miércoles, 19 de noviembre de 2014

Malas noticias hermanos




Cuentan que en una ocasión Ronald Reagan, presidente de EUA desde 1980 hasta 1988, se reunió para un almuerzo con el economista Arthur Laffer con el objeto de discutir las estrategias necesarias para salvar la economía norteamericana de la recesión en que la había sumido la incompetente administración de James Carter. En esa comida, Laffer tomó una servilleta y en ella dibujó una curva para explicarle al candidato presidencial su teoría de que –en el ámbito medio de la curva- la recaudación fiscal es inversamente proporcional al nivel de impuestos e, indirectamente, al crecimiento económico. Esta representación gráfica conocida como Curva de Laffer aunque este no la inventó, es una explicación del comportamiento de la elasticidad de los ingresos pechables por el Estado.


Reagan comprendió de inmediato y con entusiasmo la explicación del técnico que le demostraba gráficamente que a menores impuestos habría mayor expansión, crecimiento de la producción que resultaría en más ganancias de oferentes de bienes y servicios, y, en consecuencia, una mayor base imponible que devendría en incremento de la recaudación fiscal. El político vio diáfanamente que reduciendo impuestos “mataría dos pájaros de un tiro”: sacaría al país de la terrible y desmoralizante recesión aumentando el PIB, e incrementaría los ingresos del Fisco en medio de una situación grave de déficit fiscal.


Así, el otrora actor de westerns holliwoodiano, al llegar a la Casa Blanca puso en práctica las proposiciones de Laffer junto con otras medidas de carácter liberal. En muy poco tiempo se produjo el milagro predicho por el economista y la economía norteamericana se fortaleció de tal manera que pudo, manteniendo su vitalidad y asociados al Vaticano con el Papa Juan Pablo II, al sindicato Solidaridad con Lech Walesa, y con otros actores menos conspicuos, desarrollar programas y estrategias políticas, económicas y militares que eventualmente condujeron al derribamiento del Muro de Berlín y que terminaron con la existencia del Imperio Soviético. El pésimo actor pasó a convertirse en héroe de la mayoría de sus compatriotas, de los que muchos lo consideran el más grande presidente en la historia de ese país.


Pero apartando a chinos, vietnamitas y rusos, los comunistas no aprenden ni de la experiencia ni de la historia (o quizás si aprenden pero su ambición de riquezas súbitas e ilimitadas les ciegan el entendimiento). De esta forma vemos hoy que los comunistas bolivarianos en el poder, obesos que gobiernan a un pueblo famélico gracias a la inflación y escasez, al empobrecimiento socialista, pues; incurren en los mismos errores que llevaron a la revolución china al borde del abismo del cual la salvó el viraje hacia el capitalismo de Estado, y a la soviética al fracaso más estruendoso.


Hoy los revolucionarios bolivarianos están enfrascados en la implantación del Estado Comunal; mismo que en China instauró Mao para causar la muerte de 45 millones y en Rusia Stalin para acabar con la vida de 40 millones, en ambos casos por hambruna. Parecen ignorar que la China comunista de Mao dejó de existir en 1978 con la reformas de Deng Xiao Ping, y que Rusia es hoy capitalista.


También se empeñan los comunistas venezolanos en continuar el cerco sobre las clases productivas con medidas restrictivas de toda índole, jurídicas, limitantes de la propiedad y de las libertades económicas, que van desde las expropiaciones hasta los controles de precios, incluyendo el control de cambio. Todas, políticas económicas que estancan o contraen la economía y que han sido probadas en fracasos del pasado a lo largo y ancho del planeta.


Ayer los venezolanos conocimos 28 leyes decretadas por el Ejecutivo bajo su poder habilitante, unas con el objeto de aumentar la recaudación y reducir el enorme hueco fiscal del “gobierno” revolucionario, y mejorar la salud del sistema. Esperanza de tísicos. Entre otras, estas contemplan medidas de incremento de impuestos justamente en contradicción con lo probado empíricamente por la Economía, como en el caso del gobierno de Reagan.


Es sencillo predecir que estas medidas fracasarán rotundamente, no solamente por las razones ya expuestas, sino porque no atacan el problema principal: la adopción del modelo socialista.


