viernes, 19 de diciembre de 2014

Maldad





Muchos han hablado de la maldad del comunista. Mucho se ha satanizado a ese sistema. Y muchos hemos pensado que han sido exageraciones de extremistas intolerantes hasta que estudiamos el fenómeno o vivimos en carne propia las miserias que las elucubraciones de Marx traen al ser humano.


Encontramos entonces, que es cierto que el comunismo es un sistema en extremo perverso cuya malignidad es empeorada en varios órdenes de magnitud por los revolucionarios que ávidos de riquezas acceden al poder en el que se aburguesan, corrompen y dan rienda suelta al lado oscuro de la personalidad humana, manifestando lo peor de la raza en forma de represión, asesinato, presos políticos, odio, tortura, ruina económica y moral, y sobre todo, de mentira, engaño, decepción y traición.


Históricamente el comunismo solamente ha accedido al poder con eso que los ¨hombres nuevos” llaman “revolución”. Una gesta cuya hermosura y amor hasta han cantado trovadores comunistas (curioso que el capitalismo no necesita canciones panfletarias para exaltar sus virtudes, jamás hemos escuchado una “Balada del Interés Compuesto”). Pintan la revolución los revolucionarios, como una de las más bellas expresiones del hombre, cuando en realidad se trata de la toma del poder por las armas. O sea, de muerte y destrucción.


La excusa del revolucionario para tomar el poder de manera violenta es el amor al pueblo; amor que luego manifiesta fusilando, persiguiendo, oprimiendo, reprimiendo, torturando, callando y hambreando a ese mismo pueblo. ¿Acaso desde Orwell hasta Maduro no han creado un ministerio para la paz, la felicidad y el amor? ¿Se puede tener felicidad con presos políticos, hiperinflación, torturados y 26.000 homicidios por año?


Pero en las excepciones en que el comunismo no puede arrebatar el poder a fuego y plomo, recurre al populismo para obtener votos irresponsables. Es el caso de Hugo Chávez en Venezuela. El populismo inicialmente ofrece para obtener esos votos, el bienestar utópico que todo desposeído sueña. Le promete hacer realidad su sueño desde el poder del Estado, como un padre ofrece solución a los problemas de un hijo menor o desvalido.

Luego de instalado en el gobierno, el populismo utiliza los recursos del Estado para “cumplir” con aquella promesa de bienestar por medio de transferencias, es decir, regalos y limosnas, que no son más que una operación que lisia y corrompe el espíritu creativo y luchador del ser humano, haciéndolo incapaz de proveer para sus necesidades y condenándolo a perpetua pobreza. De esta manera, el populismo se garantiza la “lealtad” de los votos minusválidos que requiere para aferrarse al poder. En consecuencia, y como lo han declarado algunos de los personajes de la élite revolucionaria como Jorge Giordani, la pobreza es la mejor amiga del populismo, especialmente del comunista: “los necesitamos pobres para mantener el poder”. Entonces, el populismo comunista es promotor de pobreza lejos del escape de ella, y eso explica la existencia de un sinnúmero de las llamadas misiones, a las cuales se les dedicaron ingentes recursos que hoy están agotados, y que tampoco escaparon a la ambiciosa garra de los revolucionarios, quienes llevaron su buena tajada de los contratos por ellas generadas, misma que reposa en bancos del Imperio. ¡No iban a llorar por la suspensión de las visas y congelamiento de sus cuentas bancarias!


Ayer produjo gran estupefacción la declaración de la ministra para comunicación e información Jaquelín Farías -funcionaria socialista que es responsable de que hoy el río Guaire sea navegable y sus aguas cristalinas potables, gracias a la “inversión” de una grosera fortuna en dólares cuyo paradero se desconoce- quien profirió esta frase: “Al pueblo se le acabó la pedidera y tiene que ganarse las cosas”. ¡¿Acaso no se ganó “las cosas” votando por el comandante y su iletrado y brutal heredero?! ¡Esa era su única función desde la óptica populista comunista!


Sin dinero, sin dólares, no existe el populismo, y menos el comunista. El Galáctico se sostuvo con formidables sumas de dinero, y consumió en crear su imagen y exportarla, de esta manera asiéndose al poder, todos los recursos disponibles que le quedaban al país. Ese fue siempre su plan: ponerle la mano al petróleo para usarlo en beneficio personal y exportar su revolución (sueño recurrente de Fidel Castro, su mentor). Para su última campaña echó el resto (el resto de nuestros reales), o sea, dilapidó los últimos dólares que quedaban -y que no quedaban ya que nos endeudó inmensamente- para sostenerse en el poder. Luego, nos dejó a Maduro para que se ocupara de darle el tiro de gracia y enterrar a un rico y noble país que lo condujo a él, a su familia y a todos los revolucionarios a la riqueza súbita y desmedida.

Así que Maduro se encontró sin dinero al ocupar siempre ilegítimamente la silla que hoy detenta. Y para empeorar las cosas, como ocurrencia normal del ciclo económico en los mercados de hidrocarburos, cayeron abruptamente los precios del petróleo, reduciéndose al 50% en un muy corto plazo. El populismo quedó sin dinero. El populismo no puede comprar más votos y menos la inercia complaciente de un pueblo Estadodependiente acosado por el hambre.


La señora Farías, hoy revolucionaria socialista burguesa y millonaria, le habló claramente a ese pueblo que les entregó los votos a cambio de promesas (que 15 años más tarde no han cumplido) y de mendrugos caritativos otorgados por los socialistas desde el Estado. Se nos acabó el dinero (el público, porque el privado que saquearon del público está seguro en Suiza), por lo tanto “al pueblo se le acabó la pedidera y tiene que ganarse las cosas”.


Imposible concebir mayor traición, mayor depravación, mayor descaro, mayor impudicia. En representación del gobierno revolucionario socialista humanista “bolivariano”, le dice a ese mismo pueblo al que acostumbraron a pedir, a vivir de limosnas y no de trabajo, a no desarrollar sus talentos sino a atrofiar sus potenciales, a no educarse (“educándolo” en planteles que en realidad son centros de adoctrinamiento), a depender de ellos –del Estado-, a vivir en una pobreza moral y material por ellos mismos fomentada; en otras palabras, a un pueblo que usaron engañado para servir a sus propios intereses personalísimos y muy capitalistas: “ahora se jodieron porque se nos acabó la plata y ya no los necesitaremos más”.


Y lo terrible de que no tengan plata, de que no los necesiten y de que no queden más recursos económicos que ellos mismos prodigaron irresponsable, criminal e imbécilmente (porque mataron a su gallina de los huevos de oro) para continuar aferrados al poder; es que no les queda otra opción a los humanistas socialistas, más que caerle a plomo al pueblo tan amado (amado en los tiempos en que le compraban los votos), cuando se alce incontrolable a causa del hambre, la traición, el desengaño; cuando no pueda contener la cólera de saberse con el estómago vacío, con el futuro cercenado por la ruina económica, la deuda con potencias extranjeras, la miseria extrema que marcha paralela a la opulencia atroz de los revolucionarios y su descendencia.


Jaquelín Farias es la voz que declaró al mundo que la maldad comunista llega más allá de la traición; que es infinita.
 


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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