sábado, 20 de diciembre de 2014

No hay sorpresa

Por la libertad



Aunque es un tema debatido por estudiosos, existe la opinión de que el gobierno de Dwight G. Eisenhower empujó a Fidel Castro hacia los brazos de Nikita Khrushev, el entonces líder del Imperio Soviético. En abril de 1959, Castro, con una comitiva que incluía al Ché Guevara, acudió a EEUU por invitación de una institución privada. A pesar de su retórica antiimperialista y sus amenazas de nacionalizar las empresas norteamericanas en la isla antillana, Castro solicitó una reunión con el presidente Eisenhower, posiblemente para negociar soluciones entre los dos países que permitieran la estabilidad económica de Cuba con la colaboración norteamericana, en los comienzos de un gobierno que enfrentaba la difícil tarea de recuperar a Cuba del estado de corrupción y desigualdad social imperante en la dictadura de Fulgencio Batista. Sin embargo, Eisenhower, quien había apoyado a la dictadura derrocada por Castro, displicentemente delegó en su vicepresidente Richard Nixon la responsabilidad del encuentro, con la excusa de que tenía un compromiso para jugar golf. El Comandante hizo lo propio, y envió al Ché Guevara, quien se reunió con Nixon.


Cuando Nixon informó al gran héroe de la Segunda Guerra Mundial acerca de la entrevista, le manifestó que los cubanos eran comunistas irrecuperables y, en consecuencia, se debería usar mano dura en su contra y negarles apoyo de toda índole. Como consecuencia, Eisenhower instruyó a la CIA para la preparación de operaciones de inteligencia e intervención, como la que condujo a la fracasada invasión de Bahía de Cochinos, hoy playa Girón.


El resultado fue que Fidel Castro buscó apoyo de la Unión Soviética y obtuvo el respaldo del Kremlin, si bien en una magnitud que solo le permitió al pueblo cubano sobrevivir en condiciones de miseria, y a la revolución comunista mantener el puño opresor sobre la depauperada población.


Con la decisión de Raúl Castro de solicitar a comienzos de 2014 a las grandes potencias la inclusión de Cuba como país capitalista democrático en el concierto internacional, y la decisión de Barak Obama de levantar el embargo económico a la isla que ya databa de hace 54 años; se hicieron evidentes algunas conclusiones acerca de la conducta y trayectoria del comunismo y sus líderes, en particular, después de la primera mitad del siglo XX.


Siempre se ha asociado al comunismo y al marxismo en general, con la palabra “ideología”, con ideales, con doctrinas, con teorías, todas proponentes de la liberación de los pueblos de la opresión imperialista capitalista representada en la metrópolis EEUU. La lucha antiimperialista ha sido el motivo, el combustible y la amalgama que han propulsado y aglutinado a los “hombres nuevos” para, fusil en mano, asaltar el poder político e instaurar una sociedad “más justa”. Y también lo han sido del proselitismo populista que ha llevado a la dictadura chavista comunista al poder por la vía de los votos legítimos inicialmente, y del fraude electoral una vez empoderada.


Al día siguiente de que Nicolás Maduro insultara de forma feroz a los “insolentes imperialistas”, a quienes acusaba falazmente de actuar contra el pueblo venezolano por la aprobación de sanciones, no contra Venezuela como en el caso del embargo a Cuba, sino contra funcionarios revolucionarios incursos en delitos por violación de Derechos Humanos, contra unas pocas decenas de individuos que en realidad son enemigos de nuestro pueblo y saqueadores de la Cosa Pública (puesto que poseen cuentas bancarias millonarias en el Imperio que no pueden explicar); que incluyen el retiro de visas (que Maduro invitó: “métanse sus visas por donde…”) y congelamiento de cuentas bancarias; el mundo se enteró de que Cuba y EEUU reanudaron relaciones diplomáticas y se levantaba la medida de embargo contra la isla. Acontecimiento que tiene lugar dentro del lapso en que se está negociando en Europa la entrada de esta como integrante del Imperio Capitalista. Sobra decir que de inmediato Maduro ensalzó "la valentía" de Obama y su propio respeto por el “gran gigante del Norte”. Suponemos que en las 24 horas en las que se produjo ese milagroso cambio de opinión del ilegítimo Maduro, tuvo profundas reflexiones y quizás, hasta conversaciones con “aquel pajarito” que lo llevaron a reevaluar a los antiguos “sangrientos enemigos” devenidos en socios de su amo. Si no se tratara de asesinos despiadados, el asunto movería a las carcajadas. 


