domingo, 21 de diciembre de 2014

Estadista




In God We Trust
Cuatro características esenciales deben existir en un verdadero estadista y líder político: capacidad intelectual, de autocrítica, de rectificación y sabiduría. Esta semana Nicolás Maduro dio diáfanas muestras de poseerlas todas, y con creces.

Su conducta de los pasados días fue un claro y florido despliegue de estas cualidades. Muchos incautos malintencionados percibían al hijo de Chávez como un iletrado incompetente que por el solo hecho de serle fiel cual perro a su padre y ser agente cubano, fue ungido heredero para acceder gratuitamente a la Presidencia de la República. Algunos, no pocos, llegaron a la iniquidad de calumniarlo llamándolo títere de los prohombres benefactores de la humanidad que son los hermanos Fidel y Raúl Castro; líderes humanistas y demócratas de la salvadora, dignificante y comunista revolución cubana.

Pero con dignidad, hombría, nobleza, prudencia y consciencia de trascendencia, Nicolás Maduro probó errados a esos lacayos del Imperio que tan cruel y falsamente lo descalificaban. El lunes –visiblemente indignado por el atropello al pueblo venezolano que significan las sanciones a los honorables revolucionarios ladinamente imputados por la comisión de delitos contra la humanidad que tienen sus ahorritos en bancos del Imperio- el aguerrido líder antiimperialista, sin temor ni vacilación, reclamó a los “insolentes imperialistas” tal desmán, amenazó con romper relaciones con la odiada metrópolis del Imperio Capitalista (lo que finalmente no hizo fundamentado en la intachable “sabiduría chavista”), convocó a una marcha de protesta contra el Imperio, exigió respeto para Venezuela y ordenó a sus seguidores comunistas la quema de sus visas para, en firme protesta, no volver a vacacionar más en Disney World ni disfrutar de sus ostentosos bienes en el Imperio. ¡Así se actúa! ¡Así se gobierna!

24 horas después, el mundo recibió la noticia de que se verificó el acercamiento del odiado Imperio a Cuba, de que se levantaría el embargo económico impuesto por EEUU hace 54 años. Y vimos a un triunfador Raúl Castro, recibir el saludo fraternal del vencido Barack Obama, quien le dio la bienvenida formal a la isla como democracia capitalista, en la persona del ex comunista converso hermano del gran Fidel, después de Stalin y Lenin y quizás de propio Marx, el comunista más famoso de la historia. Fue la primera señal de que Cuba por fin se integraba al Imperio Capitalista, tal como lo había solicitado desde comienzos de 2014 en Europa a las democracias capitalistas, siguiendo el ejemplo de la otrora China Comunista.

Y fue entonces, menos de un día más tarde, cuando Nicolás Maduro hizo gala de sus dotes de hombre de estado y de su madurez (no es juego de palabras ni redundancia) política, para rectificar luego de una profunda meditación introspectiva y autocrítica -ya él había anunciado en numerosas ocasiones que tenía esa capacidad-. Se refirió al “insolente imperio” como el “gran gigante del Norte”. Al “irrespetuoso Obama” como un “hombre con valentía”. En fin, tuvo la grandeza y nobleza que tanto abundan en su persona para corregir su error de percepción en bien de su amada Venezuela y de ese pueblo a quien tanto respeta y adora.

Nicolás Maduro mostró la verdadera catadura moral e intelectual del comunista. Probó que valieron la pena, y en realidad no fueron sacrificio, la lucha antiimperialista de tantos años; las vidas de tantos necios que no comprendían las bondades del marxismo entregadas en su rehabilitación ideológica; las privaciones y muertes por enfermedades causadas por la escasez resultante de la guerra económica librada por el antes “sanguinario Imperio”, en lo adelante, “querido hermano del Norte”; los 25.000 muertos al año caídos a manos de los luchadores sociales antiimperialistas humanistas; las pérdidas por apagones provocados por sabotaje de iguanas y rabipelados enviados por la CIA; los cientos de intentos de magnicidio frustrados a la derecha fascista, la burguesía, la oligarquía, los gringos y los judíos. Valió la pena el tránsito por 15 años de revolución comunista que condujeron a Venezuela a ser la única nación comunista de este hemisferio, de las dos que quedan en el mundo. La otra: Corea del Norte, país conducido por otro ejemplar estadista de 27 años, el gordito Kim Jong Un.

Nicolás Maduro probó que Hugo Chávez nos dio patria (aunque murió en la pobreza y dejó en la ruina a su familia, tanto, que han tenido que continuar viviendo en La Casona para no quedar en la calle). Que fue acertado al entregarse y entregar a Venezuela a la sabia conducción de Cuba y los Castro, quienes ahora, como a la hija que llega a la mayoría de edad, la dejan a su suerte en el camino del comunismo que a ellos condujo finalmente al capitalismo, para ser la potencia planetaria soñada por el Comandante Eterno.

Y la revolución bolivariana no decaerá hasta que en cada comuna, en cada círculo bolivariano, en cada sede del PSUV, en cada cuartel, se haya instalado un McDonald's, y hasta que cada venezolano revolucionario antiimperialista pueda beber su whisky diario salpicado con Coca Cola.

¡PATRIA, SOCIALISMO Y DÓLAR! ¡VIVIREMOS Y ENGORDAREMOS!

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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