miércoles, 5 de noviembre de 2014

Podredumbre revolucionaria







En la última semana de octubre reventó un escándalo que indignó a la mayoría de los venezolanos, pues puso en evidencia el grado de amoralidad que infecta a la llamada revolución bolivariana hasta los tuétanos: la niñera de los hijos de Elías Jaua fue detenida en el aeropuerto de Sao Paulo, por donde hacía su ingreso en Brasil, acompañada de la suegra del funcionario, después de desembarcar de  un avión de PDVSA, la petrolera estatal, en el cual habían viajado por cortesía del Estado, vale decir, de los venezolanos que hacen cola para comer, que no encuentran medicinas para sus enfermedades, que mueren esperando atención en los hospitales del país, que no pueden adquirir los alimentos necesarios para subsistir a causa de la inflación y la escasez; de los venezolanos que padecen toda clase de privaciones gracias al socialismo. La sirviente doméstica del revolucionario socialista aburguesado y engordado por la revolución, portaba un revólver Smith & Wesson calibre .38 special, propiedad de su patrono, por lo que fue acusada por las autoridades brasileñas de tráfico internacional de arma de fuego.


La empleada del socialista burgués Jaua fue pasada a los tribunales brasileños competentes que ordenaron su detención no obstante una ridícula y lastimosa carta de su “patrón” marxista justificando el olvido del arma de su propiedad en el maletín que transportaba la señora, y pidiendo su liberación.




El bochornoso pero muy grave incidente permitió una mirada a las intimidades de los excesos que cometen los comunistas bolivarianos en el poder. Aunque se ha filtrado información de que la señora esposa del funcionario revolucionario fue a Brasil al Hospital Sirio-Libanés para que le fuera practicada una cirugía plástica estética, su esposo intentó justificar en rueda de prensa que la dama fue llevada de emergencia al gigante suramericano debido a una grave dolencia que la aquejaba.


Además de que cabe preguntarse por qué la distinguida señora marxista no podía ser llevada a un hospital o institución de salud nacional; mismos que de acuerdo al propio régimen funcionan maravillosamente gracias al socialismo, a la revolución y al comandante eterno (imposible no recordar agradecido y nostálgico cuando nos aleccionaba “¡esto es socialismo!”) y a donde el resto de los venezolanos estamos obligados a ir pues ni tenemos los dólares para pagar servicios de salud extranjeros ni para comprar los onerosísimos pasajes aéreos que los revolucionarios no necesitan comprar pues disponen de la flota de aviones del Estado, lo que todos juzgamos nimia recompensa para los sacrificios que hacen a diario por el bienestar del pueblo.


Así que el hombre nuevo pasadito de kilos Jaua considera que merece, en vista de la enfermedad de su esposa, licencia para cometer peculado de uso al viajar con toda la familia, incluyendo suegra y servidumbre. Convenientemente el sacrificado comunista olvidó mencionar en su infame declaración cuándo y cuánto reembolsaría a PDVSA los costos de operación y demás gastos de la aeronave en los viajes de su familia. Y peculado de uso es una expresión eufemística que significa “robo a la nación”.


La aclaratoria de Jaua en este sentido ante la prensa, no solamente es imbécil y reflejo de profunda ignorancia y corrupción moral, si no que constituye confesión impúdica de un grave delito contra la Cosa Pública. Sería interesante ver si la Fiscal General de la República actuará para procesar al pachá socialista por esta descarada transgresión. Sin embargo, no hace falta ser Reynaldo el Profeta para vaticinar que ninguna “institución” socialista del Estado moverá un dedo para para que se haga justicia en este caso. Y quizás tengan razón: ¿qué importancia tienen unas pocas decenas de miles de dólares al lado de los miles de millones de millones que los revolucionarios se han embuchado hasta la fecha en nombre del amor al pueblo?


La sordidez del suceso se agrava si tomamos en cuenta que el señor Jaua es Ministro para las Comunas, es decir, es el funcionario que tiene a su cargo la implementación del sistema comunista en nuestro país. Debemos suponer que al viajar con toda la familia, niñera incluida, en naves del Estado y a todo lujo, proyecta el ejemplo de lo que debe ser un comunista a carta cabal, que se sacrifica saqueando al Estado como compensación por su lucha contra el imperialismo yanqui.
 



Una sociedad en la que un servidor público comete y reconoce haber cometido un delito de esta naturaleza contra el Patrimonio Público con la seguridad de que goza de impunidad (lo que constituye otro síntoma de la inexistencia del Estado de Derecho ya que hace patente la falta de independencia de poderes); en la que reina la inseguridad que cobra la vida de más de 25.000 hermanos venezolanos cada año; en la que observamos el colapso de todos los servicios públicos; en la que la economía ha sido destruida al punto de tener la tasa de inflación más alta del planeta y el desabastecimiento impera; en la que la corrupción moral y el delito de los gobernantes son la regla; en la que hemos sido testigos del enfrentamiento entre fuerzas armadas regulares policiales del Estado (CICPC) y fuerzas armadas irregulares patrocinadas por y al servicio del Estado (colectivos); es un sistema en absoluto caos, en el que el Estado ya no existe como institución ni cumple su función como ente regulador y normativo de la sociedad para asegurar la paz y su funcionamiento. En Venezuela trascendimos el colapso del Estado de Derecho y vivimos la desaparición absoluta del Estado.


Y esa desaparición del Estado no es más que el único resultado posible de la podredumbre moral de la expoliadora revolución bolivariana.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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