sábado, 21 de diciembre de 2013

¿Diálogo o rendición?




Diálogo, por definición, es el intercambio de ideas para lograr soluciones. Se presume la condición amistosa que relaciona las partes en el diálogo. Pero el diálogo puede darse también entre adversarios bajo ciertas circunstancias. Por ejemplo, el diálogo puede ser necesario –incluso en la guerra- para resolver amenazas de destrucción total de las partes implicadas. 


El concepto de diálogo requiere del equilibrio entre las partes. Cuando una de las partes se encuentra en situación débil para dialogar, entonces no estamos hablando de diálogo sino de negociación, más estrictamente, de capitulación o rendición.


El diálogo es un contrato en el cual las partes en igualdad de condiciones se comprometen a conversar a los fines ya mencionados. Pero como en todo contrato, si una de las partes ejerce violencia, no hay diálogo por vicio de voluntad; hay capitulación y rendición.


Partiendo de estas ideas examinemos bajo qué condiciones llegaron a Miraflores los alcaldes y gobernadores opositores a “dialogar”:


1) Frente a un gobierno con un grave problema de gobernabilidad debido a su ilegitimidad en razón del fraude electoral del 14 de abril, y del asunto no resuelto de la doble nacionalidad de Nicolás Maduro.


2) Ante un gobierno que atraviesa el más alto índice de rechazo popular por las razones ya expuestas, y debido a la peor situación económica que haya conocido el país en su historia moderna.


3) Un gobierno que en las recientes elecciones municipales, según sus propias cifras fraudulentas, y con todo su poder, obtuvo 49% de los votos, es decir, 51% de la votación en contra.


4) Un gobierno que con todos sus recursos fraudulentos, todos los abusos, ventajismo, solo pudo forjar 200 mil votos de ventaja en las elecciones presidenciales, de acuerdo a sus propios guarismos que jamás fueron auditados.


5) Pero frente a un gobierno que alguna vez basó su poder en el factor económico y que ahora se ve forzado a basarlo en las armas; en el enorme poder de fuego que a tales efectos ha acumulado en 15 años. Que se sostiene además en grupos armados que con o sin motos, con franelas rojas o verdes, pretenden someter a la disidencia en las calles del país.


En pocas palabras, los gobernadores y alcaldes atendieron al llamado desesperado de un régimen que entendió que o se pone de acuerdo con sus adversarios para salvar algo del país o colapsa todo el país. Pero es más que eso, aun clamando desesperado por ese “diálogo”, el régimen sostiene un fusil en la sien de la oposición, al mantener la presión armada de militares y círculos violentos, sus grupos de choque activos al tiempo que se llevan a cabo las “conversaciones”.


De no ser por la presencia de estos grupos armados en contra de la disidencia, sería muy claro que el poder de negociación está del lado de la disidencia. Pero el ejercicio de violencia por parte del régimen; violencia que no solamente se circunscribe al uso de armas convencionales por parte de los militares y los círculos, sino que se extiende a las amenazas de índole penal y económico por parte del Estado contra algunos de los actores opositores cuyas haciendas se ven en peligro, vicia absolutamente el tal “diálogo” y lo define como lo que realmente es: la firma de una capitulación con rendición.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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