lunes, 25 de noviembre de 2013

Valores socialistas








Escuchaba en una boutique Montblanc la conversación de un cliente con acento de un país vecino que compraba dos lujosas plumas y un vistoso estuche de cuero para portarlas, con su acompañante: “ya usted sabe, quiero que se vean bellas en su estuche, mire que es un regalo para un general rojo rojito que es coleccionista Montblanc y es muy exigente en sus gustos”.


Me produjo enorme satisfacción cuando –llegando a un restaurant de comida rápida en Caurimare- vi bajar de un ostentoso Jaguar azul marino de fabricación inglesa, a un coronel acompañado de su esposa y dos hijos adolescentes. ¿Acaso no es justo que el socialismo permita la superación personal de nuestros oficiales para que con sus ingresos de servidores públicos puedan adquirir estos bienes socialistas? ¿Acaso no merece un comandante de fuerza tener –como en efecto tiene- una preciosa camioneta Porshe alemana en recompensa a sus arriesgados servicios al país? ¿Por qué a un diputado de la república le ha de estar vedado adquirir una camioneta BMW en compensación por su lucha por el pueblo con su magro sueldo de servidor público? No cabe duda de que unos cuantos han salido de la pobreza con la revolución. ¿Hummer pa  mí, Metro pa’ ti?


Todos los venezolanos hemos sido testigos de alguna historia de éxito económico revolucionario. Todos hemos visto a algún vecino socialista saltar de la pobreza a la opulencia de manera súbita por obra y gracia de la revolución. Uno de dos obreros que me realizaban un trabajo, espontáneamente rompió en una conversación en contra del régimen que me dejó abismado. Entre otras cosas refería: “Usted sabe patrón, uno porque no es jalabolas. Osorio, el que ahora es ministro, vivía a 50 metros de mi casa en el barrio. Desde jóvenes hacíamos ejercicios juntos y practicábamos deportes. Cuando lo nombraron fui a hablar con él, y ni me recibió”. Con gran indignación por el engaño del que había sido víctima por parte de la revolución –que encontraba total solidaridad en su compañero de faena-, exclamó: “¡Esto lo que se llama es racismo social!”


Los funcionarios revolucionarios son reconocibles por sus lujosos vehículos, vistosos atuendos de firma, destellantes joyas y relojes. El propio Gigante Galáctico era famoso por haber pasado abruptamente de Casio, en 1998, a Cartier, en 1999. Hay uno conocido por su Rolex Daytona de oro puro, que no necesariamente adquirió con sus expolios en la revolución sino con comisiones habidas durante gobiernos que datan al primero de Carlos Andrés Pérez. Mas debemos reconocerle cierto recato pues bien pudo elegir un Patek Phillippe de $300.000 en vez del “relojito” de $30.000. A Pedro Carreño se le conoce por el remoquete “Diputado Vuitton”, debido a su parcialidad por esta distinguida marca de ropa y accesorios de moda. Al ser preguntado por un periodista acerca de sus lujosas extravagancias en el vestir, Carreño respondió como buen socialista: “es que eso es lo que deseo para cada venezolano, que todos tengan acceso a cosas de calidad”. Sin duda eso es socialismo: “Armani pa’ mi, Traki pa’ ti”. 


Y tendría razón Carreño si no fuera por dos hechos incontrovertibles: 1) Los productos que tanto gusta provienen de economías capitalistas; y 2) jamás en la historia del socialismo, sea Unión Soviética o Cuba o Corea, el pueblo llano ha tenido acceso a prendas Yves Saint Laurent. Estas han estado reservadas solo para la élite en el poder. (Aunque la historia es similar en China, donde solo una oligarquía muy corrupta detenta las riquezas, la mantendremos fuera pues ya es el país más capitalista del planeta).


Pero quizás nada defina más la esencia del socialista del siglo XXI que la famosa foto que publicara la hija menor del Comandante Supremo, Rosinés, en la que aparecía pelando los dientes con un abanico de dólares en las manos. Esta foto causó revuelo en Internet y dio la vuelta al mundo, cuando la niña, para entonces de 14 años, la colocó en Instagram. No es cosa ligera el affair de la foto de Rosinés, ya que revela más allá de toda duda los valores insertos en lo más profundo de la familia revolucionaria. Para decirlo en cristiano: la niña muestra lo que le enseñan en la casa. In God We Trust! Marx para los pendejos, Benjamín Franklin para nosotros. La imagen de Rosinés con los imperiales billetes verdes –además de ser un poderoso símbolo- es el socialismo del Siglo XXI. 


Como un evento de sincronicidad, en esos mismos días fueron publicadas fotos de niños de los barrios del “23 de Enero” posando con fusiles y vestidos de militares, en actos del colectivo “La Piedrita”, afecto al gobierno. ¿Socialismo pa’ ti, capitalismo pa’ mí? ¿Fusiles pa’ tus hijos, dólares pa’ mis hijos?

 

Las fotos y videos de las infantas y otros miembros de la familia real Chávez inundan la Web. En aviones privados, yates, palacios… Los usos de las invasoras ilegítimas de La Casona –dicen las malas lenguas- han levantado resquemor hasta en las propias filas oficialistas, en donde cuentan con el rechazo de muchos, comenzando por el feroz de Cilia Flores -ella misma muy proclive a los gustos sauditas-. A Rosa Virginia se la ha visto luchando denodadamente contra el imperialismo cargando bolsas de The Gap en la Quinta Avenida de Nueva York. A María Gabriela, la más ostentosa y con ínfulas de jetsetter internacional, paseándose y comprando a diestra y siniestra, llevando así su mensaje socialista a los más lujosos centros comerciales de otras latitudes. El austero Ho Chi Mín estaría orgullosísimo de nuestros comunistas…


Lo más asombroso del milagro socialista quizás sea que las herederas del portento de Sabaneta, alcanzaron este nivel de vida sin haber jamás trabajado, tan solo heredando lo poco que “legítima y esforzadamente” ganara su padre a su paso por la Administración Pública, y solo por la Administración Pública. 


El secreto del éxito del liderazgo de Alí Babá fue que a sus cuarenta colaboradores les permitía una parte alícuota del botín. El Eterno le dio la misma licencia a un poco más de cuarenta luchadores humanistas socialistas…


“¡Patria, socialismo y muerte pa’ ti! ¡Dólar, capitalismo y Montecarlo pa’ mí!”




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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