viernes, 28 de febrero de 2014

Diálogo





Después de semanas de protestas en todo el país, el gobierno pide “diálogo”. Recuerda al delincuente atrapado en un callejón sin salida que le solicita hablar a la policía con la esperanza de posponer su rendición y salvar la vida. Y es una petición de diálogo genérica sobre la violencia, sin aclarar mucho más que eso.


Y es que en Venezuela sí hace falta un diálogo. Pero no un diálogo dirigido a eternizar a este régimen en el poder, sino un diálogo para la transición. Para lograr la gobernabilidad necesaria que permita sacar al país de la más grave situación socioeconómica vivida en el último siglo. Hace y hará falta diálogo para reconstruir.


Cualquier líder opositor que plantee o acepte diálogo en una maniobra que solo sirva para enfriar las protestas, traiciona la causa libertaria y los mejores intereses del país.


Los llamados a diálogo de parte del régimen solo buscan apaciguar temporalmente la protesta con el objeto de comprar tiempo para instaurar medidas que lo consolide más en el poder; máxime en las presentes circunstancias de extrema debilidad en que se encuentra.


¿Pero en verdad tiene intenciones de dialogar seriamente un gobernante que mientras sus esbirros matan a 15 estudiantes en las calles, apresan, torturan y reprimen, baila salsa en el Palacio? ¿Se puede dialogar con quién ha ordenado a la fuerza pública disparar a matar contra los jóvenes de la patria?


En todo caso, la protesta nacional de estos días nació con miles de cabezas, no con una sola cabeza visible que pueda ser obliterada con un “diálogo”. En este sentido, ningún político que se siente a “dialogar” en Miraflores goza de representatividad. El pueblo se hastió de ser representado por quienes lo han hecho hasta ahora, y decidió representarse a sí mismo en las calles, con su  voz, con su grito. En este sentido serán totalmente estériles los esfuerzos del régimen y algunos “opositores” de producir un diálogo legítimo ya que no será aceptado por un pueblo que entendió quién da las órdenes.


En pocas palabras, en este punto el único diálogo posible debe tener como objetivo determinar cómo saldrá Maduro del poder y qué se hará luego de su salida para salvar al país.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


Aclaro




Mi último artículo titulado “Guarimba” fue interpretado por muchos como una apología de este medio particular de protesta. Sin embargo, debo expresar que no fue esta mi intención ni mi posición.


Considero –y así lo he expresado en múltiples artículos- que la protesta es vital y medular para el movimiento libertario. Pero he destacado reiteradamente que tal protesta debe ser no violenta si se aspira a que tenga alguna probabilidad de éxito.


No obstante, suele ser el caso que la guarimba sea violenta. Impedir el tránsito, quemar cauchos, lanzar objetos contundentes, usar molotovs, etcétera, es violencia y consigue enfrentar a vecinos contra vecinos sin ningún beneficio para la causa.


No se me malinterprete. Las manifestaciones no violentas en estos lugares en los que se montan las guarimbas y otros distintos, debe mantenerse pero la violencia o cualquier maniobra que pueda remotamente llamarse violencia, debe erradicarse.


Así como los demócratas ganamos con la violencia de la dictadura, la dictadura gana con la violencia de los demócratas.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

lunes, 24 de febrero de 2014

Guarimba





A primera vista, pareciera repetirse la historia de las guarimbas de hace 11 años, que solo condujeron al fracaso de la lucha contra la dictadura. Sin embargo, hay importantes diferencias entre la experiencia pasada y esta nueva ola de protestas que hacen pensar que esta vez el régimen pudiera salir derrotado o cuando menos más debilitado.


En primer lugar,  está la base popular. En 2003, aun cuando la dictadura tenía un altísimo rechazo también, sin duda alguna gozaba de mayor popularidad que el actual gobierno de Maduro. En segundo lugar, la situación era de bonanza económica comparada con la presente de debacle total. Por último, está la respuesta del gobierno: represión impúdica ilimitada, cosa que apartando los hechos del 11 de abril de 2002, jamás hizo Chávez, que debilita al gobierno en una espiral: mientras más débil, más reprime; mientras más reprime, más débil..; y así continúa el ciclo hacia el fondo del foso.


Pero otras circunstancias de aquella fecha, cuando un Chávez asustado  ordenó activar el Plan Ávila y disparar sobre los civiles, son diferentes. Un millón de personas marchaba a pedirle la renuncia en Miraflores. Él temió que sería linchado. Pero Maduro ha activado la represión en distintas provincias del país, aun remotas, cuando su palacio de gobierno no ha estado amenazado de manera alguna.


Hay otras diferencias de gran importancia. La protesta de 2002 era por un concepto más difícil de asir que el presente. En aquel momento el pueblo se levantó en contra de lo que para entonces todavía era un proyecto. Hoy lo hace frente al hecho consumado. La inflación, la escasez y la inseguridad no son meros conceptos, son hechos cotidianos muy tangibles para el venezolano promedio.


Y una diferencia de gran relevancia: La protesta no fue organizada por partidos políticos ni organizaciones de la oposición regular como la MUD. Nació del seno de universidades y liceos, de los jóvenes de Venezuela, que de manera espontánea y respondiendo a la asfixia que la dictadura les impone, decidieron alzarse hasta que Nicolás Maduro –de quien no debe olvidarse se encuentra en la presidencia en virtud de un fraude electoral- renuncie y se produzca un cambio en la conducción del país.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe


jueves, 20 de febrero de 2014

Ataque fulminante





El concepto de Blitzkrieg o Guerra Relámpago fue innovador en las Artes Militares. Se trata de la táctica adoptada por la Wermacht, dirigida a aniquilar al enemigo con un ataque fulminante que generalmente comienza con un bombardeo aéreo y de artillería, que luego da paso al avance de blindados e infantería. Las fuerzas armadas de la Alemania Nazi demostraron exitosamente la efectividad de la Blitzkrieg con la Invasión de Polonia y, después, la de Francia, dando comienzo a la Segunda Guerra Mundial.


Ante la protesta estudiantil desarmada que se ha suscitado en Venezuela, el régimen –siendo de orden militar- ha enfocado la represión de los jóvenes manifestantes de la única manera que mentes militares podían concebirla: como una operación militar.




De esta forma, los muchachos que piden pacíficamente la renuncia de Maduro han sido atacados como si se tratara de una fuerza armada no convencional, lo que ha causado ya al menos 5 muertes, incluyendo la de la joven de 22 años Génesis Carmona en Valencia. Por cierto, en un gesto de asquerosa desfachatez, el régimen ha declarado que la joven recibió un tiro atrás de la cabeza proveniente de sus propias filas, cuando la realidad es que huía de los paramilitares armados que actúan junto a la FAN regular.


Y es aquí cuando viene al caso el infame Norberto Ceresole, uno de los ideólogos fundamentales del chavismo. Según Ceresole, el líder debe estar directamente unido al pueblo sin intermediarios, lo mismo que la Fuerza Armada. Fuerza Armada y pueblo deben actuar al unísono en la consecución de los fines de la revolución.


Sucede que para la revolución bolivariana el “pueblo” está conformado solamente por la población que comparte el pensamiento único revolucionario, el resto no es “pueblo”. Y ya no es mucho el “pueblo” que comparte la visión revolucionaria a lo Maduro, a juzgar por lo que se observa en las calles, lugares públicos y muestran los sondeos de opinión que ubican el rechazo a su gestión en el orden del 70%, por lo menos.


¿Entonces cuál es ese “pueblo” que se une a la GNB y PNB? Actualmente se reduce a los llamados colectivos armados por el régimen y el Movimiento Tupamaro, que son fuerzas armadas irregulares surtidas logísticamente por el gobierno.


Estas fuerzas que son subvencionadas por el Estado, es decir, que son soldados asalariados o mercenarios, que no ostentan uniforme, son las encargadas de disparar contra los civiles que protestan con el apoyo táctico de los uniformados de la GNB y PNB.


