viernes, 8 de noviembre de 2013

Distorsión






El intercambio de ideas que presencié, de una dama opositora con un chavista, y la última cadena de Nicolás Maduro me hicieron reflexionar con respecto al tema ya tratado en artículos anteriores, relacionado con la pretensión fasciocomunista de forjar con normas emanadas del Estado –generalmente de carácter represivo- y controles artificiales, una “realidad” que no es más que una ilusión (para el gobernante, sus secuaces y fanáticos seguidores, porque para el resto es una tragedia muy tangible). Control de precios, control de cambio, control de ventas (racionamiento, incluyendo el eléctrico). Control de todo. Control.


Uno de los argumentos por parte del chavista que logré leer mientras mi estómago soportó (es un hecho comprobado que leer imbecilidades mezcladas con fanatismo causa gastritis ulcerativa), sugería que la causa de la debacle económica era principalmente la especulación de los empresarios que reciben dólares preferenciales “de la nación” para importar y luego vender su mercancía con Bolívares “Fuertes” que calculan a dólar libre para especular con un margen de ganancia diez veces superior al normal. Y que este fraude tenía además el efecto de crear inflación.


Haciendo a un lado el hecho incontrovertible de que esos dólares son otorgados por funcionarios del régimen, y su destino así como la actividad de los empresarios son controlados también por servidores públicos revolucionarios, parecía plausible la tesis del buen hombre pero en realidad adolece de una grave falla: es el Estado el que causa la distorsión al crear con la imposición del control de cambio el ambiente económico propicio para que tengan lugar esta clase de hechos. Además, el control cambiario no es otra cosa que un control de precio, y como tal, generador de sus vicios propios: inflación, escasez, mercado paralelo (negro) y –muy especialmente- ¡corrupción!

El precio controlado de una divisa no refleja la realidad económica, no representa su verdadero valor. Esta verdad es particularmente patente cuando se comparan el precio que tendría un producto nacional con el de uno similar importado. En aras de la comprensión, comparemos el precio del queso parmesano nacional con el importado de Uruguay, y supongamos que son de calidad similar (el uruguayo es por lo menos tan bueno como el nacional). Encontraremos que el queso nacional es alrededor de un 50% más caro que el importado, lo cual significa (haciendo a un lado el análisis de ventajas comparativas) que el dólar usado para importarlo está subvaluado, muy “barato”.

El anterior ejemplo demuele absolutamente la tesis del fanático ignorante pues es muy claro que el precio de los bienes nacionales debería –en igualdad de condiciones- estar aproximadamente al mismo nivel que los importados, en caso contrario, existirán desbalances económicos que –en este ejemplo- hacen la producción nacional mucho más costosa, o dicho a la inversa, hacen a la economía foránea más sana y competitiva.

También revela inequívocamente el ejemplo, que el precio oficial de la divisa controlada es totalmente falso, una construcción completamente artificial desligada de la realidad económica, pues si el nivel de precios de los bienes importados estuviera acorde con el precio de la moneda fijado por el gobierno, aquel sería una fracción ridículamente pequeña de este, y el consumidor sentiría que las importaciones tienen calidad de regalo. Es lo que le sucede al viajero cuando compra con su cupo de CADIVI.

Las visitas al automercado demuestran dos cosas: los alimentos importados sufrieron entre febrero y octubre de 2013 un aumento de precios del orden del 300%, lo cual indica que no se usaron dólares preferenciales sino los “inexistentes” (que si existieran llamarían paralelos), lo que corresponde con la devaluación que se dice ha tenido el innombrable; y los productos nacionales no regulados también experimentaron la misma magnitud de incremento de precios. Acerca de los precios de los productos regulados no pareciera que valiera la pena comentarlos, pues son estos productos los que precisamente están ausentes de los anaqueles.


Es obvio entonces que o los insumos para la producción de bienes nacionales sufren el impacto de la devaluación reflejando ésta en su precio final, o las distorsiones económicas derivadas de las políticas gubernamentales (como los controles, restricciones, expropiaciones, leyes laborales y de toda índole que impongan cargas u obstáculos a la producción, etcétera) afectan negativamente el precio, principalmente por el déficit en producción. Sin duda las causas son mixtas.

