lunes, 4 de noviembre de 2013

Que no quepa duda





¿Qué puede contestar el nacional de un país cuando el representante de una potencia extranjera lo ofende y amenaza con derramar su sangre en defensa de una parcialidad política interna? ¿Cómo enfrentar la insolencia de un diplomático extranjero que se atreve a intervenir virulenta y militantemente en los asuntos internos de la patria amenazando con alterar la paz –con matar- si el pueblo decide protestar en contra del gobierno que lo oprime? Este es el predicamento en que se encuentra no menos de la mitad del país (si aceptamos las cifras fraudulentas del régimen) ante la intimidación atropelladora del embajador de Cuba, señor Rogelio Polanco.


Este abusivo “diplomático” antillano –que actúa más como parte de una junta de gobierno colonial- escribió en la red de Twitter que si la “canalla de la ultraderecha” se atrevía a marchar el 9 de noviembre en la llamada Marcha Autoconvocada, sería atacada por los revolucionarios –cubanos incluidos- en defensa del bolivarianismo chavista. Amenazó de muerte a quienes se atrevieran a ejercer un derecho que la Constitución de Venezuela les garantiza a sus ciudadanos. Y ofendió con epítetos –en realidad lugares comunes a los que nos tienen acostumbrados los comunistas cubanos desde hace 54 años- a la resistencia venezolana cuya población no baja de 8,5 millones de compatriotas.


Realmente hay que ser en extremo ecuánime para que, al leer tan destempladas, groseras y atrevidas declaraciones, algunos pensamientos relativos a las partes pudendas de la señora madre del embajador Polanco no se manifiesten en la mente. Pero por más que hay justificación para el insulto en tan ofensiva situación, la gravedad de los hechos es tal, que la sobriedad se hace una necesidad y no debemos dar rienda suelta a los sentimientos.


Lo segundo que viene a la imaginación es cómo actuaría el régimen si el embajador de un país capitalista asumiera una defensa tan activa de la alternativa democrática y de Henrique Capriles Radonsky. ¿Cómo reaccionaría la dictadura si el embajador de Canadá, por ejemplo, escribiera en su perfil de Twitter en contra de Diosdado Cabello, Nicolás Maduro y Cilia Flores en la forma que lo hace el abusador Polanco en contra de la “Trilogía del Mal”? ¿Qué haría el gobierno si el embajador del Reino Unido llamara a atacar a una manifestación del PSUV?


Hay que tener riñones para pretender imponerle a por lo menos la mitad de un país un cambio de sistema político-económico que implica, además, no solamente la exclusión de esa “mitad mayoritaria” sino su eventual aniquilación. Pero más riñones hay que tener para hacerlo conociendo que es falso que se pretende dominar a solo la mitad: a la cifra de 200.000 votos de ventaja que supuestamente obtuvo Maduro en los escrutinios fraudulentos del 14 de abril, se deben sumar no menos de 2 millones de votos entre “electores” fallecidos y carentes de huellas dactilares que, tanto las autoridades del oficialismo como de la Unidad, han reconocido como corrupción del Registro Electoral. Sin restarle a Maduro los votos obtenidos con otros métodos de fraude como el voto “asistido”, la coacción y el soborno, y sin considerar la formidable erosión y posterior migración de votos del chavismo hacia la oposición como producto de los desmanes, tropelías y torpezas del régimen en los meses subsiguientes fehacientemente probadas con encuestas amigas y enemigas, ya es diáfanamente claro que el chavismo es una minoría precaria que intenta someter a una inmensa mayoría.


Así que el señor embajador cubano ha de tener un par de enormes riñones para amenazar con sangre a esa gran mayoría de venezolanos. O quizás es precisamente esta la razón detrás de tan agresivas palabras: Pareciera que Polanco se atrincherara en un reducto revolucionario al enfrentarse a la realidad de que el régimen a través del cual su país ejerce poder colonial sobre Venezuela está colapsando, al punto de que la posibilidad de una marcha de protesta en su contra comporta un peligro tal que amerita una respuesta desesperada contentiva de un ultimátum mortal. En este sentido, los atropellos de este señor son otra señal evidente de temor y acorralamiento.


Polanco se comporta como el representante de la metrópolis de una colonia alzada contra su gobierno colonial. La injerencia expresada en sus actos inequívocamente pretende decirle al venezolano dominado (por ahora) “'que no quepa duda' de quién manda aquí".


Pero si alguna duda tenía algún venezolano de si marcharía el 9 de noviembre, esta quedó disipada con la grosera agresión del invasor. Así que todos los patriotas -descendientes de aquellos que ofrecieron la vida cuando hasta descalzos fueron a liberar otras tierras lejanas hace 200 años- encontramos en su amenaza una poderosísima razón para marchar ese día, para 'que no quepa duda' de que no solamente no tememos a las amenazas de la paupérrima potencia parásita que pretende dominarnos, de la cochina garrapata insular que se prende a nuestra noble piel de hijos de libertadores, sino que nos limpiamos los detritos que como mamíferos expulsamos con el alma de esos depravados que durante 54 años han ahogado en la miseria a un pobre pueblo hermano.


Esto es Venezuela.



Nota: Con posterioridad a la publicación del presente escrito se supo que la cuenta de la que partieron los tuits en cuestión era falsa y no pertenecía al señor Rogelio Polanco. Sin embargo, en el año 2012, antes de las elecciones del 7 de octubre, Fidel Castro emitió desde Cuba opiniones del mismo tenor en las que amenazaba con que la sangre de venezolanos teñiría las calles de Caracas si continuaba la oposición al proceso revolucionario bolivariano. De manera que en esencia, el contenido del artículo mantiene vigencia.
 


Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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