lunes, 11 de noviembre de 2013

Entropía y colapso






Puede concluirse de la Segunda Ley de la Termodinámica que todos los sistemas aislados en equilibrio tienden al caos y a un cambio de estado con un nuevo equilibrio, en un proceso irreversible. Pareciera que la Física describe un Universo en el que el caos es la regla y el orden la excepción. El agua tiende a desparramarse, no a mantenerse ordenada sin estar en un recipiente. Un vaso que se rompe se quiebra y desintegra, no se reconstituye. Las estrellas –después de un estado de equilibrio- finalmente explotan en Novas y Supenovas y colapsan en estrellas de neutrones o agujeros negros al llegar al final de la vida. El mismo Universo nació en una explosión desordenada a partir de una singularidad ordenada, pasó a ser un caldo caótico de partículas elementales, para luego –en el proceso inflacionario con diversos estados de equilibrio- desarrollar sus estructuras, y un día terminar en el gran colapso que podría ser la suma de todos los agujeros negros. La vida es una lucha contra el caos que finaliza con la muerte. Con un cambio de estado.


Los organismos vivos gozan de mecanismos de autoregulación que tienen por objeto mantener bajo el nivel entrópico. La Entropía determina el grado de tendencia al caos del sistema. Cuando un sistema se acerca al equilibrio total que lo conducirá a un cambio de estado, su nivel de Entropía se eleva al máximo. El cambio de estado es irreversible. Un ser vivo libra a lo largo de su existencia una lucha contra el caos manteniendo orden equilibrado en sus funciones y estructuras. Cuando se acerca la muerte, la Entropía se incrementa al máximo y el organismo fenece.




La Tierra es un organismo vivo. La sociedad es un organismo vivo formado por otros organismos vivos. Esta es entonces, un sistema con tendencia al caos y con mecanismos de autoregulación que lo evitan contrarrestando el aumento del nivel entrópico en el equilibrio correspondiente a un estado. El desarrollo cultural del proceso de civilización es un mecanismo de autoregulación. Este ha producido creaciones humanas como las leyes, las normas y la moral que sostienen un equilibrio en constante lucha contra el caos, contra la elevación de la Entropía. La creación de normas de interacción en calidad de “reglas de juego” produce fenómenos como el Equilibrio de Mercado propio del capitalismo.




La revolución bolivariana presenta signos externos de que su nivel de Entropía se acerca al infinito. Ya no son solamente las señales caóticas representadas en las lacras como inseguridad, debacle económica, ausencia de institucionalidad, ruina total, ausencia de división de poderes, apagones y otras fallas de infraestructura. Ahora el caos ha sido decretado por el régimen.




El viernes 8 de noviembre de 2013, mientras informaba en cadena nacional de medios acerca de medidas para enfrentar la falsa “guerra económica”, ordenó saquear tiendas de electrodomésticos fundamentándose en el alegato de que sus dueños recibían dólares preferenciales del Estado a Bs 4,30 (o Bs 6,30) para luego vender la mercancía a precios fijados en base al cambio ilegal de unos Bs 60 por dólar. Instruyó al pueblo a que se hiciera justicia por propia mano.




Con esta orden, Maduro no solamente aumentó la tendencia del sistema al caos que lo lleve a otro cambio de estado (su caída o muerte) sino que retrocedió miles de años a un estadio de desarrollo ya superado por la humanidad. Los aportes de Hamurabí, para no mencionar a griegos y, en especial, romanos, fueron anulados por el dictador. El Derecho regresó al paleolítico.





El colapso del Estado de Derecho en virtud de la falta de independencia de poderes, de la violación de principios jurídicos como el de la Legalidad y la Reserva Legal legislativa, y el retiro de Venezuela del sistema Interamericano de Derechos Humanos, ya representaban atropellos que retrotraían a la sociedad venezolana a 300 años en el pasado. Pero con actos que desconocen avances hasta del Código de Hamurabí, el país fue llevado 4.000 años atrás en la historia. El socialismo del siglo XXI es una máquina del tiempo cuyos pasajeros solo pueden viajar al pasado.




Mucho se ha dicho, rumorado e informado por periodistas calificados en las redes sociales, acerca de que los empresarios afectados por los saqueos son socios o testaferros de sectores del mismo chavismo. Boliburgueses y boligarcas. Y que la maniobra de Maduro, además de buscar un efecto populista (de paso, inútil), es también síntoma de enfrentamientos dentro del chavismo. Esta tesis ha sido respaldada con documentos y fotografías de empresarios árabes –los dueños de DAKA, tienda más afectada- vinculados al régimen, con Jorge Arreaza. También se ha hablado de vinculaciones con sectores militares chavistas y Diosdado Cabello. Lo cierto es que se les imputa que los socios, funcionarios del régimen, les conseguían los dólares preferenciales y les garantizaban impunidad para vender a diez veces de lo que deberían ser los precios.




Todo esto es irrelevante a la hora de considerar la “justicia” contenida en la orden de saquear. Para lidiar con esta clase de situaciones existen los mecanismos jurisdiccionales (y civilizados). Si los comerciantes en cuestión son delincuentes y especuladores, pues deben ser sometidos por la Fiscalía a los tribunales de la República y las policías activadas para capturarlos. Sus bienes han de ser eventualmente incautados y no robados por una turba apoyada por militares y milicias al servicio del régimen.


No parece ser casualidad que la dictadura ordene la conmoción justamente para el día 9 de noviembre en el que se desarrollaría la llamada “Marcha Autoconvocada”, la cual prometía el éxito que en efecto tuvo, con el objeto de entorpecer las actividades de la oposición en todo el país. Y posiblemente tampoco sea casualidad una curiosa coincidencia: El 9 de noviembre de 1938 Adolfo Hitler ordenó los saqueos y ataques a judíos con excusas parecidas a las esgrimidas por Maduro, que resultaron en inmensos destrozos y la muerte de 91 judíos.


Así que mientras el pueblo “autoconvocado” –y en consecuencia legítimo- motu proprio decidió manifestar ordenada y pacíficamente en todas las ciudades del país, las turbas irracionales convocadas por Maduro, cumpliendo órdenes superiores, saquearon caótica y desordenadamente con la colaboración de FAN y Milicia. “Democracia” es el gobierno del pueblo (demos, pueblo) como ente organizado. Oclocracia es el gobierno de la turba descontrolada. La democracia, en un viaje milenario, nos ha llevado a la Luna, a los antibióticos, al Derecho y a la Informática, entre otras Ciencias. Jamás ha trascendido un gobierno oclocrático en la historia del hombre.




Lo que es inequívocamente patente de los actos del gobierno en los últimos tiempos, que tienen como clímax las instrucciones de saquear de Maduro, es que somos testigos de su proceso de colapso. Sus gritos de amenaza e insultos recuerdan el hermoso espectáculo de una Supernova previamente a su implosión; de un sistema que en su punto máximo de Entropía se encuentra en el umbral de un cambio de estado con un nuevo equilibrio. Gritó Manuel Antonio Noriega, gritó Saddam Hussein, gritó Moamar Khadafi. Lo que resta de institucionalidad en el país -Fuerza Armada incluida- comprende que es inevitable la caída de Maduro y el paso a un nuevo estado de equilibrio; que tiene una misión que cumplir. La muerte es un nuevo estado en equilibrio. El chavocastrismo encara su muerte.


Es cierto que la Matemática ha encontrado orden en el caos, pero la sociedad humana y las interrelaciones entre humanos, son mucho más que un fractal. 




Leonardo Silva Beauregard

Twitter: @LeoSilvaBe

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