lunes, 27 de octubre de 2014

Tropezando con la misma piedra




En su desesperación por reducir la inflación y contrarrestar la escasez, ambas generadas por las disparatadas y anacrónicas medidas del régimen comunista, no se le ocurrió al genio que ocupa la Presidencia de la República más que amenazar con más disparates. Vociferó que los buhoneros no podrían vender ciertos productos regulados, de los cuales ya se publicó una lista en Gaceta Oficial, so pena de ¡perder la nacionalidad! ¡Sí, anunció que a los buhoneros transgresores se les revocaría la nacionalidad!

De manera que el señor Maduro decidió algo inédito en la historia de la Economía: regular la economía informal ¡que es informal precisamente porque es imposible regularla! Si lo que el “presidente” propone fuera posible, entonces no habría motivo para no cobrarles impuestos, imponerles obligaciones laborales, etc.. Es decir, la actividad económica informal contribuiría con el PIB, y ya no sería informal.

Lo anterior es cierto a menos que el concepto “regular” tenga el significado para el régimen de reprimir, perseguir, apresar, castigar a los buhoneros y otros entes de la economía informal.

Por un mecanismo que no deja de ser intrigante, el comunista siempre está “descubriendo la rueda” y repitiendo errores que la historia ya ha registrado y que han sido superados por la humanidad; por toda la humanidad menos por los comunistas.

Es el caso de los controles de precios, incluyendo el control de cambio de divisas. Es “abc” de Economía, pues ha sido bien observado en múltiples ejemplos, que los controles de precios siempre, indefectiblemente, producen el efecto contrario al deseado: los precios se desbocan causando inflación, reina la escasez motivada a reducción en la oferta debido al poco incentivo para producir, y se generan mercados paralelos o negros con precios especulativos, en otras palabras, también engendran corrupción. Así que los controles solamente tienen efectos negativos que dañan la fibra social hasta lo más profundo.

De forma que estos comunistas, en la creencia de que están recurriendo a nuevas ideas para manejar la economía, en realidad están cometiendo dislates sobre dislates, y no contentos por haber destruido con regulaciones prácticamente todo el sector privado formal, ahora pretende –con medidas risibles que rayan en la imbecilidad- ¡controlar hasta lo incontrolable! Cosa que solamente podrían lograr con medidas policiales violentas, como ya se ha dicho.

Esta medida de controlar y hostigar a los buhoneros del sector informal, además, es totalmente contradictoria a la vista de las últimas decisiones políticas y policiales del régimen. Aunque el señor Maduro inicialmente traicionó los intereses de sus propios colectivos al haber aprobado la decisión del Ministerio del Interior, Justicia y Paz de arremeter contra el colectivo “5 de Marzo”, finalmente, después de 15 días y bajo presión de los mismos colectivos, retiró el apoyo al sector militar que antagoniza a estas agrupaciones paramilitares, y decidió apoyarlas. Ahora anuncia la campaña contra los buhoneros, sin percatarse, aparentemente, de que los colectivos rechazan esta medida y han manifestado su apoyo decidido a estos trabajadores de la economía informal, tal como puede observarse en sus mensajes en las redes sociales.

La victoria de los colectivos sobre el ala militar del régimen, hecha patente con la destitución del mayor general Rodríguez Torres, aparentemente sustentada en la extorsión respaldada por el poder armado de estos paramilitares, sugiere que los colectivos muy posiblemente lograrán impedir la ofensiva contra los buhoneros.

Sin embargo, lo importante con respecto a estos hechos es comprobar que el régimen carece de brújula en el manejo de la materia económica; que está haciendo todo lo posible por terminar de destruir lo que queda de la economía, como si estuviera siguiendo un manual de lo que no se debe hacer para propulsarla y revertir la escasez y el proceso inflacionario.

En conclusión, de continuar los controles de precios y las políticas restrictivas y policiales, que se conjugan con la caída en reservas internacionales, el descenso abrupto de los ingresos petroleros, y el pago de las obligaciones por deuda externa; observamos que el panorama, más que sombrío, es catastrófico para la economía del país y en consecuencia, para el venezolano común que enfrenta un futuro signado por penurias y miseria.



Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

domingo, 26 de octubre de 2014

El coletazo del huracán






“La guerra civil es fratricida pero necesaria”

Hugo Chávez Frías, Yare



No es un secreto que el Comandante Eterno periódicamente intentaba amedrentar al país con amenazas muy depravadas de sumirlo en guerra civil. Frases como “soy yo o la guerra” o “esta revolución está armada” eran reiterativas en sus discursos. De manera que el deseo de traer muerte y destrucción a Venezuela siempre estuvo presente en su torcida mente.

