viernes, 21 de noviembre de 2014

La muerte del futuro









La Educación es la matriz del desarrollo económico, es decir, del bienestar. Y de la educación nace la Ciencia. Las Ciencias Fácticas –apoyadas en las Formales- son el basamento del desarrollo tecnológico que hace posible el económico. Es decir, sin Ciencias no puede existir el bienestar social.

Sin la Física, Química, Biología, Electrónica, Informática, y demás disciplinas; y sin investigación y desarrollo en ellas sustentado, es imposible el desarrollo tecnológico que conduce al bienestar de los pueblos, sencillamente porque también es imposible el desarrollo económico que provee los recursos para los servicios básicos sociales, como la Educación. Es un de mecanismo de retroalimentación en el cual la Educación crea la Ciencia y esta alimenta a aquella con sus aportes económicos indirectos, adelantos, invenciones y descubrimientos. De manera que sin Ciencia se estanca la Educación y muere, desaparece un eslabón de esa cadena sinfín; y el país carecerá de los medios necesarios para continuar educando al pueblo.



El IVIC, Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, nació hace 55 años, es hijo de la democracia. Los líderes democráticos que lo concibieron tenían plena consciencia de la importancia vital de la Ciencia para la explotación de los ingentes recursos del país, la construcción de la infraestructura y la propulsión de la actividad industrial que nutriría el crecimiento económico generador de bienestar.

El IVIC creó la tecnología para desarrollar la industria petrolera, la que concibió al INTEVEP que le dio sustento tecnológico a PDVSA, que proveyó la sangre que alimentó a la sociedad venezolana en tiempos modernos, y que hizo posible las carreteras, represas hidroeléctricas, industrias, hospitales, universidades, liceos y colegios que educaron hasta a los no muy aprovechados gobernantes –militares y civiles- que hoy detentan el poder. Creó inventos como el bisturí de diamante del Dr. Humberto Hernández Morán, recordado como “El Sabio Hernández Morán”.  Creó los avances médicos que permitieron luchar contra enfermedades y epidemias autóctonas y exóticas. Creó el único reactor nuclear que existe en Venezuela.  ¡Creó la Orimulsión!, ¡los ingresos petroleros de nuestro futuro! Que fue determinante en la creación de esta Venezuela que nuestros abuelos no soñaron posible en su juventud, pues solo podría haber sido la concepción de la mente de un Arthur C. Clark o de un Julio Verne; y que sus nietos hoy ven como algo natural ignorando que este país era una gran hacienda rural con carreteras de  tierra, cuando esos ancestros fueron engendrados.

Pero, no obstante la contribución de este instituto, incluso, con los recursos que hicieron posible el ascenso al poder de Hugo Chávez y sus “revolucionarios”, y la compra de los tanques de guerra con que hoy someten al pueblo; en primera discusión de la Asamblea Nacional fue aprobada su eliminación.



Este será sustituido por otro instituto (IVECIT) que solo administrará –no investigará ni desarrollará- un tal desarrollo tecnológico en el sistema de comunas, mismas que serán incapaces de cultivar esas Ciencias Fácticas que engendran la tecnología de punta, y se limitarán a una tecnología artesanal, de acuerdo a esta definición de propósitos redactada en un lenguaje vacío y panfletario, atestado de lugares comunes propios del comunismo, y expresiones bárbaras y patrioteras:

“... la ciencia no estará encerrada en laboratorios, se permitirá que el pueblo y las comunidades construyan permanentemente elementos tecnológicos para la transformación del país. Con esta nueva Ley se democratizará toda la ciencia que se produzca, es la ciencia al servicio del pueblo, la liberación y soberanía de la patria.”

Esta Ley es la expresión de esa creencia comunista de que reduciendo a lo meramente formal las visiones delirantes de los revolucionarios -que por cierto jamás han tenido éxito en experimentos pretéritos que condujeron a terribles mortandades en países que hoy son capitalistas-, con las que pretenden controlar toda actividad del individuo para un ilusorio progreso que jamás llega, y solo causan retroceso, corrupción y pobreza; normas que son coercibles solo por la coacción de la bota militar. En otras palabras, con la pretensión de que a planazos se desarrollará el país.




La desaparición del IVIC tampoco será compensada con la "investigación y desarrollo" de "universidades" -de pensamiento único, no universal- creadas como o transformadas en centros de adoctrinamiento para la forja del “hombre nuevo”.

Así que la muerte del IVIC marca el comienzo vertiginoso de una caída hacia la pobreza, que provocará la muerte del futuro de Venezuela.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario