lunes, 1 de diciembre de 2014

Diversidad




No son la división de poderes y el Estado de Derecho la esencia de la democracia. Tampoco lo es la libertad de expresión. Menos lo es el ejercicio del voto, la existencia de procesos electorales. Estos son solo manifestaciones formales de ella, requisitos para su existencia. La esencia de la democracia es la diversidad de pensamiento que se expresa en el disenso.


La democracia, entonces, es disenso. La democracia es diversidad. Lo contrario de democracia es la uniformidad, el pensamiento único. Estos son característicos y sinónimos de dictadura y opresión.

La diversidad es condición absolutamente necesaria para la vida, aun más allá de la democracia. Se expresa en la Naturaleza, en el Universo, en la Biología: la diversidad de especies asegura el equilibrio ecológico que permite la perpetuación y evolución de la vida en el planeta, de la misma forma en que la de pensamiento permite la perpetuación y evolución de la democracia.
 

Para que existan disenso y diversidad es indispensable la tolerancia. La tolerancia permite que el disenso se manifieste con libertad y sin temor. Por lo tanto, sin tolerancia tampoco es posible la democracia.


Ayer vimos sorprendidos que dos líderes democráticos, por lo demás hombres brillantes y de probadas convicciones democráticas, Henry Ramos Allup y Ramón Guillermo Aveledo, ambos dirigentes de la MUD, arremetieron contra la diversidad de pensamiento. Condenaron el disenso. Agredieron ferozmente a aquellos que se atreven a disentir de algunas o todas las posiciones asumidas por la MUD, o que cuestionan sus decisiones o conductas. Despiadadamente –con retórica que se confunde con la del totalitarismo chavista- acusaron de traidores a quienes no siguieran o criticaran las pautas y políticas de la MUD; que son pagados por el régimen, dijeron. En otras palabras, pisotearon la democracia; si bien un reducto de democracia en esta barbarie que vive el país; una democracia indispensable al menos dentro del ámbito opositor que le garantiza a la oposición vitalidad, crecimiento y fortaleza nacidos de la diversidad y el disenso; mismos que le dan verdadera y única ventaja frente al poder totalitario.



¿Ha permeado a la dirigencia opositora esa intolerancia que ha signado el desenvolvimiento social en los últimos 16 años, nacida del poder omnímodo de un liderazgo morboso psicopático depravado y perverso que todo lo ha alienado, corrompido y destruido? ¿O es tan solo expresión desesperada al ver en riesgo intereses personalísimos? ¿Será sincero pero cegador terror de pensar en peligro inminente la restauración de la libertad?


La respuesta es trascendente pues de ella depende la vida o muerte de la esperanza libertaria.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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