lunes, 23 de diciembre de 2013

Mandato







Es frecuente el uso del vocablo “mandato” referido a política bajo la acepción de “ejercer el mando”. Así, vemos hablar de “el mandatario” en el sentido de “el que manda”. Es un error importante pues es exactamente lo contrario: el “mandatario” es mandado por el pueblo ejerciendo un contrato de mandato o poder que le otorga ese pueblo para que lo represente y gobierne en su nombre por delegación.


Por alguna misteriosa razón, muchos políticos entienden que el líder político es un jefe a quien el pueblo debe obedecer cuando es justamente al revés: el político es un mandatario del pueblo, al que debe interpretar y obedecer en ejercicio de su mandato. Y debe cuidarse en esa ejecución del mandato, pues si se desvía del deseo popular, pierde la representación de ese pueblo y en consecuencia la legitimidad.


Este asunto es de particular importancia en las presentes condiciones, en las que muchos de los líderes electos lo han sido solamente por adversar al régimen y ser las únicas opciones disponibles frente a la dictadura, más que por ser liderazgos construidos con una base popular a la que representan. Es decir, son líderes con representatividad precaria y muy volátil.


El pasado viernes, los alcaldes opositores electos recientemente acudieron a la invitación a Miraflores que les hiciera Nicolás Maduro, para entonces, dictador carente de legitimidad en virtud de su ascenso fraudulento al poder y de su doble nacionalidad, y presidente de un gobierno a punto de colapso por la situación económica que ha creado. 


Es posible que los alcaldes opositores basándose en encuestas que así lo muestran, pensaran que interpretaban correctamente el sentir popular que desea la paz nacional, y de esta forma, buscando avenimiento, atendieran a la invitación. O es posible que para preservar sus cotos privados de caza, sus pequeñas pero nada despreciables cuotas de poder con sus churupos accesorios, acudieran a darle el espaldarazo que el agonizante gobierno de Maduro requería con desesperación. Es posible incluso, que las amenazas de acciones penales por corrupción y de pérdida de empresas y otros activos de sus haciendas personales fueran el móvil para su visita a Palacio.


Es cierto que más del 80% de los venezolanos deseamos paz, que estamos cansados de enfrentamientos, agresiones e insultos; pero también es cierto que una mayoría aún más grande rechaza el comunismo y no está dispuesta a pagar esa paz con la entrega definitiva del país a Cuba y su comunismo. Y esta es la opinión que los alcaldes debían sopesar antes de acudir a visitar al ilegítimo.


Probablemente el régimen de Maduro no se salvó con esta reunión en Miraflores. Pero no hay dudas de que con sus sumisos, plañideros y lastimosos petitorios al dictador, los alcaldes opositores le dieron a la agonizante dictadura un segundo aire, un halo de legitimidad, y en este sentido, le otorgaron una gran victoria que no pudo obtener en las urnas electorales. Y este efecto traiciona el mandato popular y anula la representatividad de estos “representantes del pueblo”.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

2 comentarios:

  1. Impecable!!!! La trascendencia de esa visita es atroz!!! Los defectos que vician la presidencia de trucutú sin INCONVALIDABLES, y toda apar iencia de aceptación es nociva para la salud política del país. El "Plan de la Patria" es absoluamente indigesto, de una inconstitucionalidad grotesca, inaceptable !!!


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  2. Muchas gracias amigo. Perdone esta respuesta extemporánea pero acabo de percatarme de que su amable comentario estaba perdido en la ciberjungla de mi blog. Cordiales saludos

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