lunes, 8 de diciembre de 2014

Carta al Niño Jesús



Querido niño Jesús:

Hoy me adelanto con mi carta para pedirte mis regalos porque me han dicho que se facilita tu trabajo y así puedes cumplir mejor con los deseos de los niños. Antes de entrar en materia, cumplo con informarte que he sido un buen niño este pasado año. Mis padres y mis maestras están muy contentos con mi conducta y mis estudios. Es verdad que me caí a coñazos en el colegio con un chavista millonario hijo de un general revolucionario, pero es que Wilmersito (así se llama el niño) siempre se la está echando con los juguetes y la ropa que le compra su papá en Mayami, y además, es un "bulero", o sea, un caribeador, como dicen los mayores. Sucede, que el muy malandro, no contento con los Bs 500 que le da el papá todos los días para el desayuno en la cantina, siempre que puede les roba la cartera a los compañeritos; y ese día, no me respetó a mí. Me tumbó los Bs 50 que me había dado mi mamá y me quedé sin comer. En fin, no tuve más remedio que darle un pescozón por la jeta para que me los devolviera, cosa que fue imposible. Como todo buen revolucionario, prefiere morir desangrado antes que devolver los bienes procedentes de la lucha de clases.


De resto me he portado muy bien. Jamás, ni una vez, insulté a ningún chavista (a Wilmersito le metí el coñazo sin avisarle para que los guardaespaldas no me jodieran). Ni siquiera los he envidiado cuando los veo pasar en sus carrotes o pasear en el parque con sus bicicletotas importadas del Imperio. Te juro que no me da envidia cuando los veo en sus mansiones en el Country, Valle Arriba y La Lagunita. Menos me he arrechado cuando a punta de fusil obligan a mi mamá a hacer cola para comprar un kilo de harina PAN y un rollo de papel tualé, mientras que un soldado pasa sin hacerla, agarra sendos bultos de harina y de papel, y sale caminando del Bicentenario después de pagar en efectivo, además, por 5 cajas de güisqui, 3 plasmas, 5 Blue Rays y 8 mortadelas de tapara italianas. Es más, ni los maldigo cuando mis hermanitos han estado con dengue o chincungunya y mi papá no encuentra acetaminofén ni con los buhoneros. Y en verdad, Chuíto, no les guardo rencor cuando recuerdo que mi abuelito murió de cáncer sin poder encontrar las medicinas por culpa de la guerra económica.


Mis pedidos este año son un poco especiales. Estoy muy preocupado porque ya mis padres no se ríen. Mi mamá llora por una cosa que se llama inflación, que según me explicó, es como una inflamación de los precios. Ella me dijo que el gobierno dice que es de 57% en el último año. Yo recuerdo que el año pasado un cartón de huevos costaba Bs 96 y mi mami se quejaba con el portugués. Ayer vi que le costó Bs 300 pero ya no peleó con Joao, sino que lo vio, se le aguaron los ojos y le pidió que le fiara el pan. No le pidió lo mismo para la leche, el café y la mantequilla porque no había. Por cierto, ¿300 es el 57% de 96?


Pero mi papá dice que lo peor no es la fulana inflación, sino una enfermedad, según él, que se llama corrupción. Cuenta mi papi que cuando había democracia también había corrupción y por eso votó por Chávez, pues este prometía que acabaría con toda esa podredumbre incluyendo los viajes gratis en aviones de PDVSA (creo que así se escribe). Pero resulta, dice él, que ahora la corrupción es peor, que ya ni los viajes en cola en aviones del Estado los hacen escondidos, sino que hasta llevan a las niñeras. Además, lo que más le arrecha, es que antes le cobraban el 10 % por los contratos con el ministerio, pero ahora le cobran 60 %. Yo sé que los revolucionarios se esfuerzan más en su lucha por el pueblo, pero creo que ya eso es mucho por su sacrificio.


Hace unos días hubo algo que me puso muy triste aunque muchos decían que fue mejor que eso sucediera porque se trataba de delincuentes. Pero es que a mí no me gusta que tanta gente muera de un golpe aunque sean pobres y criminales. Parece que un socio de Iris Varela (¡uf, señora pa fea!) les dio una guarapita hecha con drogas y veneno a los presos de Uribana, y se murieron como cuarenta en una agonía espantosa. Yo no los conocía, pero la cosa me pegó y todavía no me siento cómodo para pedirte los regalos y celebrar la Navidad. Pero ya sabes, hay que continuar la rutina y esperar que los que te voy a pedir sí me produzcan alegría.


No te preocupes, no te voy a pedir ni el televisor ni la nevera ni la lavadora que se quemaron con los apagones del sistema eléctrico socialista que nos dio Chávez. Tampoco te voy a pedir que mi tío Alberto recupere el dinero que le quitaron cuando le allanaron la tienda por vender aceite de comer sin pagarle la mordida a la Guardia Nacional y al fiscal de INDEPABIS. Menos te voy a pedir que mi abuelita pueda comprarse un carro con lo que le pagó el seguro cuando la atracaron el mes pasado y le robaron el suyo.


Pero sí te voy a pedir algo muy encarecidamente: habla con tu Papá y dile que me ayude a lograr que a mi primo Tomás lo liberen porque ya tiene dos meses secuestrado y con los ajustes diarios que los secuestradores hacen al monto del rescate por la inflación, no se han podido poner de acuerdo con respecto al pago.


En realidad creo que es poco lo que te voy a pedir. Lo primero es que quiero que no sigan matando tanta gente. Ya este año van 25 mil asesinados por los malandros y el gobierno no solamente no hace nada, sino que los premia con motos, sueldos y pistolas. También quiero que se consigan comida y medicinas, por lo menos. Otra cosa importante es que quiero que a mi mamá le alcance la plata hasta el final de quincena, porque eso de comer puro pan con guarapo de papelón es muy ladilla. No sé si puedas lograr que los revolucionarios no se sigan cogiendo los dólares que hacen falta para traer medicamentos contra el cáncer, y así no mueran tantos como mi abuelito. Por favor, haz todo lo posible para que no siga cayendo el precio del petróleo, porque si a $ 100 pasábamos trabajo, a menos de $ 60 vamos a pelar más bolas que “El Fugitivo”. Hay algo más que te pido: trata de que el Bolívar Fuerte no sea tan débil, porque pronto no extrañaremos el papel tualé gracias a esos billetes nuevos. Y sobre todo te pido mucha felicidad para mi familia, y para todos los venezolanos que ahora se la pasan armando peo con los ojos hinchados y cara de cagaos.


Por último te voy a pedir lo más importante, no quiero juguetes, si no puedes, no me traigas nada, ni siquiera esas cosas inmateriales que te pedí. Pero por favor, llévate a Nicolás Maduro de vuelta a Cúcuta, que se lleve a Cilia,  a los cubanos, y que todos los millonarios revolucionarios del gobierno y sus testaferros boliburgueses se vayan para Doral, porque lo que es para Cuba no van a correr ni por el carajo.


¡Ah, y otra cosa! Ni te molestes en traerme patria porque ya el Comandante y la revolución me la dieron.

Gracias de antemano por tus presentes.


Sinceramente,

Leo

No hay comentarios:

Publicar un comentario