domingo, 4 de mayo de 2014

Proyecto Inviable



La economía no ha tocado fondo. Todavía no hemos visto a los consumidores dirigirse a una panadería con una carretilla de billetes a comprar una hogaza de pan inexistente en virtud del desabastecimiento. Ni hemos visto las puertas de los bancos cerradas por su inhabilidad de servir al público por falta de dinero. Pero Venezuela se aproxima vertiginosamente a ese estado.

Mientras tanto el régimen toma medidas esquizofrénicas, como la regulación de precios de productos que desde hace meses están ausentes del mercado. Y culpa de sus fallas a una supuesta guerra económica dirigida desde la Casa Blanca, sin importarle que ya cerca del 80% de los venezolanos no cree en la tal guerra económica.

Cuando esto sucede, la oposición aparenta estar dividida: una facción dirigida desde un Starbucks de Miami que propone una salida rápida por medio de protestas y un concepto un tanto etéreo que llama “la calle”, a la cual se le atribuyen propiedades mágicas para deponer regímenes; y otra que insiste en dialogar con delincuentes que no creen en diálogo salvo en la medida en que los beneficie.

Si algo es innegable es que la presión de la protesta callejera espontáneamente nacida de los estudiantes obligó al régimen a solicitar desesperadamente el llamado diálogo, si bien, sin la participación de los protagonistas legítimos: los estudiantes, cuyo lugar fue tomado por los politiqueros advenedizos sin representación que pretendieron capitalizar el esfuerzo estudiantil e insuflarle algo de oxígeno y legitimidad al régimen moribundo, así como esforzarse mancomunadamente en enfriar la protesta.

No enfrentamos simplemente un mal gobierno (que lo es). Es mucho más que eso: una revolución criminal que apoyada en una ínfima minoría pretende instaurar un cambio de sistema en el país. Por desquiciado que suene, la realidad es que el 20% de la población pretende imponerle el comunismo al 80% restante. Esto solo es posible porque ese 20% tiene el monopolio de las armas y no dudará en usarlas contra quienes se le opongan.

Pero como ya se ha dicho, la situación tiende a empeorar dramáticamente. Los niveles de malestar socioeconómico alcanzarán estado de catástrofe. Si al régimen se le hace difícil manejar el actual nivel de malestar, lo que le depara el futuro es una verdadera pesadilla. Los ingresos petroleros provenientes de los 900.000 barriles diarios de petróleo que compra USA serán insuficientes. Es posible pero improbable que se logre el refinanciamiento de la deuda externa, pero aun esto tendrá su costo.

De manera que nos encontramos ante un régimen populista sin pueblo, por la sencilla razón de que no dispone de recursos financieros para sostener el populismo que lo nutre.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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