Lo que es evidentemente cierto es que el comportamiento general de los precios de bienes y servicios, nacionales e importados, muestran un debilitamiento dramático de la moneda, combinado con un deterioro en la productividad tal que –aun con macrodevaluaciones- los bienes importados continúan siendo más competitivos que los nacionales (en igualdad de condiciones y calidad). Es decir, sucede lo contrario de lo esperado de acuerdo a la Teoría Económica, debido a que la producción interna está gravemente afectada por las políticas socialistas de los últimos 14 años; políticas que en el único rubro que le han otorgado ventaja competitiva al país es en el de la corrupción, que si bien no es nacida en la revolución, ha recibido un efecto anabolizante de esta que la ha convertido en un monstruo que la identifica.

Como era de esperarse, ante la desesperada situación económica -una pesadilla para el ciudadano común y quizás una peor para un gobierno que ha quedado con los bolsillos vacíos; hecho especialmente crítico pues de estos bolsillos salían las dádivas que lo sostenían en su populismo- en su cadena de hoy, Nicolás Maduro, en un frenesí de dislates, acusó a los empresarios (¡qué sorpresa!, como lo hizo el chavista con la dama) de la debacle económica, al tiempo que anunciaba medidas represivas contra los agentes de la economía que –según él- libran la imaginaria “guerra económica”; guerra en la que, por cierto, más del 65% del país no cree, de acuerdo a las últimas encuestas. Se atrevió –reflejando no solamente ignorancia y temeridad, sino desesperación- a llegar al extremo de culpar a sitios web como Mercado Libre, tuinmueble.com, tucarro.com y Dólar Today por la cotización paralela de la moneda y la “especulación” responsable de la inflación. Sentenció que los niveles de precios encontrados en esos portales electrónicos, definían el nivel de inflación de la economía, y que sus usuarios debían ser investigados.

A modo de experimento mental (no tan exigente como los de Einstein), me atrevo a sugerir al lector que imagine que todos estos sitios de Internet reducen a una décima parte los precios publicados, incluyendo la cotización extraoficial del dólar en Dólar Today. Apostaría mi vida en la predicción de que tal medida producirá un efecto exactamente igual a cero en el nivel de precios del mercado nacional de bienes y servicios. Aun si el gobierno elimina estos portales, el resultado sobre la inflación será nulo y el dólar continuará en los niveles estratosféricos y con tendencia al alza que ahora tiene. Simplemente jamás eliminará la inflación con represión, pues la ha creado con todas las políticas que en la facultad de Economía enseñan no se deben adoptar -incluyendo la emisión desenfrenada de dinero inorgánico- pues generan las distorsiones que llevan a la inflación y al estancamiento.

Y la razón es sencilla aunque es imposible que los comunistas logren avizorarla, porque es precisamente el comunismo populista el causante de las distorsiones que al final de 15 años, y como era previsible pues es el fracaso la eviterna experiencia en los regímenes comunistas, condujeron a Venezuela a la peor crisis socioeconómica de su historia. De la que apenas estamos viendo la subida el telón. De la que –a menos que suceda un milagro- resultarán generaciones de venezolanos esclavizados para recuperar la estructura económica y para pagar la formidable Deuda Externa que supera el 60% del PIB y el 1.000% de las Reservas Internacionales. Y que sin que exista lugar a la más remota duda, llevará al estruendoso derrumbamiento del régimen y le dará el tiro de gracia al chavismo corrupto e ineficaz que quedó moribundo con la partida del portento de Sabaneta del mundo de los vivos. Lo que no será una sorpresa, ya que la historia enseña que el comunismo es inviable.

El día en que crearon el Bolívar “Fuerte” reí mucho del chiste, pero también lloré pues supe exactamente lo que sucedería con su fortaleza.

Leonardo Silva Beauregard
Twitter: @LeoSilvaBe

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