También -bajo la modalidad de un sainete montado con “trabajadores” adscritos al partido de gobierno generosamente recompensados para ello, que a gritos le pidieron al señor Maduro que incrementara la gasolina con un entusiasta “sí” a su pregunta de si lo deseaban, Maduro no solamente aceptó el “sí” aprobatorio del aumento del precio, sino que se dio el lujo de decir cínicamente que él no estaba en desacuerdo pero que lo haría sin apuros- el régimen anunció timoratamente que habría un aumento de la gasolina.


Aunque es claro para economistas y legos que el aumento de la gasolina es saludable, es obvio también que como medida aislada no acompañada por un plan integral que contemple la corrección de todas las distorsiones que desequilibran la economía con la adopción de medidas que incluyan liberación de mercado y acaben con toda política restrictiva, que restituyan libertades económicas, que elimine las onerosas dádivas a la metrópolis cubana y a otros parias parásitos “amigos de Venezuela”, y la dotación de recursos financieros para recuperación de la economía, una suerte de Plan Marshall; este aumento del combustible solo tendrá efectos negativos netamente inflacionarios y de estancamiento o contracción.


Desde hace 15 años ha sido claro que las políticas económicas de la dictadura estaban dirigidas a destruir la fibra social, acabar con las clases pensantes económicamente independientes, conocidas en la jerga revolucionaria como “burguesía” y que forman parte de un plan general a los mismos efectos llamado “Tierra Arrasada”, que incluye la ruina económica, la inflación, escasez, y el desbordamiento del hampa, en su carácter de grupo de “luchadores de clases”.


Pero a la luz de estas últimas decisiones de la dirigencia revolucionaria, inequívocamente desesperadas, que demuestran no solo la terquedad comunista, sino la incapacidad de comprender conceptos básicos de Economía; la ceguera disociada ante una realidad que los supera; y quizás la sorpresa de que su propio plan se les escapó de las manos víctima no únicamente de la inviabilidad del modelo socialista totalitarista, sino de la asquerosa e ingente corrupción de los revolucionarios, cuyo capitalismo salvaje, expresado en la acumulación desmedida de riquezas inocultables por sus signos exteriores, es finalmente la perdición de su revolución socialista.


Hoy intentamos sobrevivir en una sociedad en máximo caos, con un Estado colapsado, virtualmente desaparecido y en consecuencia incapaz de satisfacer su función como ente regulador de la actividad social y garante de la paz; en una sociedad sumida en la anomia total.


Los venezolanos somos parte de un sistema caótico cuya entropía alcanzó el máximo y tiende ahora a un cambio de estado, a una transición hacia otro orden, no sabemos cuál. Pero con toda seguridad, una transición que será precedida o acompañada de grandes traumas sociales de los cuales la guerra civil “purificadora” tan anhelada por el amoroso comandante eterno, es una posibilidad no muy remota. Máxime con una FANB disminuida y lisiada operacional y moralmente por leyes y políticas planificadas por el difunto líder para exterminarla y sustituirla con un ejército revolucionario formado por los llamados colectivos y la Milicia, a los cuales se les sumarían las policías bajo las órdenes de Freddy Bernal. Una FANB a la que solamente le resta el recurso de actuar para sobrevivir, o de lo contrario desaparecer, con la consecuencial persecución de sus miembros que no se plieguen a la revolución.




De manera que las medidas económicas anunciadas en las leyes recién promulgadas por el Ejecutivo, que empeorarán el ambiente económico además agravado por la caída de los precios del petróleo, que llevarán al país a la miseria como jamás había vivido después de la Guerra Federal; se inscriben en un contexto político, social y castrense que hace inevitable un estallido de proporciones inimaginables. El año 2015 quedará grabado en la historia como el año de una gran tragedia nacional.


Y enfría la sangre escuchar a muchos preocupados por su cupo viajero de CADIVI o por la designación del director técnico de la Vinotinto. 


¿Negación?




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

1 comentario:

  1. Excelente articulo y muy buen blog, me hice seguidor. Aprovecho para invitarte a darle una mirada a mi blog: http://wwwlosdeentonces.blogspot.com
    Saludos afectuosos

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