Sin embargo, la combinación del poder de fuego enorme de la fuerza pública combinado con el de estos grupos armados no ha sido óbice para que la protesta civil -aun en desventaja- haya prevalecido en algunos sectores. Es el caso de Táchira, donde el régimen se vio forzado a enviar un contingente de 600 soldados adicionales, fuerzas blindadas y ordenar el sobrevuelo con aviones de combate Sukhoi 30. Además, refieren fuentes la versión no confirmada de que también se han desplegado tropas cubanas de las conocidas como Avispas Negras, especialistas en manejar situaciones de insurrección. También fue aislado el estado con la suspensión del servicio de Internet.


En Valencia, la incapacidad de controlar la protesta estudiantil pacífica llevó al gobernador Francisco Ameliach a anunciar un “ataque fulminante”, emulando a Adolf Hitler; ataque en el que resultó asesinada la bella estudiante y modelo Génesis Carmona.


Los criminales nazis fueron juzgados en Nuremberg, y en cortes israelíes, luego. Ya muchos jerarcas venezolanos, militares y civiles, tienen su banquillo asegurado en La Haya, pero muchos otros tienen la posibilidad de evitarse ser juzgados por delitos de lesa humanidad; les bastará con negarse a cumplir órdenes contrarias a las leyes y a la moral.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

martes, 18 de febrero de 2014

Líder




Acompañado por su esposa y una marejada de simpatizantes, Leopoldo López se entregó a la dictadura. Miembros del Alto Mando de la Guardia Nacional lo recibieron para ser llevado en un vehículo antimotines a destino desconocido. A diferencia de tantos otros líderes y políticos que en circunstancias similares han emprendido la huida, el joven de Voluntad Popular decidió no huir, arriesgando la vida y comprometiendo su libertad. Con la proclama “si mi encarcelamiento sirve para que se produzca el despertar de un pueblo, valdrá la pena", Leopoldo abordó la tanqueta.

Nicolás Maduro ya anunció que López estaba a la orden de “la justicia” y que sería imputado con delitos como “sedición y violar la Constitución”,  los que comportan penas de hasta 30 años. Esto lo hizo en el llamado Balcón del Pueblo frente a una pobre asistencia tan magra como la que tuvo el sábado en la Avenida Bolívar, en la que logró concentrar a unos pocos cientos de “simpatizantes”.

En un país normal o en la propia Venezuela de hace 15 años un gobierno como el actual ya hubiera caído. El desastre económico ha llevado el descontento popular a límites inéditos. Pero no estamos frente  a un gobierno democrático sino ante una dictadura cuyo único fin es asirse al poder indefinidamente. Y es forajida, de manera que sus funcionarios y beneficiarios ven muy cierta la posibilidad de cárcel, de pérdida de sus ingentes fortunas mal habidas y la persecución en caso de perder ese poder. Además, la alternancia jamás estuvo en los planes del chavismo: su objetivo siempre fue tomar el poder para aferrarse a él hegemónica y perennemente.

Aunque la decisión de Leopoldo López comporta sus graves riesgos, era la mejor opción en bien de su liderazgo. Cualquier otra –como escapar al exilio o ir a la clandestinidad- podía significar su muerte política. Por otra parte, aunque conocemos la terrible suerte de los presos políticos de esta dictadura, la oportunidad parece ofrecerle alguna probabilidad de éxito ya que se encuentra frente a un régimen que ya solo se sostiene por las fuerzas de las armas; que tiene más de 70% de rechazo. Y que no quepa duda, la satrapía piensa usar esas armas.

En todo caso, el paso que en total desesperación por eliminar la amenaza de su liderazgo ha dado la dictadura, lejos de debilitarlo, ha fortalecido a Leopoldo López como el líder con mejor opción de transitar con su pueblo el duro y arduo camino que finalmente lo conducirá a la libertad.



Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe