jueves, 20 de noviembre de 2014

El principio del fin





"A pesar de las ilusiones racionalistas, e incluso marxistas, toda la historia del mundo es la historia de la libertad"

"De los resistentes es la última palabra"

Albert Camus



El 18 de noviembre de 2014 Nicolás Maduro anunció el decreto ejecutivo bajo poder habilitante de 28 leyes dirigidas a proteger y reactivar la economía nacional. Apartando el hecho harto conocido por cualquier científico social, profesional o taxista de que es absolutamente inoficioso, estéril, inútil, imposible, remediar con leyes –máxime de carácter restrictivo, represivo e incluso, policiales- los males de una economía, y mucho menos rescatarla de la catástrofe en que está inmersa la venezolana (ver mi artículo del 19/11, Malas Noticias Hermanos); lo más grave con respecto a estas no es su inaptitud para el propósito perseguido y su vocación de empeorar aún más la desesperada situación económica. Es que se emiten con la declaración de un Estado de Excepción supuestamente necesario para combatir una fulana “guerra económica librada por el imperio, la derecha fascista, la oligarquía, la burguesía, y todos esos enemigos (imaginarios) de la patria” que ya solo existe en el discurso de los voceros de la dictadura, en los panfletos propagandísticos del régimen y en las mentes más dogmáticas, fanáticas y fosilizadas de la militancia más recalcitrante del PSUV; y que causan la restricción de garantías constitucionales referidas a derechos humanos.


Un gobierno que no gobierna, con 80% de rechazo; soportado por un partido virtualmente dividido al punto que uno de sus máximos líderes y Presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, ha tenido que reforzar su seguridad con un ejército de guardaespaldas, motorizados armados, francotiradores y 10 camionetas blindadas, todo a un costo de cerca de $ 2 millones debido a las amenazas de muerte de sus propios compañeros de partido, los colectivos; que atraviesa la peor crisis económica, política y social de la historia moderna del país; bajo el cual organismos legítimos del Estado como policía y FAN están enfrentados, ¡y a plomo!, con grupos armados irregulares adscritos al mismo gobierno, otra vez, los colectivos; que tiene un ultimátum de sectores oficialistas de la FAN, los Centauros del 4F, oficiales que acompañaron a Hugo Chávez en la intentona golpista, que le han dado plazo perentorio a Nicolás Maduro para rectificar o dimitir; ¡que acepta que el propio Diosdado Cabello declare que aquí gobierna un alto mando de la revolución, una dirección colectiva, o sea, una junta de gobierno militar!; es un gobierno que cuando decreta por la vía de ley habilitante leyes que restringen el derecho a la integridad personal, física, psíquica y moral, al debido proceso, a la libertad personal, a la igualdad ante la Ley y a la información, inclusive de leyes; está confesando su decisión de reprimir, torturar, matar y otras muchas atrocidades en nombre del amor al pueblo, en contravención a la Constitución, a todos los tratados internacionales, declaraciones y principios en materia de Derechos Humanos. Es un gobierno que –claro y raspao- se declara “dictadura”, sin disimulos, sin pudicia, sin vergüenza.


Es bien sabido que los Derechos Humanos restringidos en estas leyes no son susceptibles de restricción ni suspensión, no solamente por el Derecho, sino por la Carta Magna. Mas ya estamos acostumbrados a que esa Constitución sea violada por el régimen cuando le es conveniente, y solo sea utilizada para perseguir a la disidencia; después de todo, el líder supremo la apodaba “La Bicha”, demostrando su desprecio sociopático por normas y moral.


De manera que los venezolanos amanecimos el 19/11 sin derecho a la vida (aunque no está expresado así, el perder el derecho a la integridad personal y física puede significar tortura; y la tortura, además de ser una forma de muerte psicológica, puede y suele terminar en muerte), expuestos a ser detenidos, apresados, golpeados, torturados en cualquier esquina, acusados de delitos económicos. Los venezolanos amanecimos con la confirmación oficial de que vivimos en dictadura.


Sabemos que el desastre económico no será resuelto con leyes y represión. Sabemos que no habrá rectificación como lo exigen los militares ya que esta implicaría el abandono del sistema comunista. Sabemos que la presencia cubana, vital para la miserable isla, no cesará, como también lo exigen los militares. Sabemos que no serán desarmados y desmembrados los colectivos, como lo exige la FAN. Sabemos que tanto el régimen como la economía seguirán hundiéndose. Por lo tanto sabemos, entonces, que los días de Nicolás Maduro y el gobierno radical comunista impuesto por Cuba tiene los días contados.


¿Qué vendrá?, nadie sabe; pero es seguro que se avecina algún tipo de transición a la que sucederá un nuevo sistema en equilibrio, llámese dictadura militar o democracia. Sin embargo, la anomia y el caos -el estado profundamente morboso que aqueja a la sociedad- no pueden continuar indefinidamente. Venezuela vive un momento de crisis extrema. Por definición, “crisis” es un estado “grave y  de consecuencias importantes” (RAE), además, transitorio e inestable, que puede decidirse en cualquiera de dos sentidos: recuperación o empeoramiento.


Así que estamos en el principio del fin. O somos testigos de los últimos estertores de la era chavista, o asistimos a la muerte definitiva de la esperanza democrática en esta noble tierra.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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