lunes, 10 de noviembre de 2014

En curso de colisión






El enfrentamiento entre funcionarios del CICPC y el colectivo “5 de Marzo” en Quinta Crespo el pasado mes de octubre, que resultó en la muerte, o mejor, ajusticiamiento, de cinco miembros del grupo paramilitar oficialista, incluyendo a su jefe José Miguel Odreman; abrió una ventana que permitió una mirada diáfana al conflicto interno del chavismo y otras fuerzas que giran alrededor del poder que junto con otros acontecimientos recientes, conduce a la escalofriante conclusión de que Venezuela está en un curso de colisión cuyas consecuencias trágicas cambiarían su historia a un altísimo costo.


Ya habíamos examinado el hecho de que el enfrentamiento entre grupos armados regulares e irregulares de un mismo país era por definición guerra civil. Y justamente esto fue lo que sucedió en el edificio Mafredi de Quinta Crespo entre la policía científica, organismo regular del Estado, y el colectivo “5 de Marzo”, grupo paramilitar irregular formado, organizado, dotado, armado, patrocinado y comandado por el Estado socialista.


Desde el momento en que se conocieron los hechos comenzó la intensa presión de los colectivos –de los cuales existen 16.000 a nivel nacional- exigiendo la destitución del entonces ministro de Relaciones Interiores, mayor general Miguel Rodríguez Torres así como la renuncia de Diosdado Cabello a la Asamblea Nacional, y el posterior enjuiciamiento de ambos. Es conocido que los dos funcionarios forman parte del ala militarista del PSUV, que Rodríguez Torres era pieza fundamental de la cúpula militar además de ser oficial “originario” de la intentona del 4F; y que Cabello es el líder del sector militar del oficialismo, tanto en el PSUV como en la FANB; sectores militares, por cierto, que adversan la colonización cubana y en este sentido son un estorbo para los planes de dominio del castrismo, y de entrega de la fracción civil comunista del partido de gobierno. Rodríguez Torres fue destituido.


Así que estamos viendo la definición de dos principales facciones en el chavismo, cada una con ambiciones de controlar el poder sin la participación de la otra. La militar, encarnada en la FAN, y la civil, con su brazo armado en los colectivos. Si estos dos grupos deciden dirimir sus diferencias con las armas –cosa de esperar de seres primitivos, delincuentes y depravados que no conocen la razón sino la violencia- estaremos a las puertas de la guerra civil.


Pero el escenario es aún peor. La facción civil comunista radical del chavismo no solamente cuenta con los colectivos para la “Defensa Armada de la Revolución” (doctrina castrista que define la fase en que está entrando el proceso revolucionario bolivariano), sino que además goza del apoyo de otros grupos armados irregulares de corte marxista, originados en las guerrillas urbanas de décadas pasadas, como el Movimiento Tupamaro, también financiado por el régimen.


Y para empeorar todavía más la situación, la semana pasada se conoció la noticia de que Freddy Bernal fue nombrado director de la PNB y comisionado para la reforma policial del Estado, y la correspondiente adaptación del sistema de policías al Estado Comunal. Es de dominio público que el ex Policía Metropolitana, jefe del grupo CETA de operaciones especiales y diputado a la AN, fue pieza clave en la organización de los colectivos y otros grupos civiles armados del régimen, y que los comanda; algo que se evidencia en el hecho de que muchos de estos colectivos, como es el caso del “5 de Marzo”, están formados por exfuncionarios de la Policía Metropolitana que quedaron cesantes al desmantelarse ese cuerpo policial.


De manera que la correlación de fuerzas luce muy desfavorable para la FANB, único ente armado en su mayoría opuesto a la dominación cubana, con respecto a los grupos civiles armados bajo el mando de Bernal, fieles a Maduro y a Cuba. Y posiblemente el balance sea aún más grave para los militares si la milicia y la Guardia del Pueblo se definen a favor del castrocomunismo.


