bastogne-le-nuts-061109
Los hechos recientes demuestran que el liderazgo opositor no ha mantenido el foco correcto en la lucha o jamás lo ha tenido. El objetivo de la lucha no es la repartición electorera del botín sino la derrota del comunismo y la liberación del yugo parasitario cubano.

Ante el estado de ingobernabilidad, el desastre económico y la inminente explosión social, el régimen decidió llamar a diálogo (léase a llamar a compartir la carga de la responsabilidad en el colapso) a las fuerzas opositoras, quienes acudieron en algunos casos hasta mansamente con petitorios hechos desde la más absoluta sumisión.

Se entiende que las conversaciones son necesarias aun en la guerra. Hasta para rendirse hay que conversar y capitular. Pero la posición de negociación de las partes definirá si se acepta o no la invitación a “dialogar”. Un gobierno que se sabe derrotado electoralmente no una sino dos veces en un plazo de siete meses, que es incapaz de contener las plagas que agobian a la sociedad, que ha quebrado la economía está en precarias condiciones para dialogar. En contraposición, una oposición con alta popularidad y que ha obtenido éxitos electorales importantes está en la mejor posición para negociar. Solo altera las circunstancias la posesión de las armas y la detentación del poder por parte del régimen. Es decir, invita a negociar pero con un fusil apuntado a la cabeza de la contraparte.

Cuando le pregunté a un líder opositor por qué acudían a Miraflores a hablar en ese tono me contestó “¿Qué hacemos, declaramos la guerra? Te guste o no él es el presidente”. En primer lugar la guerra la declaró Hugo Chávez y hace mucho (“Soy yo o la guerra (…) El que no está conmigo está contra mí y lo pulverizaré”). En segundo lugar, después del 14 de abril quedó muy claro que “él” no es nuestro presidente. ¡Hasta golpizas llevaron nuestros diputados por desconocerlo como tal! ¿Qué cambió?

Posteriormente, con motivo del horrible asesinato de Mónica Spears y su esposo, hubo otra convocatoria a Miraflores, esta vez para discutir el problema de la inseguridad; inseguridad cuya fuente es el mismo gobierno. A esta cita acudió el presidente despojado el 14 de abril, quien juró jamás reconocería a Nicolás Maduro como presidente. ¿En calidad de qué –si no de presidente- lo visitó en Miraflores?
Sabemos que el flagelo de la inseguridad es política de Estado para destruir el tejido social, acabar con la clase media, la clase pensante e instaurar una nueva casta dirigente. Además, es la fuerza armada de primera línea de la ocupación cubana en Venezuela. En estas condiciones, ¿qué fue a negociar Capriles en Miraflores, el retiro de las fuerzas de ocupación cubana, el cese del proceso revolucionario y su “Tierra Arrasada”?

Reitero, lo que está en juego en Venezuela no es la repartición de algunas alcaldías o parcelas de poder con sus respectivos contratos, es la dominación comunista cubana con la colaboración de unos cuantos traidores.

El 22 de diciembre de 1944 el generalato alemán le envió una ultimátum de redición al general Anthony McAuliffe durante el sitio de Bastogne. Las tropas americanas con McAuliffe al frente, se encontraban sitiadas sin remedio en esa encrucijada. La posición alemana parecía ventajosa desde el punto de vista militar ya que sus fuerzas rodeaban totalmente el poblado y toda línea de suministro fue cortada. Los americanos no tenían ni abrigo, ni comida, ni parque. Pero la realidad era que los alemanes habían logrado organizar un último ataque en un postrimero esfuerzo desesperado por darle la vuelta al curso que la guerra llevaba en Europa pues estaban siendo derrotados, la Batalla de las Ardenas. Así que la contestación de McAuliffe a la extensa demanda de rendición nazi fue una nota  con un escueto pero muy elocuente “Nuts!” O como diríamos en criollo: “¡Ñemas!”
BastogneMcAuliffe
Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe