jueves, 28 de noviembre de 2013

¿Ruido de sables?




 

En cosa de meses, Nicolás Maduro ha hecho al menos dos aumentos de sueldos y emolumentos en el mundo castrense, así como la entrega a la oficialidad de “regalos” de diversa naturaleza que incluyen vehículos de excelente calidad japonesa. Anteayer fue anunciado uno nuevo que afecta a la tropa profesional. Además, se decretó un  merecido incremento también para los funcionarios de las distintas policías del país, que dicho sea de paso, han sido víctimas particularmente sufridas del hampa asesina. Los organismos armados de Venezuela han sido beneficiados.


Sin cuestionar en absoluto la justicia de tales aumentos, que idealmente deberían favorecer también a otros gremios como los profesores y médicos en la misma proporción, llama la atención la frecuencia y magnitud de estos en los últimos tiempos. Es interesante que los mismos suceden en medio de un clima de particular intranquilidad política y social en el país, signado por violencia y verbo agresivo de parte del régimen.


Se debe insistir en otros signos distintos que indican que alguna tensión ha de existir entre gobierno y militares: 1) la creación del CESPPA como organismo de seguridad contralor de toda la información que se maneje en el país y que representa un tutelaje militar sobre el Poder Ejecutivo; 2) la captura del barco explorador contratado por Guyana en aguas territoriales venezolanas, en abierta contravención a las instrucciones de Maduro y la inveterada política exterior cubana en la materia; el “secuestro” en extrañas circunstancias del general retirado de la Guardia Nacional, Ramón Lozada Saavedra, quien, según informan en las redes sociales, se encuentra detenido bajo interrogatorio en la DIGM.


Ha corrido el rumor por Internet de que el general Lozada es parte de un movimiento de militares retirados y activos bajo el liderazgo de un alto oficial en retiro, que conspira para derrocar al cucuteño agente de Cuba. 


La concurrencia de los factores descritos en sincronía con los aumentos salariales y dádivas a militares, hace pensar que somos testigos de un régimen que intenta sobornar a la FAN para mantenerse en el poder; o que es extorsionado para no ser defenestrado. Es difícil concluir otra cosa.


Por otra parte, hay señales de nerviosismo y mensajes contradictorios (la contradicción es esencia de esta revolución) que llevan a colegir que las relaciones gobierno-FAN no están en su mejor momento, o de plano, son escabrosas. 




Así, vemos a un Maduro que por una parte llama al diálogo nacional y luego hace alarde en una demostración amenazante, disparando un fusil en un acto militar en cadena nacional televisada. Imposible no recordar la bravuconadas de similar tenor por parte Saddam Hussein o Manuel Antonio Noriega. No es necesario relatar la suerte de esos señores.




Y no es solamente el episodio del fusil. El asesinato vil del candidato a concejal por la MUD de Zulia, José Chirinos y el ataque armado por parte de las falanges motorizadas de franelas rojas contra la caravana de Cocchiola en Valencia, sucedieron coetáneamente con los demás hechos y el llamado al “diálogo” de Maduro. No hay duda de que palabras y actos del gobierno emiten señales en colisión que causan confusión en la ciudadanía.


Todo lo anterior sucede luego del llamado a los saqueos hecho por el “presidente”, lo que ha causado angustia extrema y parálisis en la sociedad.


Es diáfanamente evidente que estamos ante un gobierno que se sabe en caída libre, y, bajo instrucciones de la metrópolis cubana, ha decidido jugar al caos y la conflagración sin escatimar en los enormes costos en vidas y materiales que un conflicto de esa naturaleza traería a la herida Venezuela. Dicho en otras palabras, el proceso ha pasado a una nueva fase: la defensa armada de la revolución.


La FAN lo sabe.




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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