En esta ruta que llevan los acontecimientos no es difícil concluir que la FANB está acorralada y obligada a actuar para apostar a la improbable posibilidad de sobrevivir y controlar el poder, erradicando en el proceso el dominio cubano sobre esta patria que nos dio el Comandante Eterno; si bien patria hipotecada a China y sometida a Cuba.


Cuando el Centauro de Sabaneta, Héroe del Museo Histórico Militar, concibió la creación de los colectivos, pretendía la creación de grupos leales a su revolución, unos armados con funciones de tipo policial en horas de oficina y delictuales fuera de horas de servicio en sus territorios o cotos privados de caza, otros con funciones legítimas y pacíficas; y todos comprometidos con la defensa de la revolución. Lo que no calculó el amoroso Soldado de los Pobres multimillonario es que esos colectivos pudieran constituir la semilla de la propia destrucción del chavismo y de la revolución.


Es una verdad formidable que Chávez siempre tuvo el sueño de la guerra civil purificadora en su pensamiento, hecho revelado por sus repetidas invocaciones y amenazas con ella si sus caprichos no eran satisfechos por el voto popular; y manifestado expresamente en sus escritos cuando era prisionero en Yare: “La guerra civil es fratricida pero necesaria”. Y filicida vale agregar, ya que como postula el gran psicoanalista argentino Arnaldo Raskovsky, en toda guerra la sociedad envía a sus hijos a morir al campo de batalla mientras los mayores permanecen en casa. Los hijos mueren primero. Toda guerra es filicida.


Esta barbarie, la de la guerra, es la solución que el líder amoroso de la Revolución Bolivariana anhelaba para su amada patria, quizás la razón consciente o inconsciente que lo llevó a empoderar a los colectivos, a corromper y debilitar moral y operativamente a la FAN, y a regalarle al país un presidente adscrito a la inteligencia cubana y obediente a los hermanos Castro; presidente que en palabras de Fidel “es nuestro hombre en Caracas”, el que le garantiza a Cuba las riquezas que le permitirán la vida parasitaria en la que ha medrado desde que la revolución se atornilló en la paupérrima isla antillana, en las décadas venideras.




Venezuela vive un estado de crisis de extrema gravedad e impredecibles resultados y consecuencias. La entropía del sistema aumentó infinitamente hasta que este rompió en caos. Un caos manifestado por una anomia tal que se verifican hechos como ese enfrentamiento de Quinta Crespo; como la incontrolable y creciente inseguridad y delincuencia; como el colapso económico que causa hiperinflación, estancamiento, escasez, desabastecimiento, pobreza, desnutrición, hambre, muerte por falta de insumos médicos; como la inseguridad que ya cobra 30.000 vidas por año; como el colapso de los servicios básicos. Un estado anárquico que indica un retroceso de la sociedad a estadios primitivos en los que no existía el Estado, como en efecto ya no existe en el país, pues no solamente colapsó desde hace mucho el Estado de Derecho, sino que la política de destrucción social, económica e institucional del proceso revolucionario –Tierra Arrasada-, causó la desaparición del Estado como ente normativo, regulador, con coercibilidad que garantiza la paz y el funcionamiento de la sociedad.


Solo una mente muy depravada podría concebir para su patria, la tierra de sus hijos y hermanos, la muerte como solución para los desequilibrios que se generan en toda sociedad; desequilibrios que prueba la historia, son mayores en las sociedades comunistas totalitarias que en las capitalistas democráticas liberales.


Solo una mente muy depravada pudo encarrilar a nuestra amada patria en este curso que está llevando a su sociedad a una colisión cuyas pérdidas en muerte y destrucción jamás podrán ser reparadas.


Venezuela vive un estado de crisis, pero recordemos que crisis no es más que un estado temporal, inestable y  decisivo en el que las cosas pueden decidirse en cualquiera de dos sentidos: la vida o la muerte.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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