martes, 18 de febrero de 2014

Líder




Acompañado por su esposa y una marejada de simpatizantes, Leopoldo López se entregó a la dictadura. Miembros del Alto Mando de la Guardia Nacional lo recibieron para ser llevado en un vehículo antimotines a destino desconocido. A diferencia de tantos otros líderes y políticos que en circunstancias similares han emprendido la huida, el joven de Voluntad Popular decidió no huir, arriesgando la vida y comprometiendo su libertad. Con la proclama “si mi encarcelamiento sirve para que se produzca el despertar de un pueblo, valdrá la pena", Leopoldo abordó la tanqueta.

Nicolás Maduro ya anunció que López estaba a la orden de “la justicia” y que sería imputado con delitos como “sedición y violar la Constitución”,  los que comportan penas de hasta 30 años. Esto lo hizo en el llamado Balcón del Pueblo frente a una pobre asistencia tan magra como la que tuvo el sábado en la Avenida Bolívar, en la que logró concentrar a unos pocos cientos de “simpatizantes”.

En un país normal o en la propia Venezuela de hace 15 años un gobierno como el actual ya hubiera caído. El desastre económico ha llevado el descontento popular a límites inéditos. Pero no estamos frente  a un gobierno democrático sino ante una dictadura cuyo único fin es asirse al poder indefinidamente. Y es forajida, de manera que sus funcionarios y beneficiarios ven muy cierta la posibilidad de cárcel, de pérdida de sus ingentes fortunas mal habidas y la persecución en caso de perder ese poder. Además, la alternancia jamás estuvo en los planes del chavismo: su objetivo siempre fue tomar el poder para aferrarse a él hegemónica y perennemente.

Aunque la decisión de Leopoldo López comporta sus graves riesgos, era la mejor opción en bien de su liderazgo. Cualquier otra –como escapar al exilio o ir a la clandestinidad- podía significar su muerte política. Por otra parte, aunque conocemos la terrible suerte de los presos políticos de esta dictadura, la oportunidad parece ofrecerle alguna probabilidad de éxito ya que se encuentra frente a un régimen que ya solo se sostiene por las fuerzas de las armas; que tiene más de 70% de rechazo. Y que no quepa duda, la satrapía piensa usar esas armas.

En todo caso, el paso que en total desesperación por eliminar la amenaza de su liderazgo ha dado la dictadura, lejos de debilitarlo, ha fortalecido a Leopoldo López como el líder con mejor opción de transitar con su pueblo el duro y arduo camino que finalmente lo conducirá a la libertad.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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