domingo, 26 de octubre de 2014

El coletazo del huracán






“La guerra civil es fratricida pero necesaria”

Hugo Chávez Frías, Yare



No es un secreto que el Comandante Eterno periódicamente intentaba amedrentar al país con amenazas muy depravadas de sumirlo en guerra civil. Frases como “soy yo o la guerra” o “esta revolución está armada” eran reiterativas en sus discursos. De manera que el deseo de traer muerte y destrucción a Venezuela siempre estuvo presente en su torcida mente.

Luego de su ascenso al poder, el Galáctico promovió la formación de los que entonces fueron llamados “Círculos Bolivarianos”, que más tarde pasaron a ser los infames “Colectivos”. Muchos de estos colectivos tenían y tienen objetivos legítimos, lícitos y pacíficos, pero la mayoría están constituidos por grupos armados con miembros provenientes de organizaciones como los Tupamaros y delincuentes comunes. Estos colectivos –de los cuales existen unos 16.000- han sido dotados de armas por el mismo Estado para cumplir como principales funciones la represión de manifestaciones de la oposición así como el amedrentamiento, agresión y asesinato de opositores, y lo que se conoce en doctrina castro-comunista como “defensa armada de la revolución”.



Hasta fecha reciente, los colectivos habían permanecido obedientes y subordinados al régimen. Pero con los hechos de Quinta Crespo, cuando en un enfrentamiento funcionarios del CICPC ultimaron a cinco miembros del Colectivo “5 de Marzo”, incluyendo a su jefe máximo José Miguel Odreman, ficha del chavismo que reportaba directamente a Miraflores; se hizo patente la apertura de un profundo cisma en las filas oficialistas. Un organismo armado regular del Estado, se enfrentó con una organización paramilitar creada, armada, dirigida y patrocinada por el mismo Estado.

La reacción no se hizo esperar. Miembros de colectivos, en particular del “5 de marzo”, protestaron por lo que calificaron como “masacre”. Graffittis, declaraciones, manifiestos, mensajes en redes sociales; reclamaban justicia para los responsables del suceso sangriento.



Aunque desde tiempo atrás se podía inferir el importante poder político que los colectivos tienen en el chavismo y su influencia sobre el régimen, este no se había puesto de manifiesto de manera tan dramática como el 25 de octubre. En esta fecha se conoció que el mayor general Miguel Rodríguez Torres fue destituido como Ministro de Interior, Justicia y Paz. Por si fuera poco, toda la directiva del CICPC fue también destituida, esto es, toda menos el hermano de la primera combatiente Cilia Flores, Vladimir Flores. Suponemos que su permanencia obedece a su particular competencia como funcionario policial.

Es posible que la opinión de algunos analistas sea correcta y esta “meneada de mata” en las alturas del régimen sea consecuencia de otros factores, entre los cuales la reacción de los colectivos solo haya operado como catalizador. Pero aun siendo esto cierto, es innegable el gran poder político que cimentado en su alto poder de fuego, tienen estos grupos paramilitares dentro del régimen.

Un aspecto particularmente grave a considerar es que Rodríguez Torres representa al estamento militar, tanto del sector militar en el PSUV, como el de los cuarteles. Es conocido que esta ala militar del chavismo es dirigida por Diosdado Cabello. Es tan cierto esto que en unos tweets publicados en Twitter, el colectivo “5 de marzo” celebra su victoria al lograr la destitución del General y amenaza con ir ahora contra el señor Cabello.

Es grave el enfrentamiento entre colectivos y militares por dos razones: En en primer lugar y como es conocido, los segundos se oponen a la existencia de los primeros y persiguen su desmantelamiento, pues constituyen una organización paramilitar, lo cual es anticonstitucional, además de que son una amenaza a la propia existencia de la FAN. En segundo lugar y como consecuencia de lo anterior, es previsible que la FAN tenga que actuar en contra de estos grupos armados si la actividad de los colectivos se desboca contra el mismo régimen que los patrocina, debido a las manifiestas diferencias políticas entre ellos. Y un enfrentamiento de esta naturaleza es, por definición, guerra civil.

Repetidas veces este escribidor ha sostenido que el chavismo es una secta fanática destructiva dirigida –como es propio de estas agrupaciones- por un líder sociópata o psicópata muy perturbado, y en este caso, muy cargado de odio. Este tipo de líder es insustituible en estas organizaciones, de forma que era de esperarse la fragmentación de la secta al morir el líder. No hay duda de que hoy el chavismo está mostrando signos externos de fragmentación y escisión.

Por ser destructiva, esta secta también es autodestructiva; porta el germen de su propia destrucción; hecho demostrado por la historia repetidas veces, como en el caso del reverendo Jim Jones en el suicidio masivo de él y sus seguidores en Guyana, en el que más de 800 miembros de su secta murieron.  

Así que hay razones suficientes para afirmar que con la creación de los colectivos, Hugo Chávez sembró la simiente de la propia destrucción del chavismo y de la revolución bolivariana; muy posiblemente con aquello que tanto anheló para su patria: la guerra civil.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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