recursos  petroleros, se comportó como una plaga de langostas hambrientas que no solamente destruyó todo y saqueó hasta el último dólar de Tesoro Público, sino que no construyó absolutamente nada; no dejó ni una sola obra de importancia para testimoniar su paso por Venezuela. Empobreció al país y a su pueblo al tiempo que sus jerarcas y nueva burguesía nacida de la corrupción enriquecieron en una proporción grosera que no tiene parangón en la historia del país. Y lo más grave es que dejó un aparato productor lisiado incapaz de aportar en el corto plazo los recursos necesarios para la recuperación económica y el pago de la deuda externa con la que han comprometido al pueblo e hipotecado la nación. Jamás se había cometido mayor crimen contra país alguno, salvo la guerra.


Luego de esta orgía de corrupción, destrucción y prodigalidad, nos encontramos en la peor catástrofe económica que ha conocido Venezuela en su historia. De una gravedad tal que el ilegítimo presidente Maduro en su reciente Memoria y Cuenta, declaró la incapacidad del régimen para sortearla y que estamos a la buena de Dios, con su ya famoso e infeliz “Dios proveerá”. Plegaria que osó proferir soslayando el hecho de que ya Dios proveyó los más formidables ingresos durante estos últimos 16 años de la revolución bolivariana. La incomprensible suma de $ 2,5 billones –billones de verdad, no de los gringos, 2,5 seguido de 14 ceros o $ 2.500.000.000.000.000- pasó por sus manos y lo que no robaron lo botaron.



Sobre las medidas económicas anunciadas por Maduro sólo cabe una conclusión: acelerarán el proceso de deterioro económico causando una brutal inflación y mayor escasez. El régimen decidió hundir a fondo el acelerador en la carrera hacia el abismo. Es una decisión suicida (“si nos jodemos nosotros nos jodemos todos, nos los llevamos en los cachos”) al modo propio de una secta fanática destructiva, lo que en efecto es el chavismo; emulando a la del reverendo Jim Jones que llevó a la suya al suicidio colectivo de casi 900 personas en las selvas de Guyana, en el año 1978.

El reverendo Jim Jones ordenó el suicidio de 800 seguiodres de su secta

Acelerar el colapso y la explosión social que lo acompañará es una apuesta desesperada que estaba en los planes de Cuba mucho antes de que el Eterno psicópata degenerado muriera (hecho que lamento pues no concibo mayor castigo que ver el desmoronamiento total de su revolución) para intentar aferrarse al poder. El estallido permitirá al régimen el uso de fuerza letal para contener al pueblo enardecido volcado en las calles, y suspender garantías, lo que permitirá desatar mayor represión contra factores disidentes. 


Los comunistas radicales del madurismo, hoy huérfanos de la Cuba que los traicionó plegándose al Imperio, bajo ningún respecto rectificarán abandonando el siempre fracasado modelo marxista; así que la probabilidad de que tal conmoción civil no ocurra es infinitesimal.


Es probable que los militares amenazados con desaparición y sustitución por un ejército del pueblo plasmado a partir del modelo cubano, constituido principalmente por colectivos, milicias y otros cuerpos armados regulares e irregulares como los Tupamaros y la PNB; tendrán que actuar deponiendo a Maduro de la forma menos sangrienta posible; no tanto movidos por la noble causa de salvar el país, sino de salvarse a sí mismos.


En resumen, vamos a una velocidad vertiginosa hacia el barranco de un cataclismo socioeconómico con dimensiones de crisis humanitaria si no se detiene el proceso, cosa que no harán bajo ninguna circunstancia los comunistas que detentan el poder, y que muy lamentablemente sólo podrá ser impedido con el pronunciamiento del estamento militar.


No es honesto presentar ante la historia como únicos responsables de este crimen abyecto contra la patria al delirante, bruto, ignorante, vengativo y psicópata Teniente Coronel de Sabaneta y a sus acólitos. Comparten con mayor cuota los oportunistas que lo mercadearon para que un 55 % de los venezolanos –incautos en su mayoría engañados aunque irresponsables- votaran por él. Esto no lo machaco por simple resentimiento y estoy plenamente consciente que por adjudicar esta responsabilidad a esos oportunistas exchavistas seré tildado de intolerante; sino para contribuir a que la historia sea escrita con equilibrio y esos señores compartan responsabilidad con el chavismo por la hecatombe que se aproxima. También porque una gran parte de esos otrora patrocinadores de Hugo Chávez hacen vida en la oposición, muchos dentro de la esfera de la MUD, que según algunas fuentes revelan, está negociando una posible transición con Diosdado Cabello y José Vicente Rangel, ambos de accionar censurable –para expresarlo eufemísticamente-, según muestran sus respectivas hojas de servicio (por cierto, el primero acusado con ser el jefe del Cartel de los Soles del narcotráfico). Vale mencionar que esos negociadores carecen de representatividad por haber perdido la base popular que los sustentaba, en consecuencia, cualquier pacto alcanzado será ilegítimo.


No creo que “Dios proveerá” ese milagro que urgentemente necesitamos y desesperadamente imploró el ilegítimo Maduro, pero sí que ante el futuro inmediato que se nos viene encima, debemos prepararnos para que nos agarre confesados.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe