miércoles, 11 de diciembre de 2013

Abismo, parte 2





Jugar el resto es siempre una movida de altísimo riesgo. Es cierto que se puede ganar mucho pero se puede sucumbir irremediablemente. "El todo por el todo" es una jugada poco frecuente en política. Entrar en una calle cerrada, con una sola salida, puede llevar al desastre, máxime si se enfrenta a un contrincante acorralado.


Cuando la oposición venezolana planteó las elecciones municipales como un plebiscito sobre el desempeño de Nicolás Maduro, hizo justamente eso: se resteó. Definió el juego –por lo demás artificial e innecesariamente- como una consulta en el que el pueblo debía decir “sí” o “no” a la gestión del ilegítimo.


Cuando se plantea un show down, una suerte de gunfight at the “OK Corral”, un duelo definitivo, solo dos posibilidades existen: o se gana todo o se pierde todo. Alentada por las circunstancias, conociendo el malestar popular puesto que el país atraviesa el peor momento de su historia política y económica desde finales del siglo XIX, la MUD decidió lanzarse la apuesta con la convicción de que aplastaría electoralmente al régimen.


Algunos sostienen que la jugada de los saqueos “controlados” (en realidad un teatro montado por el régimen con la colaboración de sus socios boliburgueses de las principales tiendas de electrodomésticos), le rindió importantes dividendos a Maduro; de ser así, la operación de ingenio cubano ya anteriormente probada en Zimbabwe con Robert Mugabe, conjuró la emboscada electoral de la MUD.


Pero no se puede hablar de un total éxito del régimen por dos razones principales: 1) los candidatos oficialistas solamente acumularon el 49% de la votación; y 2) las alcaldías ganadas por la alianza opositora, en general, son las de mayor densidad poblacional. Con solo el 49% a favor, sin llegar ni a la mitad de los votos, difícilmente puede interpretarse la elección “plebiscitaria” como un “sí” a favor de Maduro; es obvio que tiene al 51% en contra. Además, es necesario analizar la ponderación demográfica en la distribución de las alcaldías en todo el país.


Pero aun si aceptamos que el régimen tuvo un triunfo contundente y Nicolás Maduro fue legitimado en estas elecciones municipales (haciendo a un lado el asunto de su doble nacionalidad y su origen espurio en virtud del fraude electoral), todavía al gobierno se le presenta un panorama desolador en cuanto al apoyo popular se refiere. Enfrenta lo que será una catástrofe para el país y para él.


En el año 2013 se comenzaron a vivir las consecuencias económicas de las demenciales políticas (si es que se pueden llamar políticas las atrocidades cometidas) de la administración del Comandante Eterno.* Las macrodevaluaciones, el desabastecimiento, la escasez, la hiperinflación y el estancamiento (estanflación), son todos consecuencias de esos 14 años de destrozos que, con una alocada recta final de disparates económicos para financiar su victoria electoral del 7 de octubre de 2012, desembocaron en la terrible situación registrada a lo largo de 2013.


Y las cosas van a empeorar. La situación es ahora más grave. A todo efecto práctico las reservas internacionales están en 0. El oro de esas reservas desapareció, se lo llevaron. PDVSA está en ruinas y con su producción menoscabada. No existe forma de cumplir los monstruosos compromisos internacionales, tanto del Estado como de sus empresas (la deuda pública total “conocida”, incluyendo la de las empresas estatales, asciende a más de $250.000 millones), que no implique la pérdida de capital, de activos, de patrimonio, de control accionario, e incluso, de territorio (que pueden ceder en concesión para la explotación en condiciones onerosas para el país). El hueco fiscal y el desequilibrio en la balanza de pagos obligan a otra macrodevaluación. El precio de la gasolina deberá incrementarse pues ya el Estado no tiene capacidad de subsidiarla. 


Las medidas que deberá tomar el régimen para intentar sobrevivir al cataclismo  económico que se aproxima, para -en un intento desesperado- evitar caer al abismo, tendrán un impacto inflacionario tremendo y harán palidecer aquel famoso paquete de Carlos Andrés Pérez II y los programas de recuperación y estabilización prescritos por el FMI. El “paquetazo” de Maduro, el tan anunciado “paquetazo” que en una especie de profecía autocumplida los socialistas le atribuían a los planes de Capriles y “la derecha”, pasará a la historia como el más grave trauma socioeconómico que haya vivido Venezuela en la modernidad.


Sin embargo, la experiencia histórica y la conducta previa del régimen nos hacen anticipar que las medidas que tome para capear el temporal no resolverán el problema económico. Es posible que algunas –como la inevitable devaluación- vayan en la dirección correcta, pero en general, podemos esperar otras de corte represivo e incluso policial, restrictivas, con aumento de mecanismos de control, en la línea de la “militarización de la economía”, que terminarán de darle el tiro de gracia al aparato productivo nacional y que llevarán a la miseria a la sociedad venezolana. Después de todo, para este propósito son la Ley Habilitante, la de Comunas, y el Plan de la Patria; instrumentos contrarios a la Constitución y las leyes.


Uno de los problemas fundamentales de la dirigencia gubernamental es que ve la situación como un problema coyuntural y no estructural. Como todos sabemos, no es cierto que circunstancialmente se sufran las consecuencias de una fulana guerra económica. Tampoco se puede estimar la situación como una fase del Ciclo Económico. La verdad es que el comunismo es inviable, genera distorsiones enormes, destrucción y pobreza; y esta es la causa del desastre.


Es trágico contemplar que el final de este régimen está unido a la ruina total de la estructura económica del país, pero así está planteada la situación. Si bien es cierto que muchos venezolanos –abstencionistas incluidos- le dijeron “sí” al comunismo este 8 de diciembre, el verdadero plebiscito no se ha dado. Ese plebiscito absolutamente previsible puede ser mucho más violento que el verificado en urnas electorales pues en él “votarán” desesperados el hambre y la miseria.
 


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe




* En octubre de 2012, luego de las elecciones presidenciales del 7, publiqué un artículo titulado “Abismo” en el que expliqué la grave situación económica que se preveía y que en efecto se dio en 2013.


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