domingo, 3 de noviembre de 2013

Una realidad paralela







Abusando de la tolerancia de mis amables lectores, he escrito repetidamente acerca de esa actitud misteriosa del fascismo de seguir una y otra vez el mismo libreto que siempre lo lleva a un nuevo fracaso. En mi descargo debo alegar que me fuerzan las circunstancias, la torpe conducta de un régimen que en su agonía insiste en los mismos errores que, tal como demostraron experiencias como la de la Unión Soviética, lo  más que logran es acelerar su colapso.


El fascismo, sin importar el tono del espectro cromático que adopte, tiene como una de sus características el borrar la historia y la realidad y sustituirlas con una versión propia, o muy distorsionada o falaz, absolutamente afín a lo que considera su conveniencia (el fascista suele ser tan imbécil que tiende a considerar conveniente lo que en realidad lo autodestruye). Esta conducta la vimos en el bolchevismo primero, luego en el nazismo, en el castrocomunismo, en el maoísmo y ahora en el chavismo.


La historia prueba que debido a sus métodos, a la forma y muchas veces al fondo, no existen diferencias sustanciales entre el fascismo de extrema derecha y el fascismo de extrema izquierda. Poco les importaron a los exterminados por Hitler en los campos de concentración de Auschwitz, Treblinka o Dachau las diferencias en las razones de su muerte en comparación con los asesinados por Stalin en el Archipiélago del Gulag.




En la URSS era criminalizado el informar acerca de las colas interminables de ciudadanos desesperados por adquirir los pocos productos de primera necesidad disponibles debido a la escasez tan propia del socialismo (si algo caracteriza al socialismo es la escasez). En Cuba es impensable la conducta contrarrevolucionaria de fotografiar las filas de caquéxicos con caras tristes que esperan por el cuarto de litro de aceite para comer que corresponde a sus familias para el mes, sin exponerse a condena penal luego de previos palazos.


La Unión Soviética que inicialmente intentó ocultar la catástrofe de Chernobyl y después se vio forzada a culpar al sabotaje como su causante, escribió el guion que siguió el chavismo en Amuay y en todas las fallas del sistema eléctrico nacional. Esa es la misma Unión Soviética que continuó sus esfuerzos por velar los alcances de esa tragedia nuclear que afectó a toda la civilización; y que a tales efectos prohibió reportajes y fotografías de las zonas afectadas, en la pretensión de borrar la realidad y presentar otra propia distinta. Finalmente, Chernobyl se sumó a la debacle económica que –con un empujoncito de Lech Walesa, Ronald Reagan y Juan Pablo II- desmoronó la gran potencia que se jactaba de tener el ejército más formidable del orbe, la URSS.




El régimen chavo-madurista ha intentado reeditar esta obra de teatro fracasada reprimiendo la verdad y sustituyéndola con su otra “verdad” fundada en la propaganda, para lo cual cuenta con la total hegemonía de los medios de comunicación del país. Al tiempo que nos llama “disociados” por ser testigos o protagonizar -en vivo- la realidad de las colas para comprar comida y las golpizas y saqueos que se suscitan en ellas, y por negarnos a ver la “realidad” que nos presentan VTV y la red del SIBCI; apresan periodistas y a cualquiera que se atreva a tomar una foto de la tragedia, para luego torturarlos apaleándolos salvajemente, como hicieron los valientes militares de la Guardia Nacional Bolivariana –el honor es su divisa- con el equipo de tres reporteros del diario “2001” en Los Próceres, distrayendo así esfuerzos que pudieron emplear impidiendo el embarque de 1,4 toneladas de cocaína en el aeropuerto.




Es un total misterio determinar qué lleva al fascista a creer que tapar a garrotazos y plomo la realidad y sustituirla con propaganda en los medios públicos, tendrá éxito en convencer de su nueva “realidad” a los miles y miles que hacen las colas, a sus amigos y parientes, y a los transeúntes que pasan por su lado. Y esto es especialmente intrigante en una sociedad en que todo ciudadano tiene una cámara de video en su móvil celular, acceso a Internet, a las redes sociales y a YouTube.




Mas como era de esperarse, además de comenzar por criminalizar a los traidores apátridas que osen fotografiar o reportar acerca de las inmensas colas custodiadas por soldados como una vez lo fueran las soviéticas, y los anaqueles vacíos en los mercados también bajo los ojos vigilantes de soldados a la usanza de la URSS, o sobre los rostros desesperados de los enfermos de cáncer que en colas similares ya no buscan leche sino la salvadora droga anticancerosa desaparecida; Nicolás Maduro y la ministra Delcy Rodríguez anunciaron retaliaciones contra las redes sociales como Twitter por sus maniobras imperialistas, como el haberle suspendido 6.000 seguidores al ilegítimo cucuteño, que presagian el eventual bloqueo de Internet, redes sociales, y su posible sustitución con alternativas propias del gobierno –al modo de China-, pretendiendo así borrar la realidad del ciberespacio y sustituirla con su versión paralela de la realidad socialista fascista revolucionaria; todo en nombre de la suprema felicidad del pueblo. Maduro planteó “liberar” la región latinoamericana de Twitter y sustituirlo con una red propia: borrar la realidad y reemplazarla con su propia versión de ella.


Un régimen que no contento con acusar de su fracaso a una democracia que desplazó, que desapareció hace 15 años; que pretende convencer a un pueblo de que si esa democracia no es responsable de los males que sufre, entonces son María Corina Machado, Henrique Capriles y Leopoldo López, “la Trilogía del Mal” (tres líderes que no detentan poder alguno ni tienen la capacidad de provocar la crisis) los verdaderos culpables del cataclismo socio-económico al que nos han llevado la ineptitud, la corrupción y los vicios inherentes al socialismo. 


Pero ese pueblo, salvo por una fracción fanática y ciega reducida, ya no es tierra abonada para ese engaño tan burdo, ya se cansó de ser engañado y tomado por idiota. Está indignado por ese engaño que tiene carácter de insulto. Y le ha retirado todo apoyo, a tal extremo que la reciente pérdida de solo 6.000 seguidores en la cuenta de Twitter de Nicolás, provocó una respuesta desproporcionada del régimen que la elevó a la categoría de asunto de Estado; incurriendo en una torpeza descomunal, pues en vez restarle importancia al hecho como la menudencia que en efecto es, en su desesperación prefirió confesar el terror que lo acosa en su colapso, ya que un gobernante que reclama y amenaza con tanta vehemencia por tan insignificante suceso está confesando su extrema debilidad y grave situación.


Un régimen que para ocultar la realidad impidiendo una marcha de protesta cierra todos los accesos a la capital del país; que reprime brutalmente a quienes se atrevan a informar acerca de la escasez; que temeraria y puerilmente acuse a otros de sus fracasos retando la paciencia del pueblo; que cree organismos para espiar y controlar la información de todos sus ciudadanos como el CESPPA; que llegue al extremo de declararle la guerra a las redes sociales por una nimiedad; es sin duda un régimen que se encuentra en la fase terminal de su agonía.


Pero la creación de una realidad paralela que pretende sustituir la verdad en un esfuerzo que es solamente para consumo propio pues ya no encuentra una audiencia crédula en la mayoría del pueblo, no borrará las plagas creadas por el socialismo y mucho menos impedirá la inexorable rodada de la dictadura responsable del más costoso fracaso que ha vivido la patria en su historia.


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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