jueves, 4 de diciembre de 2014

Manirrota traición





Bajo el disfraz de cooperación o ayuda económica para los vecinos del Caribe (y también para otros parásitos no tan vecinos), el régimen de Hugo Chávez firmó convenios que estipularon la venta de petróleo en condiciones muy favorables para los compradores.


En realidad, este tipo contrato –como muchos otros con países del Cono Sur, África e incluso Europa del Este y Asia- tenía por objeto comprar las voluntades de los gobernantes para la penetración ideológica, el control político y la expansión del comunismo de acuerdo a planes de la Internacional Comunista (cuya fachada es el Foro de Sao Paulo). Pero sobre todo estaban dirigidos a comprar esa popularidad y figuración mundial que tan vorazmente apetecía el portento de Sabaneta.


Las condiciones onerosas para Venezuela de tales tratados, fueron duramente criticadas por la oposición; aunque el daño que causarían al país fue subestimado pues no era imaginable que al desplomarse la economía venezolana, el régimen saliera desesperado a descontar en el mercado financiero ¡del odiado Imperio! las deudas de esos parias que se beneficiaron con el petróleo del pueblo venezolano, que hoy padece las penurias causadas por el desatino -o más bien la mala fe- del comandante supremo y sus secuaces.


Mas el previsible cataclismo económico efectivamente llegó a Venezuela. Las predicciones de todos los economistas capaces –obviamente que no son comunistas y menos pertenecieron al régimen- se cumplieron, aunque en justicia hay que decir que no era necesario ser economista para predecir la catástrofe a la que nos conducía el corrupto, fanático, perverso e incompetente chavismo.


Venezuela acaba de conocer la noticia de que los patriotas antiimperialistas revolucionarios bolivarianos tuvieron que venderle la deuda de los petrochulos a Goldman Sachs a un 41 % de “su valor”. Esto ha causado reacciones duramente críticas contra la decisión que no es producto de la razón sino de la desesperación. Pero la verdad verdadera es que es quizás lo único bueno que han hecho estos señores comunistas dentro de la operación con esos países. En efecto, difiero de la opinión de que esa acreencia en manos de la revolución tenía un valor mayor a 0. De manera que recuperar 41 % de cada dólar regalado es un excelente negocio para el país. Es una operación de salvamento ante una deuda incobrable.


Lo anterior no significa que Hugo Chávez, su revolución (que lo único que revolucionó fue el grado de corrupción de los gobernantes y el malestar del pueblo) y sus revolucionarios, los patriotas, pues, le causaron un enorme daño –uno más en una interminable hilera- al Patrimonio Público, mucho peor de lo que superficialmente se aprecia.


No es cierto que el país recupera el 41 % neto con esta transacción. No está computado el costo de la oportunidad por no haber vendido ese crudo a un buen pagador, que en el caso de dinero, se mide en los intereses –el rendimiento-  a rata de mercado que generaría el cobro oportuno de ese capital colocado prudentemente en una institución financiera. De manera que al porcentaje recuperado por Venezuela habría que deducirle el monto de esos intereses, que pudieron ser devengados -pero no lo fueron- durante la mora del precio no satisfecho por “nuestros amigos antillanos”. O sea, el país perdió mucho más del 59 % descontado, recibió una ínfima compensación por la “ayuda” prestada a ellos. Perdió.


A los efectos de una explicación veamos el siguiente ejemplo: en el caso de República Dominicana, la deuda es de $ 4.090 millones. Si arbitrariamente presumimos la obligación como nacida en su totalidad hace 5 años (esto no es cierto pero da al lector una idea acerca del cálculo que debe hacerse desde el momento en que se venció cada factura), tenemos que si aplicamos la tasa LIBOR de hoy de 0,29786 % diario o 9,06 % mensual, el costo de la oportunidad sería $ 744.137 millones de dólares. Por el descuento de la deuda de este país Venezuela recibe $ 1.677 millones, por lo tanto, en este ejemplo, en realidad estaría recibiendo un neto de $ 742.460 millones, o 18 % de la acreencia.


Los anteriores párrafos describen apenas un ejemplo -por lo demás insignificante comparado con otros- de la manirrota traición de una supuesta revolución que prometió bienestar y la recuperación moral del país sumido en la corrupción de la tan cuestionada “Cuarta Republica”, pero que consumió todos los recursos del país, al punto de dejarlo sin Reservas Internacionales, en una vorágine dispendiosa, incluyendo la compra de voluntades internas y externas por medio del desmadre de la corrupción; con el solo propósito de satisfacer el ego de un sociópata narcisista delirante y malvado. Así, regalando el país más rico de la Tierra, cualquiera se hace popular.


Lo que encontramos los venezolanos cada vez que se destapa la olla revolucionaria es un sancocho del excremento de corrupción, de delirio de dominación mundial del Gigante Galáctico, de incapacidad y falta de talento (para producir no para robar) de los revolucionarios, de mala fe, de maldad, y del desprecio por el noble pueblo de Venezuela, que es quien finalmente pagará con miseria, los años de esclavitud que el comunismo le aseguró con la destrucción de la economía, de la entrega de recursos en garantía a acreedores como China, y del peso de una impagable deuda externa que oprimirá por generaciones a nuestros hijos y nietos.


Claro está, cuando todo colapse y el pueblo vaya por ellos, los revolucionarios y su descendencia de los próximos siglos, se retirarán a alguna ciudad del Imperio a gozar de las enormes fortunas personales acumuladas con el dinero “bien habido” a su paso por la Administración Pública, en compensación por su lucha y sacrificios en bien de su amado pueblo.


¡Pero nos dieron patria!


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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