Se conoce que los experimentos comunistas en nombre del amor al pueblo, de ese mismo amor que siempre expresó Chávez de la prótesis dental para afuera, han producido el saldo de alrededor de 100 millones de muertos; incluyendo un número desconocido de cientos de miles exterminados por la revolución cubana directamente mediante ejecuciones, y quién sabe cuántos más indirectamente por desnutrición y enfermedades asociadas a la pobreza.


La conducta de los Castro necesariamente lleva a una primera e inequívoca conclusión. Es falso que el comunismo es una ideología y que el comunista es movido por ideales, doctrinas y teorías. La realidad es que tanto uno como el otro son cruel y perversamente pragmáticos. No solamente lo demuestra el viraje de la dictadura que hasta hace unos días justificaba con su antiimperialismo las penurias a la que había sometido al pueblo cubano, sino también las experiencias china y rusa, la primera convertida al capitalismo desde hace 30 años debido al fracaso económico del comunismo, y la segunda, expresión del capitalismo más corrupto y pervertido, bajo la conducción de un depravado y asesino ex Coronel de la ignominiosa KGB comunista. Dicho de otra forma, el amor al pueblo y la lucha contra el imperialismo, son solo excusas del comunista para asaltar el poder y asirlo con el único objetivo de la satisfacción material y enriquecimiento de su patrimonio. Mata por dinero y poder. No cabe otra conclusión.


Otra es que el extremo ridículo protagonizado por Nicolás Maduro esta semana demuestra no solamente que este muchachote iletrado y bruto es lacayo de la familia Castro, sino que sus patronos lo tienen en muy baja estima, que lo tratan como un sirviente despreciado y, sobre todo, tan desechable como Venezuela .


Hace 50 años los cubanos plantaron la semilla comunista en liceos, universidades, gremios, sindicatos y escuelas militares venezolanas, para finalmente cosechar el fruto en 1998, y luego mamar de la teta colonizada que, después de 15 años su sistema, su voracidad y la corrupción e incompetencia de sus lacayos, dejaron exhausta, completamente seca. Sólo entonces, al verse amenazados por la catástrofe de perder el sustento aportado por su huésped parasitario, deciden que ya no son comunistas sino capitalistas y demócratas a carta cabal. Nunca es tarde para rectificar. Seguramente los muertos y sus parientes, tanto de Cuba como de Venezuela, comprenderán que su sacrificio fue solamente por la visión "confundida" del mundo que una vez tuvieron unos jóvenes que en su senectud entraron en razón. Valió la pena, pues.


Cabe la pregunta acerca de qué pensamientos rondarán las limitadas o, en su defecto, delictivas mentes (o son tontos fanáticos que todavía creen en la honestidad de sus líderes y el comunismo, o son delincuentes que se benefician pecuniariamente del antiimperialismo) de los pocos chavistas que con franelas del Ché, boinas negras con la estrella roja de 5 puntas, botas de faena y El Capital de Marx jamás leído bajo el brazo, todavía simpatizan con esta degenerada orgía que osan llamar “revolución bolivariana”. Militantes que con sus uniformes rojos que muestran el rostro del mártir argentino y el uniforme de comunistas, son tan consumidores de modas y productos como consumidores de modas y productos son los sifrinos capitalistas con sus uniformes Gucci, Crocs, Louis Vuitton, Armani, Nike, Clarks, etcétera -por cierto, también adoptado por los aburguesados y obesos jerarcas revolucionarios-. Militantes que no están conscientes de que son consumistas frívolos, adictos y fanáticos del mercadeo capitalista manejado por el comunismo, que los induce a comprar bajo esa moda antiimperialista que les provoca la ilusión de ser “hombres nuevos humanistas” comprometidos con una causa romántica: la liberación, igualdad y bienestar de los pueblos; cuando en realidad sólo sirven de instrumento, de escalón, para satisfacer las ambiciones de sus líderes revolucionarios comunistas. ¿Cómo será la confusión mental de este lastimoso rebaño después de ver a su "presidente" insultar a los supuestos enemigos imperialistas del amo que al día siguiente son sus "queridos amigos del Norte"?


Pero no hay sorpresa. Raúl Castro solamente logró el éxito en el mismo negocio que intentó su hermano Fidel en abril, hace 56 años.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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