jueves, 19 de diciembre de 2013

¿Diálogo?





Apartando a un lado los insultos, amenazas y acusaciones contra los invitados, que acompañan a la invitación a diálogo hecha por Nicolás Maduro, hay que convenir en que si alguna vez alguien ha necesitado de diálogo, es este gobierno agonizante. Si su llamado es sincero, es más bien alarmante que el régimen tardara ¡7 meses! para entender que –si es cierto, como dicen sus cifras- cuenta con solo la mitad del país, se impone el diálogo con la otra mitad; no solamente para lograr gobernabilidad, sino para salvar el propio pellejo. Un gobierno que pretende silenciar, someter, dominar, excluir o incluso, eliminar a no menos de la mitad de la población de una nación, está irremediablemente condenado al fracaso.

Tratándose de un gobierno militarista conformado en su mayoría por militares, este no concibe al oponente como simple adversario político sino como enemigo a destruir totalmente. Por esta razón, principalmente, para sus dirigentes la palabra “diálogo” es indigerible. Pero la fuerza de las circunstancias lo han llevado a comprender que solamente negociando puede sobrevivir al cataclismo que se aproxima. Esto es, si la convocatoria a diálogo es sincera.

El diálogo es deseable entre adversarios, incluso, entre enemigos mortales. Hasta en la guerra existe el diálogo entre los beligerantes. Pero para que haya diálogo debe existir equilibrio entre las partes, ya que el diálogo es en sí mismo una contratación. De manera que la violencia o el abuso de poder de una de las partes, harán imposible o nulo ese diálogo.

A pesar del monopolio en la posesión de las armas, los recursos del Estado y el ejercicio del poder es justamente el gobierno la parte más débil en un diálogo en los actuales momentos. En primer lugar, es falso que cuente con la mitad del país; hasta las cifras fraudulentas de su CNE le conceden solo 49% de la votación. En segundo lugar, vive una terrible situación económica que por más que trate de achacársela a una fulana “guerra económica”, nadie cree que sea culpa de terceros. Y por último, la debacle que se aproxima anuncia tiempos para la economía como los que jamás había vivido el país en su historia moderna, con la posibilidad muy cierta de default. No es descabellado pensar que esto fue lo que movió a Raúl Castro a entrevistarse con Obama; el inexorable secamiento de la teta.


El 18 de diciembre los recién electos alcaldes y los gobernadores de oposición acudieron a Miraflores para ese supuesto diálogo. A ese tipo de reuniones se debe acudir con la actitud adecuada: la de quien no está en una relación de subordinación ante el gobierno central dictatorial; y con las intenciones de exigir, demandar, no de pedir sumisamente al gobernante. De no hacerlo de esta forma, inevitablemente se legitimará al usurpador.


Es momento de que nuestros alcaldes y gobernadores entiendan –todos, no solo algunos- que a diferencia del invasor de Miraflores, han sido elegidos por el pueblo, de manera que sí gozan de legitimidad y representatividad, y que –en este sentido- tienen la sartén agarrada por el mango; tienen el mayor poder de negociación para hacer  valer ante el régimen los derechos de su representado: el pueblo venezolano.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

No hay comentarios:

Publicar un comentario