Es función básica del Estado la protección de los Derechos Humanos de sus ciudadanos. El Derecho a la Salud, a la Educación, a la Alimentación y a la Vida, a la Seguridad Personal, están garantizados por el Estado. Un Estado que no los garantice está incurso en violaciones que constituyen delitos de lesa humanidad, con las consecuencias penales correspondientes para sus funcionarios.

El desalmado asesinato de la actriz Mónica Spears y su esposo enfrente a su menor hija, vino a ser el corolario de la noticia revelada horas antes acerca de los 24.743 asesinatos que se ejecutaron en Venezuela en 2013; 2700 más que en 2012; lo que representa una rata de crecimiento anual de 12,25% y una tasa de homicidios anual de 84%. A todas luces, unas de las cifras más altas del planeta, superando incluso a países en guerra, y –por mucho- a los países de la región.

La conmoción pública causada por el atroz crimen congestionó las redes sociales. Además de ser una persona pública querida, la tragedia de Mónica Spears trajo al venezolano promedio (aquel que no tiene guardaespaldas) cara a cara con su terrible cotidianidad. Fue un recordatorio de que esto le puede pasar a cualquiera; de que nadie, salvo algunos privilegiados, tiene posibilidad de escapar del hampa.

Ante la voz alzada en protesta por el pueblo, de dolor, de indignación, de horror; el régimen reaccionó con acusaciones contra el capitalismo y la televisión de ser las causas de la criminalidad. Olvidó que aquí el capitalismo no gobierna hace 15 años y que el Estado controla casi todos los canales de televisión. Luego pasó a prohibir a los medios el uso de la palabra “asesinato y asesinada” y la sustitución por “fallecimiento y fallecida” para referirse al espantoso suceso.

Pero el colmo, de la maniobras para el “control de daños” del régimen fue el desatar una campaña por medio de sus distintas vocerías, incluyendo a algunas del medio artístico, llamando a “no politizar” el luctuoso hecho.

Es decir, un gobierno que durante 15 años se ha dedicado a politizar todos aspecto de la vida ciudadana, que ha politizado desde la Fuerza Armada hasta el salón de clases de los niños de preescolar, pasando por el uso de papel tualé, ahora nos viene a decir “no politicen la muerte de 25.000 venezolanos por año”, de 200.000 hermanos.

Los mismos señores que hace menos de un mes decidieron convocar a una sesión especial para discutir una discusión personal entre los actores Guillermo Dávila y Roque Valero que consideraron de interés nacional, hoy hablan de “no politizar” la muerte decenas de miles de ciudadanos y el dolor causado a más de 200 mil familias venezolanos.

No se puede decir que este régimen no tiene claras sus prioridades. Pero no está de más recordar que Slobodan Milosevic murió solo en su celda de La Haya por un número similar de muertes, condenado por causarlas con sus políticas divisionistas y de odio interracial.

La misma noche de los hechos, fueron asesinados en su apartamento de Casalta, Caracas, el profesor del Pedagógico de Caracas Guido Méndez y su señora madre. Hecho que en la ya anestesiada opinión pública pasaría desapercibido por no ser personas públicas. Pero si en una contribución más de las muchas de su vida, esta vez póstuma, el nombre de Mónica Spears ayuda a que no más compatriotas encuentren su final a manos del hampa, pues es legítimo su uso como bandera de tan noble causa.

Carece de sentido exigirle al gobierno la adopción de medidas para resolver el flagelo de la inseguridad, no solo por el hecho de que ejerza poderes dictatoriales, sino porque junto con la inflación, la ruina económica, y el colapso de la infraestructura, esta es política de Estado dirigida a desbaratar el tejido social y destruir la clase media para sustituirla con su nueva clase dominante.

Mas todo indica que la “lucha de clases” se le está saliendo de las manos al régimen.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe