lunes, 1 de diciembre de 2014

Ciencia inútil y elitesca




La Ciencia no es más que la curiosidad humana en acción. La condición básica que debe darse para que esa curiosidad vuele es la libertad. Ni el Estado ni nadie están en capacidad de controlar esa curiosidad. La horma impuesta por el poder, lejos de estimularla, la cercenan, la destruyen. Es la libertad, pues, la clave para que la imaginación escudriñe el Universo y decida qué fenómenos merecen ser explorados. El producto de la curiosidad, de la Ciencia, es producto de la libertad.


Es inimaginable lo que sería la humanidad si a Demócrito, Pitágoras, Tales, Euclides, Esculapio, Galeno, Galileo, Copérnico, Leonardo, Pascal, Newton, Pasteur, Einstein, Heisenberg, Bohr, Fleming, Turing, Marie Curie, Fermi, Marconi, Tesla, Turing, Convit, Hernández Morán, se les hubiera impuesto qué investigar, a qué dedicar sus esfuerzos, ignorando su curiosidad. Sencillamente, no existiría la civilización. La humanidad anduviera en guayuco.


Con estupor los venezolanos hemos escuchado, con motivo de la eliminación del IVIC, en un despliegue de ignorancia, imbecilidad, barbarie y delirio, al Vicepresidente Jorge Arreaza declarar que la “ciencia inútil”, la “ciencia elitesca”, será eliminada; que la Ciencia “no estará encerrada en laboratorios, sino que estará en manos del pueblo”, en lo que estos comunistas llaman “ciencia artesanal”.


Por una parte, la Ciencia jamás es inútil, por triviales que parezcan los fenómenos estudiados. Algo aparentemente tan insignificante como la posibilidad de escuchar música, terminó en el desarrollo de medios ópticos para la informática; o la transmisión de imágenes en una pantalla, llevó al desarrollo de un gran instrumento de manejo de masas como lo es la Televisión; o la pregunta de por qué cae una manzana madura, llevó al hombre a la luna; o algo tan etéreo o aun esotérico como la investigación de partículas subatómicas, condujo a la revolución de las computadoras y los circuitos integrados en Estado Sólido. Es impredecible hasta dónde puede conducir un camino emprendido por la curiosidad e imaginación humanas, y cuáles beneficios aportará a la civilización y el bienestar.



Por otra, la Ciencia siempre es, ha sido y será “elitesca”. Sencillamente, es imposible que todos estemos capacitados para ella. Lo natural en la sociedad humana es que haya diversidad de talentos: artesanos, mecánicos, técnicos en reparación de artefactos, abogados, artistas, ingenieros, economistas, maestros, peluqueros, diseñadores, médicos, gerentes, científicos, plomeros, costureras, escritores. Sin esta diversidad la sociedad se estanca. La Ciencia exige talento especial, disciplina, inteligencia y educación de los que no todos pueden gozar o acceder por diversas razones que van desde la vocación hasta las capacidades intelectuales.

Y justamente de laboratorios han salido los bombillos eléctricos, las vacunas, los antibióticos, los chips de computadoras, los plásticos, la harina para arepas, las medicinas, ¡las armas con que someten al pueblo! Hasta los mecanismos de los costosos relojes que tanto gustan a los revolucionarios, provienen de laboratorios. ¿Acaso la fórmula de los cauchos o las computadoras que gobiernan la inyección de combustible que usan los sofisticados carros socialistas -Hummer, BMW, Audi, Mercedes, Porsche, Ferrari- preferidos por los "hombres nuevos" en el poder no vienen de laboratorios?
 

Pretender que el Estado controle la curiosidad, imaginación, inventiva y creatividad humana, que controle la Ciencia, es atroz y bárbaro, además de idiota. Y solamente asegura un rápido avance hacia el atraso y la miseria.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


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