Luego de su ascenso al poder, el Galáctico promovió la formación de los que entonces fueron llamados “Círculos Bolivarianos”, que más tarde pasaron a ser los infames “Colectivos”. Muchos de estos colectivos tenían y tienen objetivos legítimos, lícitos y pacíficos, pero la mayoría están constituidos por grupos armados con miembros provenientes de organizaciones como los Tupamaros y delincuentes comunes. Estos colectivos –de los cuales existen unos 16.000- han sido dotados de armas por el mismo Estado para cumplir como principales funciones la represión de manifestaciones de la oposición así como el amedrentamiento, agresión y asesinato de opositores, y lo que se conoce en doctrina castro-comunista como “defensa armada de la revolución”.



Hasta fecha reciente, los colectivos habían permanecido obedientes y subordinados al régimen. Pero con los hechos de Quinta Crespo, cuando en un enfrentamiento funcionarios del CICPC ultimaron a cinco miembros del Colectivo “5 de Marzo”, incluyendo a su jefe máximo José Miguel Odreman, ficha del chavismo que reportaba directamente a Miraflores; se hizo patente la apertura de un profundo cisma en las filas oficialistas. Un organismo armado regular del Estado, se enfrentó con una organización paramilitar creada, armada, dirigida y patrocinada por el mismo Estado.

La reacción no se hizo esperar. Miembros de colectivos, en particular del “5 de marzo”, protestaron por lo que calificaron como “masacre”. Graffittis, declaraciones, manifiestos, mensajes en redes sociales; reclamaban justicia para los responsables del suceso sangriento.



Aunque desde tiempo atrás se podía inferir el importante poder político que los colectivos tienen en el chavismo y su influencia sobre el régimen, este no se había puesto de manifiesto de manera tan dramática como el 25 de octubre. En esta fecha se conoció que el mayor general Miguel Rodríguez Torres fue destituido como Ministro de Interior, Justicia y Paz. Por si fuera poco, toda la directiva del CICPC fue también destituida, esto es, toda menos el hermano de la primera combatiente Cilia Flores, Vladimir Flores. Suponemos que su permanencia obedece a su particular competencia como funcionario policial.

Es posible que la opinión de algunos analistas sea correcta y esta “meneada de mata” en las alturas del régimen sea consecuencia de otros factores, entre los cuales la reacción de los colectivos solo haya operado como catalizador. Pero aun siendo esto cierto, es innegable el gran poder político que cimentado en su alto poder de fuego, tienen estos grupos paramilitares dentro del régimen.

Un aspecto particularmente grave a considerar es que Rodríguez Torres representa al estamento militar, tanto del sector militar en el PSUV, como el de los cuarteles. Es conocido que esta ala militar del chavismo es dirigida por Diosdado Cabello. Es tan cierto esto que en unos tweets publicados en Twitter, el colectivo “5 de marzo” celebra su victoria al lograr la destitución del General y amenaza con ir ahora contra el señor Cabello.

Es grave el enfrentamiento entre colectivos y militares por dos razones: En en primer lugar y como es conocido, los segundos se oponen a la existencia de los primeros y persiguen su desmantelamiento, pues constituyen una organización paramilitar, lo cual es anticonstitucional, además de que son una amenaza a la propia existencia de la FAN. En segundo lugar y como consecuencia de lo anterior, es previsible que la FAN tenga que actuar en contra de estos grupos armados si la actividad de los colectivos se desboca contra el mismo régimen que los patrocina, debido a las manifiestas diferencias políticas entre ellos. Y un enfrentamiento de esta naturaleza es, por definición, guerra civil.

Repetidas veces este escribidor ha sostenido que el chavismo es una secta fanática destructiva dirigida –como es propio de estas agrupaciones- por un líder sociópata o psicópata muy perturbado, y en este caso, muy cargado de odio. Este tipo de líder es insustituible en estas organizaciones, de forma que era de esperarse la fragmentación de la secta al morir el líder. No hay duda de que hoy el chavismo está mostrando signos externos de fragmentación y escisión.

Por ser destructiva, esta secta también es autodestructiva; porta el germen de su propia destrucción; hecho demostrado por la historia repetidas veces, como en el caso del reverendo Jim Jones en el suicidio masivo de él y sus seguidores en Guyana, en el que más de 800 miembros de su secta murieron.  

Así que hay razones suficientes para afirmar que con la creación de los colectivos, Hugo Chávez sembró la simiente de la propia destrucción del chavismo y de la revolución bolivariana; muy posiblemente con aquello que tanto anheló para su patria: la guerra civil.





Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

jueves, 16 de octubre de 2014

Independencia energética y económica





Con el descubrimiento de petróleo y el comienzo de la producción en 1908, el rol de Venezuela en el mundo económico comenzó a mutar. Para 1935, el país era ya el primer exportador de crudo del mundo después de Estados Unidos de América. Esta posición la mantuvo hasta mediados de la década de 1950, cuando Arabia Saudita entró de lleno en mercado internacional de hidrocarburos.



Muchos venezolanos no saben que nuestra nación cumplió un papel decisivo en la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, mucho más importante que su posible participación militar, según afirmara el presidente Franklin Delano Roosevelt: exportó el 65% de todo el combustible que impulsó la maquinaria de guerra de los aliados. Sencillamente, sin el petróleo venezolano tal victoria no hubiera sido posible o hubiera sido extremadamente costosa en vidas y materiales.



Después del fin del conflicto bélico, en el segundo lustro de los años 40 y durante toda la década de 1950, las exportaciones de petróleo venezolano propulsaron el boom económico del capitalismo mundial y la recuperación de Europa, en una era de inaudito crecimiento para la economía del planeta y para Venezuela, que se convirtió junto con Alemania, en el país de mayor crecimiento económico durante los años 50. Para entonces, Venezuela era el segundo exportador de petróleo, después de Arabia Saudita.


Posteriormente, durante la era democrática y después de la fundación de la OPEP en 1960, el país se consolidó como el tercer exportador de petróleo del mundo. Esta posición la mantuvo hasta la década de 1990.



Con el ascenso de Chávez al poder y la instauración de nuevas políticas petroleras y económicas, las exportaciones de petróleo se contrajeron desde 3,2 millones de barriles diarios en el año 2000, a 2,2 millones en el presente; pasando a ser actualmente, el quinto exportador mundial. Tal descenso ha tenido lugar a pesar de que el gobierno revolucionario anunció una expansión de estas exportaciones a casi 6 millones de barriles diarios antes de 2015. Es decir, que la baja en producción y exportación fue contraria a la ambiciosa planificación estatal, lo que implica que el régimen fue incompetente en el manejo de la industria al punto de ser incapaz de alcanzar sus propios objetivos.



En la actualidad el escenario se muestra desesperado para la economía venezolana dependiente de la exportación petrolera, aquejada de escasez, desabastecimiento y la más alta inflación del planeta, que para finales de 2014 podría tocar el 100%. Además de haber experimentado un menoscabo de 31% de su capacidad exportadora, el precio del petróleo ha tenido un abrupto descenso hasta unos $ 80 por barril en fechas recientes, cuando este había alcanzado en años pasados el nivel de los $ 160 el barril; hecho que permitió prosperar a la revolución pese a sus disparatadas y obsoletas políticas económicas, y a financiar su permanencia en el poder con los grandes ingresos por petróleo, por medio de un elevado gasto público; un altísimo gasto en bienes de consumo en su mayoría importados, equivalentes a más de un tercio de todos los ingresos de los años del gobierno revolucionario que ascienden a unos $ 2,3 billones; y a la transferencias dadivosas canalizadas por las llamadas misiones, dirigidas a los sectores más pobres, el principal objetivo de proselitismo del populismo clientelar de la revolución, pues es la fuente de votos que le ha permitido ganar los numerosos procesos electorales amañados de los últimos 15 años. Y el futuro se presenta catastrófico si tomamos en cuenta que, como ha mostrado la historia, el precio de las comodities (materias primas) suele tener altibajos abruptos de gran magnitud, lo que sugiere que podemos esperar una disminución aún mayor de los precios internacionales de crudo.



Hoy los venezolanos nos enteramos de un hecho inédito en más de 106 años de historia: un buque tanquero partió de Argelia con la primera importación de petróleo que realiza Venezuela, 2 millones de barriles, hacia el país con las mayores reservas de crudo en el mundo, equivalente al 20% de las reservas mundiales. El gran exportador de petróleo ahora lo importa.



De esta manera, la revolución bonita, la revolución que “nos dio patria”, la revolución de los patriotas, por fin llevó al país a alcanzar la tan cacareada independencia energética y económica que hará de Venezuela una de las grandes potencias mundiales; esto es, en las palabras del máximo líder eterno y de sus herederos.


Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe

martes, 14 de octubre de 2014

Venezuela ensangrentada





La semana pasada hubo dos hechos sangrientos de particular e inaudita ­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­atrocidad que conmovieron al país: el asesinato del joven diputado oficialista Robert Serra y su asistente; y la muerte de José Miguel Odremán y cuatro miembros del colectivo que este lideraba, el colectivo “5 de Marzo”, a manos de funcionarios del CICPC, la policía científica venezolana.


En el caso de Serra, la reacción inmediata del régimen fue culpar criminal e irresponsablemente a la oposición del horrible crimen, incitando un posible brote de violencia por parte de sus grupos de choque y de sus simpatizantes.


Pero a menos de una semana de los hechos, la policía científica y el propio régimen han informado que en el salvaje doble homicidio participaron cuatro ciudadanos colombianos con el liderazgo de uno de los guardaespaldas del diputado del PSUV.

De manera que al intentar achacar el despreciable hecho a los adversarios políticos, el gobierno lanzó un boomerang que se le devolvió evidenciando su falta de credibilidad y sus bajas intenciones ante la opinión pública, y ante sus propios seguidores. El acto irresponsable, mezquino, potencialmente peligroso y oportunista de utilizar la tragedia de la muerte de un venezolano de sus propias filas, se le revirtió a la dictadura causándole un grave daño irreparable.


Por si fuera poco, con motivo de la masacre en que cayó abatido José Odremán con más de 40 disparos de arma de fuego que tuvo lugar en Quinta Crespo, se generaron dos versiones contradictorias –o quizás no tan contradictorias- que presentaban al jefe del colectivo “5 de Marzo” como un luchador social, un héroe de la revolución, según algunos voceros oficiales; mientras el CICPC presentaba casi coetáneamente la versión de que Odremán, bajo el camuflaje provisto por el colectivo “5 de Marzo” como un ente legítimo vinculado al régimen con funciones lícitas, desarrollaba actividades delictuales de especial gravedad, que incluían el tráfico de drogas, el secuestro, el cobro de vacunas a comerciantes de su ámbito territorial, extorsión, robos, atracos y asesinatos perpetrados con inusitada saña.


La verdad es que las dos versiones no son contradictorias, pues es ya costumbre que los grupos de choque y algunos colectivos (no todos), estén relacionados con el delito y la violencia, en especial contra opositores en las manifestaciones de protesta y marchas contra la dictadura; que incluyen el asesinato, generalmente cometido cobardemente, sin ningún pudor y con mucho desprecio de las consecuencias legales que pudieran tener para los perpetradores, pues saben que son absolutamente inmunes a la marcha de la justicia; y también con total desprecio por la vida humana.

De manera que aceptando las dos versiones -además soportadas con un sinnúmero de fotografías del revolucionario malandro Odremán con distintas personalidades de la cúpula del gobierno revolucionario, que van desde el extinto Comandante Eterno y el actual usurpador de la Presidencia de la República, hasta el general Barrientos y José Vicente Rangel- es inevitable concluir en que era tenido como actor relevante del proceso revolucionario, que por cierto, tenía acceso irrestricto al Palacio de Miraflores. Es decir, que podríamos referirnos al máximo jefe del colectivo “5 de Marzo”, como el “Tequeño de La Revolución”, una suerte Forrest Gump o del Zelig de Woody Allen; personajes omnipresentes en todos los hechos de relevancia histórica, aunque en este caso política. Y aceptando la versión de la policía científica que presentó información precisa de la actividad antisocial de Odremán y otros malhechores de sus colectivos (el occiso declaró hace un mes que era responsable de la dirección de, por lo menos, dos colectivos más); es necesario llegar a la conclusión de que este “luchador social” era un delincuente de alta peligrosidad patrocinado por y con licencia del régimen, para cometer los más bajos y espantosos crímenes vestido con el atavío de revolucionario que le proporcionaba inmunidad, coartada, impunidad y protección del Estado, en sus actividades antisociales y de represión extraoficial contra opositores.


José Miguel Odremán encontró una muerte muy violenta y despiadada en un encuentro armado con un órgano del mismo Estado que lo patrocinaba, mostrando una escisión en el chavismo que anuncia su fragmentación y desmoronamiento, manifestada en el enfrentamiento de grupos armados paramilitares no oficiales subvencionados y entrenados por el régimen llamados colectivos, que recibieron armas, inclusive de guerra y de alta sofisticación, de un gobierno irresponsable y criminal que jamás previó que al hacerlo sembraba el germen de su propia destrucción; contra entes oficiales legítimos del propio régimen. Y todos sabemos que el enfrentamiento de dos cuerpos armados de una institución del Estado con grupos armados vinculados al mismo gobierno es guerra civil.



Leonardo Silva Beauregard

@LeoSilvaBe