sábado, 8 de febrero de 2014

Protesta





En diferentes puntos del país brota la protesta en reacción a la inseguridad, inflación y escasez. Los jóvenes de las universidades andinas en Táchira y Mérida han alzado la voz ante la tragedia que sufre el país. En Nueva Esparta un grupo manifestó delante del equipo cubano de béisbol en el Hotel Venetur. En Caracas los estudiantes de la UAH también se levantaron en protesta en contra de las políticas del gobierno. Venezuela está encendida por los cuatro costados. Es un clima parecido al vivido en los días siguientes al fraude del 14 de abril de 2013 hasta que la dirigencia opositora y Henrique Capriles decidieran desmovilizar la protesta.


Después de 9 meses de gestión, está claro que el régimen de Nicolás Maduro es incapaz de llevar las riendas del país. El malestar social va desde las clases altas hasta las más bajas pasando por los cuarteles. Ya es patente que no hay dólares para seguir financiando el populismo bananero que es el socialismo del siglo XXI. No hay plata ni para medicinas. El desabastecimiento en los mercados es pavoroso. Los precios causan terror, casi tanto como el incremento diario de los mismos. Y la repulsa que provoca la dominación cubana es de magnitud inmanejable para el Ejecutivo.




Como gobierno sin asidero popular ni legal que es, como régimen en franca caída, la dictadura ha decidido enfrentar la protesta con la más brutal represión; único recurso que le queda. La GN y demás policías descargan sus escopetas a quemarropa causando terribles heridas y desfigurando a los estudiantes, sin distinción de sexo. Los persiguen hasta las residencias particulares en las que irrumpen derribando puertas. Finalmente los apresan como delincuentes comunes por el simple hecho de ejercer el legítimo derecho constitucional a la protesta. En pocas palabras, violan las leyes y sus Derechos Humanos.



Para hacer  más cáustico el amedrentamiento, la Fiscalía y el Poder Judicial se han sumado al aparato represivo del régimen. De esta manera, criminalizando la protesta, los manifestantes están siendo imputados falsamente y trasladados fuera de sus jurisdicciones para ser enjuiciados; todo esto sin seguir los procedimientos legales. El fin es aterrorizar.




Los jóvenes estudiantes están siendo llevados a cárceles comunes en otros estados, en las que sufrirán los ataques de reos de delitos comunes y pranes, que como bien se sabe, son aliados del régimen. Los están llevando al infierno para con su ejemplo disuadir a otros manifestantes.


La dictadura sigue la receta castrocomunista de reprimir severa y  tempranamente para sofocar una posible rebelión civil. Pero el pueblo venezolano no se dejará amedrentar con la violencia y las armas. El terrorismo de Estado, como todo terrorismo, está condenado al fracaso. Máxime si en realidad se trata de los últimos estertores de un gobierno.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


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