miércoles, 29 de enero de 2014

Sabático




Ramón Guillermo Aveledo ha anunciado que la MUD está contemplando un receso hasta 2015 en sus funciones como coalición opositora, alegando la necesidad que tienen sus miembros de reestructurarse y renovarse para continuar la lucha política. Esta declaración, hecha antes de transcurridos dos meses de las elecciones municipales, despierta cierto malestar en la disidencia.


Desde hace muchos meses se venía observando que la MUD había perdido el foco en sus objetivos (o en los que deberían ser sus objetivos), concentrándose únicamente en la cuestión electoral y no en la verdadera meta de la lucha: el derrocamiento del dominio cubano comunista sobre Venezuela; de la cual el factor electoral es fundamental pero no el único ni el más importante.


Después del desastre del 7-10-12, cuando la MUD no solamente cambió su discurso -que al final de la jornada era triunfal- por el silencio, vinieron los hechos del 14 de abril de 2013 y días subsiguientes. Ante la evidente derrota del régimen y el fraude electoral al que se vio forzado para obtener una supuesta ventaja de apenas 200 mil votos, la respuesta del pueblo, con los estudiantes a la cabeza, fue protestar.


Inicialmente, la dirigencia de la MUD y el despojado Capriles obraron en consonancia con ese pueblo que protestaba, que caceroleaba y enfrentaba a la GN pidiendo calle sin descansar hasta remover al opresor. Sorpresivamente, como si hubieran llegado en auxilio del régimen, Capriles y la MUD llamaron a cesar la protesta. El pueblo confiado sabiéndose mayoría y creyéndose en manos competentes de buena fe, amainó en las manifestaciones pensando que se trataba de un hiato táctico y no de claudicación ante la dictadura.


A los reproches y ataques que sufrió la MUD por parte de un sector preocupado de la oposición en los meses que siguieron, la respuesta fue que la salida era electoral y en ese sentido las elecciones de diciembre serían decisivas. Llegaron al extremo de calificarlas como “plebiscito”.


El tema de las elecciones municipales merece especial atención. Obteniendo el 49% de los votos -51% en contra (según cifras oficiales del “confiable e impoluto” CNE)- el régimen manipuló la información para declararse triunfador. De manera que un gobierno derrotado no una sino dos veces en un lapso de 8 meses, lograba emerger como victorioso, gracias a la actitud complaciente de una dirigencia que había sido efectivísima en mantener al pueblo alejado de las calles y las cacerolas para darle el aire que la dictadura necesitaba desesperadamente para no morir cuando se encontraba en la sima de la popularidad.


Unos días después acudió nuevamente la MUD en auxilio del régimen: los recién electos alcaldes de la Unidad atendieron a la “invitación” a Palacio que les hiciera el doblemente derrotado electoralmente Nicolás Maduro a mostrarle sus dientes con fraternales sonrisas.


Y luego sucedió lo inimaginable: Henrique Capriles también acudió a Miraflores a estrecharle la mano al mismo cónsul cubano nacido en Cúcuta que declaró recientemente que las decisiones sobre Venezuela no se toman en Miraflores sino en La Habana, y a quien juró que jamás reconocería como Presidente; todo esto a la sombra de la flameante bandera cubana.


Más allá del daño moral que causa la actitud de la MUD y Capriles con la que han lesionado tambien su propio liderazgo, y sin conocer las circunstancias subyacentes, amenazas o recompensas que pudieran haber recibido por haber “pacificado” el país en este último año; la última decisión de tomar un sabático no hace más que acentuar las sospechas de que la función de la MUD no era más que electorera y de servirle de contrincante a la dictadura que generó su propia oposición a la medida.


Pero aunque es triste ver el rol que como agente colaboracionista –voluntario o involuntario- ha jugado esa dirigencia opositora que califica de “radicales” a quienes disienten de su pensamiento único, lo cierto es que el que ahora ella haga mutis del escenario histórico venezolano no es una ofensa grave a la causa libertaria que encontrará nuevos y más adecuados líderes para expresar la voluntad de ese pueblo tantas veces engañado.


Lo anterior es cierto pues a pesar de que puede estimarse que este no es el mejor momento que vive la oposición (numéricamente sí lo es), definitivamente este sí es el peor momento que vive el régimen que ya solo se sostiene por la fuerza pretendiendo represar una voluntad popular indetenible.


Dicho en otras palabras, la situación de la oposición es mala debido al desconcierto pero con tendencia a mejorar. La situación de la dictadura es grave debido al poco sustento social y económico que le resta, con tendencia a empeorar.


De manera que la MUD puede tomar su sabático, pero Venezuela, su Pueblo y la Historia jamás lo harán.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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